A destiempo

Capitulo 1

El chico que no hablaba… hasta que hablaba

Dicen que hay personas que no hacen ruido al llegar a tu vida.
No interrumpen. No avisan. No brillan como fuegos artificiales.

Solo… aparecen.

Y, sin que nadie lo note, empiezan a quedarse.

Como si siempre hubieran tenido un lugar reservado en tu historia.

En aquel salón lleno de voces, risas y sillas arrastrándose contra el piso, nadie lo miraba dos veces.

No porque fuera invisible.
Sino porque él mismo parecía elegir serlo.

Se sentaba al fondo, donde la luz entraba a medias por la ventana, como si tampoco quisiera llamar la atención. Su postura era tranquila, casi demasiado. No intervenía en las conversaciones, no buscaba protagonismo, no intentaba encajar.

Pero había algo.

Siempre hay algo.

Una forma en la que observaba.
Una pausa antes de responder.
Una calma que no era timidez… sino control.

Era el tipo de chico que no hablaba.

Hasta que hablaba.

Y cuando lo hacía, el mundo parecía bajar un poco el volumen, como si algo importante estuviera a punto de decirse.

Pero ella no lo sabía todavía.

Ella solo estaba ocupada siendo ella.

Ruidosa.
Expresiva.
Con esa risa que no pedía permiso.

Ella era el tipo de persona que llenaba espacios sin darse cuenta, que hablaba incluso cuando no tenía nada importante que decir, que hacía chistes en medio de explicaciones serias y se ganaba miradas de reproche… y otras de complicidad.

No pasaba desapercibida.

Nunca lo hacía.

( Riley)

No recuerdo exactamente qué día fue.

Pero sí recuerdo la sensación.

Es extraño cómo la memoria funciona.
Olvido fechas, clases, tareas…
pero no olvido cómo me sentí ese día.

Era uno más.
O al menos eso pensé.

El calor pegajoso del salón, la profesora explicando algo que probablemente no estaba escuchando, mis amigas cuchicheando a mi lado… y yo, como siempre, entre una broma y otra.

Hasta que, en algún momento… miré hacia atrás.

No sé por qué.

No había razón.

No pasó nada extraordinario.

Simplemente… miré.

Y ahí estaba.

Sentado como siempre. Tranquilo. Callado. Como si el ruido del mundo no tuviera nada que ver con él.

No era el más lindo del salón.
No era el más popular.
Ni siquiera era el más interesante… en teoría.

Pero había algo que no encajaba.

Algo que mi mente no supo explicar… pero tampoco ignorar.

Fruncí un poco el ceño, como si estuviera intentando resolver un problema que no me habían asignado.

“¿Y este?” pensé.

Porque sí.
Esa fue mi primera reacción.

No fue un wow.
No fue un me gusta.

Fue curiosidad.

Y conmigo… eso siempre es peligroso.

Desvié la mirada rápido, como si me hubieran descubierto haciendo algo indebido. Aunque nadie estaba mirando. Nadie nunca está mirando cuando las cosas importantes pasan.

Volví a mi mundo.
A mis chistes.
A mi ruido.

Pero ya no era lo mismo.

Porque ahora sabía que él estaba ahí.

Pasaron minutos… o quizás horas.

No lo sé.

Pero en algún punto, la profesora hizo una pregunta.

Silencio.

De ese silencio incómodo que nadie quiere romper.

Yo no levanté la mano.
Milagro.

Esperé que alguien más lo hiciera.

Nadie.

Y entonces…

su voz.

—Es porque el proceso no está completo —dijo.

Simple.
Directo.
Sin adornos.

Pero su voz…

Su voz no coincidía con el chico callado del fondo.

Era firme.
Segura.
Como si no dudara de sí mismo ni un segundo.

Giré la cabeza de inmediato.

Lo miré como si fuera la primera vez.

No al chico sentado…
sino al que acababa de hablar.

Y en ese instante entendí algo que no supe poner en palabras:

Él no era callado.

Solo… no hablaba con cualquiera.

No sé cuánto tiempo lo miré.

Probablemente más del necesario.

Probablemente lo suficiente para que, por un segundo, levantara la vista… y nuestros ojos se encontraran.

Y ahí sí.

Ahí pasó algo.

No fue mágico.
No fue de película.

Fue incómodo.

Yo desvié la mirada primero, claro.

Porque yo podré ser muchas cosas…
pero valiente no siempre.

Sentí una pequeña risa escaparse de mí, de esas que salen cuando no sabes qué hacer contigo misma.

—Cálmate, Riley —murmuré para mí.

Como si mi mente fuera a obedecer.

No volví a mirarlo ese día.

O eso me gusta creer.

Pero la verdad es que sí.

Varias veces.

De reojo.
Sin disimular tanto como pensaba.

Como si algo dentro de mí quisiera entenderlo.

Como si, sin saberlo, ya hubiera empezado a prestarle atención.

No sabía su nombre.
No sabía nada de él.

Pero esa tarde, mientras caminaba de regreso a casa, con el sol cayendo lento y el ruido del día apagándose poco a poco…

Pensé en él.

Y eso no era normal.

Porque yo no pienso en personas así.

No sin razón.

No sin historia.

Pero ahí estaba.

Un chico que no hablaba…

hasta que hablaba.

Y, sin darme cuenta,
yo ya estaba esperando que volviera a hacerlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.