A destiempo

Capitulo 8

Casi

Hay momentos que no se olvidan…
no porque hayan pasado,
sino porque estuvieron a punto de pasar.

Porque el “casi”…
a veces pesa más que el “sí”.

No fue un día especial.

No hubo música de fondo.
No hubo lluvia cayendo dramáticamente.
No hubo nada que advirtiera que algo estaba por cambiar.

Solo fue… uno de esos días en los que todo se siente más cerca de lo normal.
Demasiado normal.

Y tal vez por eso…
bajaron la guardia.

(Riley)

No sé exactamente en qué momento dejé de estar molesta.

O bueno… sí lo sé.

Fue cuando volvió a ser él.

Cuando dejó de responder seco.
Cuando volvió con sus comentarios sarcásticos.
Cuando me escribió como si nada hubiera pasado.

Como si yo no me hubiera quedado horas mirando un techo, sintiéndome ridícula por sentir demasiado.

Y yo…
como siempre…

Cedí.

—Mira quién decidió revivir —le escribí.

—Siempre estuve vivo, dramática.

Sonreí.

Odiaba lo fácil que era para él hacerme sentir bien otra vez.

—¿Seguro? Porque ayer parecías NPC.

—Tú eres la NPC. Yo soy el personaje principal.

—En tus sueños.

—En los tuyos también.

Rodé los ojos… pero ya estaba riéndome.

Y ahí estaba otra vez.

Nosotros.

Esa tarde, todo fue más ligero.

Más natural.

Más… peligroso.

Porque cuando las cosas están tensas, al menos sabes que algo pasa.
Pero cuando todo fluye demasiado bien…
es cuando más te olvidas de poner límites.

Nos quedamos hablando más de la cuenta.

Como siempre.

Pero esta vez…
no era solo conversación.

Había silencios.

De esos que no incomodan…
pero tampoco son normales.

—¿Qué? —le dije cuando noté que se quedó callado.

—Nada.

—Jake…

—¿Qué?

—Estás raro otra vez.

Silencio.

Sentí el cambio.

Ese pequeño cambio en el aire que no se ve…
pero se siente.

—No estoy raro —dijo, pero su voz… no sonó igual.

—Sí estás.

—No.

—Sí.

—No.

—Eres insoportable.

—Y tú sigues aquí.

Touché.

No sé cómo pasó.

De verdad que no.

Pero de repente…
ya no estábamos discutiendo.

Ya no había sarcasmo.

Ya no había chistes.

Solo… nosotros.

Y un silencio que pesaba diferente.

Él estaba más cerca.

No físicamente…
pero sí.

Como si algo invisible se hubiera acortado entre los dos.

—Riley…

La forma en que dijo mi nombre…

No era normal.

No era como siempre.

Y eso fue lo primero que me hizo dejar de respirar con normalidad.

—¿Qué? —respondí, más bajo.

Error.

Grave error.

Porque el ambiente… cambió aún más.

Jake dudó.

Y yo lo noté.

Porque aunque él siempre parecía seguro de todo…
ese momento no lo estaba.

Y eso…
me desarmó más que cualquier otra cosa.

—Nada… olvídalo.

Pero no quería que lo olvidara.

—No —dije, casi sin pensar—. Dilo.

Silencio.

Otro más.

Pero este…
no era cómodo.

Era tenso.

Era de esos que te hacen consciente de todo.

De tu respiración.
De tus manos.
De tu voz.
De él.

Y entonces…

Pasó.

No completamente.
No del todo.

Pero pasó lo suficiente.

Él se acercó.

O al menos…
eso sentí.

Como si la distancia que siempre habíamos tenido…
de repente dejara de existir.

No sé si fui yo también.

No sé si ambos dimos un paso invisible al mismo tiempo.

Pero estábamos ahí.

En ese punto exacto donde ya no puedes fingir que todo es normal.

Donde sabes…
que algo va a pasar.

O debería.

Mi corazón estaba demasiado rápido.

Ridículamente rápido.

Y mi mente…

mi mente gritaba:

No hagas esto.
No lo compliques.
No arruines lo que tienen.
No cruces esa línea.

Pero mi cuerpo…

mi cuerpo no estaba escuchando.

Jake bajó la mirada.

Luego volvió a subirla.

A mis labios.

Y ahí…

todo se detuvo.

El tiempo.
El aire.
El mundo.

Todo.

—Riley…

Su voz…

Dios.

Y entonces…

Nada.

Se alejó.

Así.

Sin aviso.

Sin explicación.

Como si alguien hubiera roto el momento en mil pedazos invisibles.

Parpadeé.

Confundida.

Vacía.

Con el corazón todavía acelerado…
pero ahora con algo más.

Frustración.

—¿Qué fue eso? —pregunté, intentando sonar normal.

Spoiler: no lo logré.

—Nada —respondió.

Nada.

Otra vez esa palabra.

Esa palabra que se usa cuando en realidad…
es todo.

—Jake…

—No.

Ese “no” fue más firme.

Más frío.

Más distante.

—No compliques las cosas.

Ahí fue.

Ahí sentí el golpe.

No físico.
Pero sí real.

—Yo no estoy complicando nada —dije, aunque mi voz traicionó todo lo contrario.

—Exacto —respondió él—. Entonces no lo hagas.

Silencio.

Pero ya no era el mismo silencio.

Este… dolía.

(Riley)

No lloré.

No en ese momento.

Pero sentí algo peor.

Sentí cómo todo lo que casi pasó…
se quedaba atorado en el pecho.

Como una pregunta sin respuesta.
Como una historia que se quedó a la mitad.

Como un “¿y si…?” que no iba a desaparecer.

Esa noche…

Volví al techo.

Mismo lugar.
Diferente sensación.

Porque esta vez…
no era celos.

No era duda.

Era certeza.

Certeza de que algo había estado a punto de pasar.

Y que los dos lo sintieron.

Pero ninguno…
tuvo el valor de dejar que pasara.

(Y en otra parte…)

Jake también estaba en silencio.

Pensando en el mismo momento.

En la misma distancia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.