A destiempo

Capitulo 17

— La misma química…

Hay cosas que el tiempo no apaga.

Las transforma.

Las madura.

Las vuelve… más peligrosas.

---

Ya no eran los mismos.

No eran los adolescentes que jugaban a provocarse sin entender del todo lo que hacían.

---

Ahora…

sabían.

---

Sabían lo que era desear a alguien y no tenerlo.
Sabían lo que era perderse.
Sabían lo que era callar… por miedo.

---

Y lo más importante:

Sabían exactamente lo que el otro les hacía sentir.

---

Y aún así…

decidieron quedarse.

---

(Riley)

No sé en qué momento dejamos de hablar como dos personas que “se reencontraron”.

---

Porque ya no era eso.

---

Era más lento.
Más cargado.
Más… consciente.

---

Estábamos sentados frente a frente.

Una mesa pequeña.

Dos cafés que ya se habían enfriado.

Y una tensión que definitivamente no.

---

—No has cambiado tanto —dije, mirándolo por encima de la taza.

---

—Tú sí —respondió él.

---

—¿Para bien o para mal?

---

Jake sonrió.

Esa sonrisa…

la que siempre significaba problemas.

---

—Para peligro.

---

Sentí un pequeño golpe en el pecho.

---

—¿Peligro? —repetí, arqueando una ceja.

---

—Sí… —se inclinó un poco hacia adelante—. Antes eras intensa… pero ahora sabes exactamente lo que haces.

---

Silencio.

---

No aparté la mirada.

---

—¿Y eso te asusta?

---

—Me complica.

---

Ahí estaba otra vez.

Esa palabra.

---

Pero esta vez…

no sonó a huida.

Sonó a advertencia.

---

Mis dedos jugaban con la servilleta.

Un gesto tonto.

Pero necesario.

Porque si no hacía algo con mis manos…

iba a hacer algo con él.

---

—Sigues evitando las cosas —dije.

---

—No… —respondió, bajando la voz—. Ahora las enfrento… solo que no siempre sé cómo terminan.

---

Tragué saliva.

---

Porque la forma en que me estaba mirando…

no era la misma de antes.

---

Era más lenta.

Más directa.

Más… íntima.

---

Como si no estuviera viendo solo lo que soy.

Sino también lo que podría pasar.

---

—Jake… —murmuré.

---

—¿Qué?

---

—Deja de mirarme así.

---

—¿Así cómo?

---

—Como si estuvieras pensando demasiado.

---

Se inclinó un poco más.

---

—Es que lo estoy haciendo.

---

Mi respiración se volvió más pesada.

---

—¿Pensando en qué?

---

Sonrió.

Pero no respondió de inmediato.

---

Y ese silencio…

dijo más que cualquier palabra.

---

—En lo que no hicimos —dijo al final.

---

Ahí.

Directo.

Sin rodeos.

---

Sentí cómo el aire se quedaba atrapado en mi pecho.

---

—Han pasado años —respondí, intentando sonar tranquila.

---

—Lo sé.

---

—Entonces… ya eso debería estar superado.

---

Jake negó suavemente.

---

—No todo lo que no pasa… se supera.

---

Silencio.

---

Uno de esos que pesan.

Pero no incomodan.

---

De esos que te acercan.

---

—¿Y tú? —preguntó él—. ¿Lo superaste?

---

Lo miré.

Sostuve su mirada.

---

—Si lo hubiera hecho… no estaría aquí.

---

Esa fue la verdad.

La primera completamente limpia.

---

Jake exhaló lento.

Como si necesitara ese segundo para no hacer algo impulsivo.

---

—Eres peligrosa —repitió.

---

—Y tú débil.

---

Se rió.

Bajito.

---

—No tienes idea.

---

Nos quedamos en silencio.

Pero no era vacío.

---

Era… cargado.

---

Mis piernas rozaron las suyas debajo de la mesa.

Accidental.

Tal vez.

---

Ninguno se movió.

---

Y ese pequeño contacto…

fue suficiente.

---

Para recordar.

Para encender.

Para confirmar.

---

Levanté la mirada lentamente.

---

Él ya me estaba mirando.

---

—Riley…

---

Mi nombre en su voz…

esta vez no fue suave.

Fue bajo.

Más grave.

Más… real.

---

—¿Sí?

---

No me moví.

No me alejé.

---

Jake estiró la mano.

Despacio.

Como si me estuviera dando tiempo de detenerlo.

---

No lo hice.

---

Sus dedos tocaron los míos.

---

Y fue ridículo.

---

Después de todo…

después de los años…

después de todo lo que sentimos…

---

Ese simple contacto…

me hizo temblar.

---

—Sigues igual —susurró.

---

—No —dije, apenas respirando—. Solo que ahora no finjo que no siento.

---

Él apretó ligeramente mi mano.

---

—Eso lo hace peor.

---

—¿Para quién?

---

—Para los dos.

---

Pero no soltó mi mano.

---

Y yo…

tampoco la retiré.

---

El mundo alrededor seguía.

Gente.

Ruido.

Movimiento.

---

Pero en esa mesa…

en ese pequeño espacio entre nosotros…

---

todo se redujo a una sola cosa:

Lo que estaba a punto de pasar.

---

O lo que llevábamos años evitando.

---

—Dime que pare —dijo de repente.

---

Fruncí el ceño.

---

—¿Parar qué?

---

—Esto.

Su mirada bajó a nuestras manos.

Luego volvió a mis ojos.

---

—Porque si no me dices que pare…

no sé si voy a hacerlo.

---

Mi corazón latía fuerte.

Demasiado.

---

Y por primera vez…

no quería huir.

---

—No te estoy diciendo que pares.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.