A destiempo

Capitulo 10

El verano también deja marcas

El verano tiene una forma engañosa de suavizar las despedidas.

El sol cae más lento, las tardes se alargan, y todo parece menos urgente… menos definitivo. Como si el tiempo, por un instante, decidiera ser amable.

Pero no lo es.

Porque hay despedidas que no se sienten como finales… hasta que lo son.

Y hay momentos tan pequeños, tan aparentemente insignificantes…

que terminan marcando todo lo que viene después.

El último día antes de vacaciones no tenía nada especial.

O al menos… eso parecía.

El aula estaba llena de ruido, de planes, de risas que hablaban de playa, de viajes, de libertad. Mochilas medio cerradas, cuadernos olvidados, profesores que ya no intentaban imponer orden.

Todo el mundo estaba en otra cosa.

Menos ellos.

(Riley)

No sé en qué momento empecé a notar que ese día… se sentía distinto.

Tal vez fue cuando lo vi.

Sentado como siempre, en su lugar, con esa calma que desesperaba y atraía al mismo tiempo.

Jake.

Como si nada.

Como si no lleváramos semanas acumulando miradas, palabras, silencios… y cosas que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.

Caminé hacia él.

Porque claro que lo hice.

Siempre lo hacía.

—¿Ya te vas a perder todo el verano o vas a sobrevivir sin mí? —dije, dejando la mochila caer con un golpe suave sobre la mesa.

Él levantó la mirada.

Y ahí estaba.

Esa media sonrisa.

Esa que no era completa… pero decía demasiado.

—No sé… creo que voy a estar más tranquilo sin ti.

Rodé los ojos.

—Sí, claro. Tú sin mí te aburres en dos días.

—Uno —corrigió.

Y ese “uno”…

se sintió demasiado honesto.

Nos quedamos en silencio.

Pero no era un silencio incómodo.

Era… raro.

Denso.

Como si algo estuviera flotando entre nosotros, esperando.

Siempre esperando.

—Bueno… —dije, jugando con mis dedos— felices vacaciones, supongo.

Lo dije ligero.

Como si no importara.

Como si fuera cualquier despedida más.

Pero no lo era.

Jake se levantó.

Y eso ya era raro.

Porque él no era de gestos grandes.

No era de hacer cosas que llamaran la atención.

Pero se acercó.

Lento.

—Sí… felices vacaciones —respondió.

Más bajo.

Más serio.

Hubo un segundo.

Uno solo.

En el que ninguno se movió.

Y entonces…

me abrazó.

No fue un abrazo rápido.

Ni incómodo.

Ni de esos que das por compromiso.

No.

Fue firme.

Cercano.

Como si en ese gesto estuviera metiendo todo lo que no decía.

(Riley)

Al principio no reaccioné.

Mi cerebro tardó en procesarlo.

Jake… no abrazaba así.

Jake no era así.

Pero ahí estaba.

Y yo…

me quedé.

Mis manos subieron despacio.

Lo abracé de vuelta.

Y por un momento…

todo se silenció.

No había aula.

No había ruido.

No había nadie más.

Solo él.

Y ese calor en el pecho que no sabía explicar.

—Cuídate —murmuró cerca de mi oído.

Y esa simple frase…

me desarmó más de lo que debería.

—Tú también —respondí.

Pero mi voz ya no sonaba igual.

Nos separamos.

Lento.

Demasiado lento.

Y ahí fue cuando pasó.

No fue planeado.

No fue intencional.

No fue un “casi beso” de película.

Fue… peor.

Porque fue real.

Al separarnos…

al movernos en direcciones opuestas…

nuestros rostros quedaron demasiado cerca.

Y en ese pequeño desajuste del tiempo…

en ese segundo mal calculado…

sus labios rozaron la comisura de los míos.

Un toque.

Ligero.

Pero suficiente.

El mundo no se detuvo.

Pero algo dentro de mí…

sí.

Jake se quedó inmóvil.

Yo también.

Ninguno se movía.

Ninguno hablaba.

—Yo… —empezó él.

Pero no terminó.

Porque no había forma de terminar esa frase.

(Riley)

Sentí el calor subir por todo mi cuerpo.

Mi mente gritaba.

Mi corazón… peor.

¿Eso pasó? ¿De verdad pasó? ¿Fue un accidente? ¿O…?

Lo miré.

Y por primera vez…

Jake no tenía respuesta.

No había sarcasmo.

No había defensa.

No había esa seguridad tranquila que siempre tenía.

Solo… él.

Desarmado.

—Fue… —dijo, pero volvió a detenerse.

Tragó saliva.

—Sin querer.

Asentí rápido.

Demasiado rápido.

—Sí. Claro. Sin querer.

Mentira.

Porque tal vez no lo planeamos…

pero tampoco fue vacío.

Hubo algo.

Y los dos lo sabíamos.

—Bueno… —dije, retrocediendo un paso—, ahora sí… me voy.

Cobarde.

Pero necesaria.

—Riley —dijo él.

Y cómo dijo mi nombre…

Dios.

Me detuve.

Pero no volteé.

—Cuídate —repitió.

Esta vez más bajo.

Más cargado.

Cerré los ojos un segundo.

Y luego…

me fui.

(Y en otra parte…)

Jake se quedó ahí.

Mirando el espacio que ella dejó.

Se llevó la mano al rostro.

Exhaló.

Porque sabía.

Sabía perfectamente que eso no había sido “solo un accidente”.

Y también sabía…

que acababan de cruzar una línea invisible.

Una de esas que no se ven…

pero que lo cambian todo.

(Riley)

Ese verano…

no hablamos mucho.

No como antes.

Pero tampoco dejamos de pensar.

Porque hay cosas que no necesitan repetirse para quedarse.

Hay momentos…

que se convierten en recuerdo antes de terminar.

Y ese…

ese pequeño roce…

se quedó conmigo.

Como una pregunta sin respuesta.

Como una historia que no empezó…

pero tampoco terminó.

Porque a veces…

lo que más marca…

no es un beso.




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