A destiempo

Capitulo 21

Lo que no dices también rompe

Hay cosas que destruyen más que una mentira.

El silencio…

es una de ellas.

No siempre se rompe por lo que se dice.

A veces…

se rompe por todo lo que alguien decide callar.

Porque el silencio no es neutral.

El silencio también elige.

Y esa vez…

Jake eligió no decir lo suficiente.

(Riley)

Lo supe.

Desde el primer momento en que lo volví a ver.

No fue algo obvio.

No fue una gran distancia.

No fue frialdad.

Fue peor.

Fue… cuidado.

Jake estaba siendo cuidadoso conmigo.

Y eso, con él…

nunca significaba algo bueno.

—Hola —dijo, con esa sonrisa suya… pero más suave, más medida.

—Hola.

Nos quedamos frente a frente unos segundos.

Normales.

Demasiado normales.

Como si el beso no hubiera existido.

Como si esa noche no hubiera cambiado nada.

Pero yo…

yo sí había cambiado.

Porque ahora sabía exactamente qué pasaba cuando él sentía demasiado.

Se alejaba.

—¿Cómo estás? —preguntó.

Esa pregunta.

Tan básica.

Tan vacía.

—Bien —respondí—. ¿Y tú?

—Bien también.

Mentira.

Los dos.

Silencio.

Uno incómodo.

Uno que pedía ser llenado con algo real.

Pero Jake no lo hizo.

Y yo…

ya no iba a hacerlo por los dos.

—No me mires así si no vas a hacer nada con esto.

Salió sin filtro.

Directo.

Sus ojos se movieron, sorprendido.

Como si no esperara que lo dijera tan claro.

—No es eso…

Ahí estaba.

La frase incompleta.

La duda disfrazada.

Di un paso hacia él.

—Entonces dime qué es, Jake —mi voz bajó, pero se volvió más firme—. Porque yo ya no estoy para adivinarte.

Silencio.

Uno largo.

Uno que dolía antes de que él hablara.

Se pasó la mano por el cabello.

Evitó mi mirada un segundo.

Volvió a buscarla.

Pero ya no con la misma seguridad.

—No quiero arruinar esto —dijo finalmente.

Fruncí el ceño.

—¿Arruinar qué exactamente?

—Lo que tenemos.

Solté una risa corta.

Incrédula.

—¿Y qué es lo que tenemos, Jake?

No respondió de inmediato.

Y ese fue el problema.

Porque cuando alguien quiere algo…

no duda tanto en ponerle nombre.

—Es complicado —murmuró.

Negué con la cabeza, despacio.

—No —dije—. Complicado es lo que tú lo estás haciendo.

Jake respiró hondo.

—Tu familia…

Ahí estaba.

Otra vez.

—¿Qué pasa con mi familia?

—Ellos… —tragó saliva—. Ellos ya saben que yo… que tú…

No podía ni decirlo.

—Que yo qué, Jake.

—Que te hice daño.

El aire se volvió pesado.

Porque esa verdad…

no era mentira.

Pero tampoco era toda la historia.

—¿Y eso qué tiene que ver con ahora?

—Tiene todo que ver —respondió—. No quiero volver a ser esa persona.

Lo miré fijo.

—Entonces no lo seas.

Así de simple.

Pero él negó suavemente.

—No es tan fácil.

Y ahí…

ahí fue donde algo dentro de mí terminó de romperse.

Porque sí.

Sí era así de fácil.

Si querías.

—No estás entendiendo —dijo, acercándose un poco—. Esto no es solo lo que yo siento.

—Claro que no —respondí—. También es lo que haces con eso.

Silencio.

Otra vez.

Pero esta vez…

definitivo.

Jake bajó la mirada.

Y en ese gesto…

yo vi la respuesta completa.

No iba a elegirme.

No del todo.

No como yo necesitaba.

No como yo merecía.

—Tienes miedo —dije, más suave ahora.

Él no lo negó.

Y eso dolió más.

—Sí.

Honesto.

Pero insuficiente.

—Y en lugar de intentar… —tragué saliva— estás retrocediendo otra vez.

—Estoy tratando de hacer lo correcto.

Lo miré.

Y sonreí apenas.

Triste.

—Lo correcto no siempre es lo más cobarde, Jake.

Eso lo golpeó.

Lo vi en sus ojos.

Pero aún así…

no cambió nada.

—No quiero perderte —dijo.

Ahí estaba.

La frase egoísta disfrazada de amor.

—Ya me estás perdiendo.

Silencio.

Uno que ya no pedía respuestas.

Porque todo estaba dicho.

Incluso lo que no se dijo.

Di un paso atrás.

Esta vez…

sin esperar que él me detuviera.

Y no lo hizo.

Nunca lo hacía.

—No puedo volver a querer a alguien que no sabe si quiere quedarse —dije.

Mi voz no tembló.

Pero por dentro…

todo sí.

—Riley…

Pero ya era tarde.

—No me cuides tanto —añadí, mirándolo por última vez—. Porque al final… eso también duele.

Y me fui.

Sin correr.

Sin drama.

Pero con algo claro por primera vez en mucho tiempo.

No era el amor lo que estaba fallando.

Era el valor.

Hay decisiones que no se anuncian.

Se sienten.

Y esa…

fue una despedida que ninguno quiso nombrar.

Pero los dos entendieron.

Porque a veces…

lo que no dices…

también rompe.


El silencio no evita el dolor… solo lo hace más lento, más profundo… y más definitivo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.