A destiempo

Capitulo 15

El viaje (Parte 1)

El viaje no empezó cuando la guagua encendió el motor.

Empezó con una decisión.

Una de esas que parecen pequeñas… pero que cambian el rumbo de todo.

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La mañana estaba cargada de un nerviosismo extraño.

No era emoción exactamente.

Era algo más profundo… más incómodo.

Riley lo sintió desde que llegó.

Los grupos estaban formados, las risas eran altas, las mochilas iban y venían… pero su mirada, traicionera, lo buscó.

Y lo encontró.

Jake.

De pie.

Con ella.

Su novia.

Tomados de la mano.

Como si eso no pesara.

Como si eso no doliera.

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Pero lo que nadie esperaba… era lo que vino después.

—Chicos, atención —dijo uno de los profesores—. Para el trayecto largo, vamos a elegir a dos estudiantes para representar al curso en la actividad especial del destino.

Un murmullo recorrió el grupo.

Riley no prestó mucha atención… hasta que escuchó su nombre.

—Riley.

Su corazón dio un salto.

—Y Jake.

Silencio.

Un silencio corto… pero suficiente para sentirse eterno.

El destino, otra vez, jugando sucio.

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La novia de Jake —Valeria— apretó su mano un poco más fuerte.

Riley lo notó.

Jake también.

—Qué bien… —dijo Valeria con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. Qué coincidencia.

Riley sostuvo su mirada.

Y por primera vez…

no se sintió pequeña.

—Sí —respondió con calma—. Qué coincidencia.

Pero por dentro… todo se estaba rompiendo otra vez.

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La guagua arrancó.

Y como si el universo quisiera tensar aún más la cuerda…

los asientos se asignaron.

Riley terminó al lado de Jake.

Valeria, unas filas más atrás.

Daniel… justo del otro lado del pasillo.

Observando.

Siempre observando.

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—Bueno… esto se puso interesante —murmuró Daniel, inclinándose un poco hacia Riley con una sonrisa ladeada.

—Cállate —respondió ella, pero no pudo evitar una pequeña risa.

Jake los miró.

Y algo en su expresión cambió.

Algo mínimo.

Pero visible.

Territorial.

Sin derecho.

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—¿Te molesta si me siento aquí? —preguntó Jake, aunque ya estaba sentado.

Riley alzó una ceja.

—Ya estás aquí.

—Solo confirmo.

—Pues… ya es tarde para arrepentirse.

Una pausa.

Y entonces…

sonrieron.

Como antes.

Como si el tiempo no hubiera pasado.

Como si nada se hubiera complicado.

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La guagua avanzaba.

El ruido del motor llenaba los silencios… pero no los suficientes.

Porque había otros silencios.

Los incómodos.

Los que hablaban demasiado.

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El primer roce fue inevitable.

Una curva.

Un movimiento brusco.

Sus hombros chocaron suavemente.

Pero ninguno se apartó de inmediato.

Fue lento.

Casi… consciente.

Riley sintió ese calor otra vez.

Ese que odiaba.

Ese que no podía controlar.

Jake tampoco se movió.

Y eso lo dijo todo.

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—Perdón —murmuró ella.

—No… está bien.

Demasiado bien.

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Pasaron unos minutos.

Daniel hablaba desde el otro lado, contando algo exagerado, haciendo reír a todos.

Incluida Riley.

Y eso…

eso no le gustó a Jake.

—Te ríes igual que antes —dijo él, en voz baja.

Riley giró hacia él.

—¿Eso es bueno o malo?

Jake la miró un segundo más de lo necesario.

—Depende de con quién.

Silencio.

Pesado.

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Jake sacó un audífono.

—¿Quieres?

Riley dudó.

Sabía que ese era un error.

Pero lo tomó.

Y cuando la música empezó…

todo lo demás desapareció.

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Era una canción suave.

De esas que no necesitas entender para sentir.

Y ahí estaban…

compartiendo el mismo sonido.

El mismo espacio.

El mismo aire.

Demasiado cerca.

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—Sigues escuchando esto… —susurró ella.

—Tú sigues entendiéndolo.

—No es lo mismo.

—Para mí sí.

Riley apartó la mirada.

Porque si lo miraba más…

iba a olvidar todo lo demás.

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—¿Tú crees que las cosas pasan por algo? —preguntó Jake de repente.

La pregunta cayó entre ellos como algo peligroso.

Riley tragó saliva.

—No sé…

—Yo sí.

Ella lo miró.

—¿Y qué crees?

Jake dudó.

Por primera vez.

—Que hay cosas… que pasan aunque no deberían.

Silencio.

—¿Como qué?

Jake la miró directamente.

Y por un segundo…

pareció que iba a decirlo todo.

Pero no lo hizo.

—Como este viaje.

Cobarde.

Pero suficiente.

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Desde atrás…

Valeria observaba.

Y Riley lo sintió.

Esa mirada.

Ese peso.

Esa realidad.

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—Riley —la voz de Daniel la sacó del momento—. Ven acá un segundo.

Ella se quitó el audífono.

—¿Qué pasó?

—Te están llamando atrás.

No era cierto.

Pero Riley lo entendió.

Era una salida.

Una pausa.

Un respiro.

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Se levantó.

Y al hacerlo…

su mano rozó la de Jake.

No por accidente.

Esta vez no.

Fue lento.

Intencional.

Casi una pregunta.

Casi una despedida momentánea.

Jake reaccionó.

Sus dedos se movieron apenas…

como si quisieran sostenerla.

Pero no lo hizo.

No podía.

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Riley caminó hacia atrás.

Valeria la miró directamente.

Sin sonreír.

Sin esconder nada.

—Qué casualidad que siempre terminas cerca de Jake —dijo.

Directa.

Fría.

Riley sostuvo su mirada.

—No es casualidad.

Silencio.

—Entonces es peor.

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Riley no respondió.

Porque cualquier respuesta…

iba a doler más.

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Cuando volvió a su asiento…




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