A destiempo

Capitulo 13

Decidí no ser esa persona

Hay decisiones que no se toman con la mente.

Se toman con el pecho apretado.
Con los ojos evitando lo que más quieren ver.
Con las manos quietas… cuando lo único que quieren es alcanzar.

Y hay decisiones que no se sienten como un acto de madurez…

sino como una forma lenta de romperte.

No voy a mentir.

Lo pensé.

Claro que lo pensé.

No fue algo noble al inicio, ni bonito, ni digno de admirar.

Fue humano.
Crudo.
Egoísta.

“¿Y si lucho por él?”
“¿Y si él también siente algo?”
“¿Y si esa relación no es tan fuerte como parece?”
Y entonces…
me odié un poco.
Porque esa no soy yo.
No quiero ser la historia triste de otra mujer.

No quiero ser el “casi” que rompe algo que ya existe.
No quiero ser la razón por la que alguien más llore…
como yo estoy llorando ahora.

Así que decidí.
No desde la fuerza…
sino desde el respeto.
No voy a ser esa persona.
Pero decidirlo…
no hizo que doliera menos.

---

El narrador lo entiende antes que ellos.

Porque desde afuera… es evidente.

Dos personas que se buscan sin moverse.
Que se hablan sin palabras.
Que se duelen… sin permiso.

Y en medio de todo eso…

una línea invisible.

Una que Riley decidió no cruzar.

Aunque eso le costara más de lo que estaba dispuesta a admitir.

---

(Riley)

Decidí evitarlo.

Así, simple.

Sin drama.
Sin anuncios.
Sin explicaciones.

Solo… dejar de estar cerca.

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Cambié de asiento.

Llegaba un poco más tarde.
Me iba un poco más temprano.

Si él estaba en un lugar… yo encontraba otro.

Si él hablaba… yo me distraía.

Si él reía…

yo miraba hacia otro lado.

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Fácil.

En teoría.

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Porque en la práctica…

mi cuerpo no cooperaba.

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Mis ojos lo buscaban solos.

Como si ya supieran el camino.

Como si tuvieran memoria propia.

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Y siempre lo encontraban.

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Jake.

Sentado con ella.

Hablando con ella.

Sonriendo con ella.

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Pero no era la misma sonrisa.

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Lo supe al instante.

Y ojalá no lo hubiera notado.

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Porque con ella…

era correcto.

Tranquilo.

Como si estuviera cumpliendo un papel que le quedaba bien…
pero no perfecto.

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Pero conmigo…

conmigo era otra cosa.

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Era más suelto.
Más vivo.
Más… él.

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Y eso…

eso lo hacía peor.

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Porque entonces no era mi imaginación.

No era un invento.

No era algo que solo existía en mi cabeza.

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Era real.

Y aún así…

no era mío.

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—Riley —escuché su voz un día.

Y mi nombre en su boca…

no sonó igual.

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Me detuve.

Lento.

Como si cada músculo de mi cuerpo dudara.

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Me giré.

Y ahí estaba.

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Solo.

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Por un segundo…

todo el ruido desapareció.

Otra vez.

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—¿Qué pasó contigo? —preguntó.

Directo.

Pero suave.

Como si ya supiera la respuesta…
pero necesitara escucharla igual.

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Me encogí de hombros.

Defensiva.

—Nada.

Mentira.

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Me miró.

De esa forma.

Esa que no era incómoda…

pero tampoco tranquila.

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—Antes no era “nada” —dijo.

Y esa frase…

me golpeó más de lo que esperaba.

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—Antes no había “novia” —respondí.

Se me salió.

Sin filtro.

Sin permiso.

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Silencio.

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Uno de esos que lo dicen todo.

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Jake bajó la mirada.

Se pasó la mano por la nuca.

Incómodo.

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—No es así… —empezó.

—No tienes que explicarme nada —lo interrumpí.

Rápido.

Cortante.

Porque si lo dejaba hablar…

me iba a quedar.

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Y no podía.

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Porque yo ya había decidido.

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No iba a ser esa persona.

No iba a ser la que se mete.
La que complica.
La que rompe algo ajeno para intentar armar lo propio.

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No.

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Aunque me doliera.

Aunque lo quisiera.

Aunque él…

también pareciera querer.

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(Jake)

No la entiendo.

O tal vez sí.

Y eso es lo que me incomoda.

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Porque desde que volvió…

todo está raro.

Ella está rara.

Yo estoy raro.

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Y lo peor…

es que cuando estamos cerca…

todo vuelve a ser como antes.

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Pero no puede ser como antes.

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Porque ahora…

hay alguien más.

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Y aún así…

cuando la tengo enfrente…

se me olvida todo.

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—No tienes que alejarte —le dije.

Bajo.

Casi en un susurro.

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Error.

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Porque la forma en que me miró…

me dejó claro que sí.

Que sí tenía que hacerlo.

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—Sí tengo —respondió.

Firme.

Pero con algo quebrado por dentro.

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Y ahí lo entendí.

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No era orgullo.

No era enojo.

Era… cuidado.

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Ella se estaba cuidando.

De mí.

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Y eso…

dolió más de lo que esperaba.

---

(Riley)

Ese día no hablamos más.

Porque si hablábamos…

íbamos a cruzar algo.

Algo que no tenía regreso.

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Pero el problema no era el silencio.

El problema eran los momentos pequeños.

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Esos que nadie ve.

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Las miradas que duran un segundo más de lo normal.
Las veces que hablamos… y se nos olvida el resto del mundo.
Las risas que salen demasiado fáciles.
Las pausas… que dicen más que cualquier palabra.




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