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429 Too Many Requests "El usuario ha enviado demasiadas solicitudes en un período determinado"

—El festival comienza mañana —susurro mientras observo la plaza por la ventana del restaurante de Matteo.

La plaza está más llena de lo habitual. Hay flores por todas partes, cajas entrando y saliendo de los locales y personas caminando de un lado a otro con esa mezcla de prisa y emoción que aparece cuando algo está a punto de comenzar.

Antonella y yo llevamos toda la mañana trabajando en los últimos detalles.

Me pidió que la ayudara con la organización de los floristas.

Y mientras la observo trabajar, vuelvo a pensar en lo talentosa que es.

Antonella no está simplemente ayudando.

Sabe exactamente lo que quiere conseguir.

Dónde debe ir cada arreglo.

Qué espacios necesitan más flores.

Qué debe mantenerse sencillo.

Incluso cómo hacer que todo parezca parte de Savigno y no algo colocado allí solamente para el festival.

Estoy terminando de revisar una lista cuando escucho una voz detrás de nosotros.

—¿Qué miras tan detenidamente? —le pregunta Matteo a Lucca.

Matteo se detiene en la puerta de la cocina.

Lucca no responde inmediatamente.

Sigue mirando hacia nosotras.

Hacia Antonella.

La observa mientras habla con uno de los floristas, mueve unas flores de lugar y vuelve a revisar el espacio.

Hay algo diferente en su mirada.

Por primera vez, parece estar viendo a Antonella y no solamente a la chica que conoce desde hace años.

Nunca se había detenido a verla así, piensa.

Y esa idea se queda con él.

Miranda

El taxi se detiene frente a la casa de la nonna.

Miro hacia arriba.

—Es una casa gigante.

Bajo del taxi con mi equipaje y miro alrededor.

No sé cómo lo hacen en este pueblo, pero tengo la impresión de que todo el mundo conoce a todo el mundo.

Hasta el taxista sabía exactamente dónde dejarme.

Una mujer elegante abre la puerta.

Me mira.

—¿Quién eres?

Trago saliva.

Tal vez cruzar el Atlántico sin avisarle a Abigail no fue la mejor idea del mundo. Mi italiano básico tampoco ayuda.

—Ciao, mi chiamo Miranda. Sono un’amica di Abigail.

La mujer permanece en silencio unos segundos.

Después sonríe.

—Amiga de Abigail.

Respiro aliviada.

—Sí. Vine a verla. Quería comprobar que estuviera bien.

La mujer asiente.

—Están trabajando en el restaurante de Lucca.

Se hace a un lado.

—Puedo llevarte.

—No, no. Puedo caminar. Solo necesito que me indique cómo llegar.

Me explica cómo llegar a la plaza.

Agradezco y comienzo a caminar.

El pueblo es todavía más bonito de lo que imaginaba por las fotografías que Abigail me había enviado.

Y, de alguna manera, entiendo por qué se quedó.

La plaza

Reconozco la plaza antes de llegar completamente.

La he visto en las fotografías de Abigail.

Y entonces la veo.

Está de espaldas, hablando con alguien frente al restaurante.

Sonrío.

—¡Abigailllllll, te encontré!

Abigail se gira.

Por un segundo parece no entender lo que está viendo.

Después reconoce mi voz.

Sus ojos se llenan de lágrimas.

Corre hacia mí.

Nos abrazamos en la puerta del restaurante.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a ver que estés bien.

Me separo un poco y la miro.

—¿Estás bien, Abi Abi?

Ella sonríe.

—Sí, estoy bien.

Abigail toma mi mano y caminamos hacia el grupo.

—Ella es mi amiga, Miranda.

Sonrío.

Miranda

—Un gusto conocerlos en vivo. Pueden creerme, ya sé todo de ustedes.

—¡Mirandaaaa!

Abigail intenta cubrirme la boca.

Le quito la mano y sonrío.

Lucca se presenta.

Después miro al hombre que está a su lado.

—Tú eres Matteo, ¿cierto?

Él parece sorprendido.

—Especialmente de ti…

Me acerco a Abigail y susurro:

—Me mentiste. ¿Cómo pudiste? Dijiste que era un A. Si este es un A+.

Abigail se pone roja.

Lucca comienza a reír.

Matteo nos mira.

—¿Qué dijo?

—Nada —responde Lucca.

Le guiño un ojo a Lucca.

Él sonríe.

—Bienvenida.

Observo a Abigail.

Está diferente.

Antonella

Observo a Abigail y Miranda juntas.

Son cercanas.

Eso se nota inmediatamente.

Se entienden con una mirada, se interrumpen, se ríen de cosas que los demás no comprendemos.

Y entonces miro hacia Lucca.

Está riéndose con Miranda.

No sé por qué me incomoda.

Intento concentrarme en lo que tengo delante.

Pero vuelvo a mirarlos.

Y eso me molesta todavía más.

Más tarde, Miranda se acerca a mí.

—Tú eres Antonella.

Asiento.

Me abraza.

—Ya eres una de las nuestras. Tienes que venir a República Dominicana.

Me quedo quieta un instante.

No recuerdo que nadie me haya dicho algo así antes.

Miranda comienza a entregar regalos.

—No sé si a su abuelo le guste esto. Espero que a todos les agrade. Es un pequeño presente de agradecimiento por cuidar todo este tiempo de Abigail.

Cuando llega mi turno, abro el paquete.

Es un libro sobre flores del Caribe.

Lo miro con atención.

—Es una edición limitada.

Miranda sonríe.

—No importa.

La miro.

—Gracias.

Ella me devuelve la sonrisa.

Y entonces vuelve a hablar con Lucca.

Otra vez esa sensación.

Me incomoda verlo reír con ella.

Y me siento todavía peor porque Miranda acaba de tratarme con una amabilidad que no esperaba.

Incluso eligió algo pensando en mí.

No tengo ninguna razón para sentirme así.

Miranda

Por la tarde, Abigail me muestra lo que han estado preparando.

No necesito demasiadas explicaciones.

Conozco su trabajo.

Ella conoce el mío.




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