A destiempo

Capitulo 11

Verano que no se olvida

El verano no siempre llega con promesas claras.

A veces llega como una pausa…
como un respiro engañoso…
como ese momento donde todo parece tranquilo,
pero en el fondo… algo se está preparando.

Algo que aún no tiene nombre.
Algo que todavía no ha ocurrido…
pero que ya empezó a cambiarlo todo.

Este narrador lo sabía.

Sabía que ese verano no sería uno cualquiera.

Porque mientras el mundo hablaba de vacaciones, descanso y libertad…
ellos dos estaban entrando, sin darse cuenta,
en una etapa donde sentir iba a ser más difícil que callar.

Riley decidió quedarse.

No por falta de opciones…
sino porque, en el fondo, no quería alejarse demasiado.

Pasaba las tardes viendo el cielo cambiar de color desde su ventana,
con música suave de fondo
y el celular siempre cerca.

Demasiado cerca.

Como si en cualquier momento…

él fuera a escribir.

Jake, en cambio, se movía más.

Salía.
Viajaba con amigos.
Subía fotos que parecían espontáneas…
pero no lo eran tanto.

En cada risa…
en cada historia…
había algo que no se veía.

Algo que faltaba.

Y, aunque nadie más lo notaba…

él sí.

Hablaban.

Claro que hablaban.

Todos los días.

Como siempre.

Como si nada hubiera cambiado.

—¿Ya comiste? —preguntaba él.

—No, estoy sobreviviendo —respondía ella.

—Qué dramática.

—Y tú qué, ¿sigues vivo?

—A duras penas.

Bromas.

Memes.

Audios cortos.

Silencios largos.

Y entre todo eso…

una sensación constante de que algo estaba fuera de lugar.

Porque el verano tiene algo peligroso:

Te da tiempo.

Y cuando tienes tiempo…
piensas.

Y cuando piensas…
sientes.

Una tarde, el calor parecía pegarse a la piel.

Riley estaba sentada en el piso de su habitación,
con el ventilador girando lento,
cuando el celular vibró.

Jake.

—Estoy cerca.

Su corazón hizo algo raro.

—¿Cerca de qué?

—De ti.

No preguntó más.

No quiso arruinarlo.

No quiso pensarlo.

Solo se levantó…
y salió.

Cuando lo vio…

todo el ruido del mundo desapareció.

Ahí estaba.

Real.

Cerca.

Demasiado cerca.

Se quedaron frente a frente unos segundos.

De esos que parecen cortos…
pero se sienten eternos.

Como si ambos estuvieran procesando lo mismo:

“Esto no es como antes.”

—Hola —dijo él, más suave de lo normal.

—Hola… —respondió ella, casi en un susurro.

Y entonces pasó.

Sin planearlo.

Sin medirlo.

Sin pensarlo demasiado.

Se abrazaron.

No fue un abrazo cualquiera.

Fue de esos que dicen cosas que la boca no se atreve.

Firme.

Lento.

Con una nostalgia que no tenía explicación.

Como si se estuvieran reencontrando…
aunque nunca se habían ido.

Riley cerró los ojos.

Jake apoyó el mentón cerca de su hombro.

Y por un segundo…

todo tuvo sentido.

Pero los segundos… pasan.

Y cuando se separaron…

pasó lo inevitable.

Fue mínimo.

Casi inexistente.

Un roce.

Un descuido.

Un accidente.

Sus labios se tocaron…

en la comisura.

Apenas.

Pero suficiente.

El aire se volvió denso.

El tiempo… lento.

Y sus miradas…

imposibles de sostener.

—Lo siento —dijo Jake, rápido.

—No pasa nada —respondió Riley, igual de rápido.

Mentira.

Claro que pasaba.

Pasaba demasiado.

Ninguno volvió a mencionarlo.

Ninguno lo miró directamente después de eso.

Pero el cuerpo…

recuerda lo que la boca niega.

Caminaron juntos ese día.

Hablaron de cualquier cosa.

Se rieron.

Se empujaron.

Intentaron recuperar algo que ya no era igual.

Porque ahora había algo más.

Algo invisible.

Algo que se había instalado entre ellos…

y no pensaba irse.

Esa noche, cuando Riley llegó a casa,
se dejó caer en la cama.

Miró el techo.

Y sonrió…

pero con miedo.

Porque ya no era solo una idea.

Ya no era solo tensión.

Ahora había pasado algo.

Pequeño.

Pero irreversible.

Y mientras ella intentaba entender lo que sentía…

en otra parte de la ciudad…

Jake también lo pensaba.

Se pasó la mano por los labios.

Exactamente por donde ocurrió.

Cerró los ojos.

Y negó, como si eso pudiera borrar el momento.

—No —murmuró.

Pero su mente no obedeció.

Porque hay cosas que, una vez que pasan…

no vuelven a su estado original.

El verano siguió.

Días largos.

Conversaciones constantes.

Y una cercanía que crecía…

aunque ninguno la nombrara.

Hasta que…

algo cambió.

El narrador lo vio antes que ellos.

Siempre lo hace.

Porque hay momentos que marcan un antes y un después…

aunque al principio parezcan insignificantes.

Fue en una tarde cualquiera.

De esas que no prometen nada.

De esas que parecen normales.

Jake iba caminando.

Distraído.

Con el celular en la mano.

Pensando… en ella.

Y entonces…

la vio.

No sabía su nombre.

No sabía su historia.

No sabía lo que eso iba a provocar.

Pero algo en ese encuentro…

no fue casual.

Ella sonrió.

Jake respondió.

Y el mundo…

hizo ese pequeño cambio imperceptible
que luego se convierte en desastre.

Porque hay personas que llegan…

no cuando deben.

Sino cuando todo está a punto de complicarse.

Y ese verano…

apenas estaba comenzando.


Aunque no lo entiendas ahora, todo lo que llega a tu vida trae una lección… incluso lo que parece confuso, incluso lo que duele en silencio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.