A Fierro y Cuero

Capítulo 2 - Vaya verano

Cool for the summer – Demi Lovato

Rhett

Miércoles 10 de mayo 2028 (o 96 días para que se vaya).

- ¿A qué hora dijiste que aterrizaba? –murmuro, ajustándome el ala del sombrero vaquero para que el reflejo del sol de Montana no me termine de freír los ojos.

- ¿Qué hora es? –pregunta Skyler, estirando el cuello mientras escanea la puerta de salida a mi izquierda.

Voy a mirar el reloj en mi muñeca para responderle, pero la chica no se aguanta; tira de mi mano y me gira la muñeca para ver la hora por ella misma.

- ¡Ah! –hago una mueca y niego con la cabeza, soltándome de su agarre ante el ángulo antinatural en el que me ha puesto el brazo–. ¡Sky! Que soy de carne y hueso –mascullo, cruzándome de brazos.

- Ya debe estar por salir. Su avión aterrizó hace veinte minutos –dice sin inmutarse, ignorando la mirada de pocos amigos que le lanzo.

- Repíteme algo… ¿por qué demonios tuve que venir yo?

- Porque eres el mejor amigo de mi hermano, pasabas por aquí y, de todos modos, no estabas haciendo nada importante como para no acompañarme a buscar a mi prima –en su rostro se forma esa sonrisa de suficiencia que es idéntica a la de su gemelo, Hunter. Me dan ganas de restregarle un puñado de bosta en la cara.

Cosa que no haré porque Hunter se va a enfadar conmigo y suficiente tengo ya con cuidar de Flint y Storm en Los Pinos Gemelos.

- ¿Qué tu novio Marco no tiene una pick up? –le reclamo, acomodándome el peso sobre una pierna–. Que venga él a hacer de chofer de la princesita de Miami.

- Vamos, Rhett –protesta, parándose frente a mí atravesándome con ese par de dagas azules–. No seas así. Maia no es una chica de ciudad cualquiera. No la conoces.

Sí, claro. Y yo odio a los caballos.

- Claro que la conozco –replico–. Ella pasaba sus vacaciones en el rancho de tu padre, coincidía con la fecha en la que mis padres y yo nos íbamos a Idaho. Siempre la veía.

- Sabes que no me refiero a eso –resopla–. Hablo de que no sabes quién es.

- Ya.

- Y más te vale no molestarla mientras este en el rancho. Su novio la dejó hace menos de una semana y su vida es un infierno allá en Miami –hala, que parece que los ojos le echan chispa.

- Que sí, pesada. No le voy a decir nada sobre su vida infernal entre centros comerciales y playas –digo, rodando los ojos.

- Serás…

- ¡Sky!

El grito no fue mío. La voz, es fina pero tiene una energía que no tiene nada que ver con el aire seco de la terminal del aeropuerto de Missoula, hace que Skyler deje la palabra en el aire y se gire de golpe.

Yo hago lo mismo, acomodándome el sombrero.

Y ahí está ella. Maia Monroe. La princesita de Miami.

Viene arrastrando una maleta de lona enorme, diría que pesa más que ella. Trae unos shorts vaqueros, un top blanco que deja al descubierto una piel demasiado blanca para el sol del rancho y un collar plateado con forma de estrella. Apuesto mi caballo a que esa chica no sabe ni cómo montar.

Pero no es su atuendo de playa lo que me hace arquear la ceja, sino lo que hay al extremo de la correa que trae pegada a la mano. Un pastor alemán de pelo espeso avanza a su lado, bate la cola de un lado a otro con la velocidad de un ventilador y trae una ridícula bandana negra alrededor de cuello. El perro se ve imponente, tal vez tenga unos treinta y dos o treinta y cinco kilos.

Ruedo los ojos con fastidio al ver que Maia no es la única con esa energía desbordante, el bendito perro camina con la lengua afuera, mirando el aeropuerto entero como si acabara de descubrir la civilización.

- ¡Maia! –grita Sky, antes de salir disparada hacia ella como si no se hubieran visto el verano pasado.

Desde donde estoy puedo ver el momento exacto en que la chica de Miami se detiene y suelta su maleta. Sus ojos –unos malditos ojos gris tormenta que hacen un contraste perfecto con el ambiente– brillan con fuerza antes de achinarse por completo cuando sonríe y es sepultada por el abrazo de la rubia.

Mantengo la distancia quedándome un paso atrás, con las manos metidas en los bolsillos de mis vaqueros. El perro aprovecha la distracción para soltarse del agarre de su dueña y acercarse a olfatear mis botas con una insistencia que me hace fruncir el ceño.

- Hola, amigo –murmuro, agachándome un poco para darle unas palmadas en la cabeza y alejarlo un poco antes de que me llene los pantalones de saliva.

- ¿Rhett?

Me tomo mi tiempo para levantar la mirada cuando oigo la voz de Maia. Sky la ha soltado y me mira fijamente, parpadea un par de veces con una mezcla de sorpresa y confusión.

Supongo que no esperaba encontrarse al ogro del pueblo en lugar de a su primo.

- Yo… pensé que Humpty Dumpty iba a venir –murmura y mira a su prima.

- Ah… eso… Hunter tuvo que ir a la tienda a atender un problema con una mercancía que llegó –le explica Sky con una mueca–. Por suerte Rhett estaba libre.

- Espera un segundo… ¿qué yo qué? –gruño indignado.

Skyler se gira a verme, lanzándome una mirada que congelaría el mismo desierto. Abre la boca para replicarme pero el móvil de Maia suena con una llamada entrante en su bolsillo, interrumpiéndonos.

- Esto debe ser un chiste… –masculla Maia al ver la pantalla. Contesta y se pega el aparato a la oreja–. ¿Sí?

Rueda los ojos con tanta fuerza que podría jurar que se ha lastimado el cuello y toma aire antes de empezar a hablar en español a una velocidad que no reconozco. Suelta un torrente de palabras rápidas, rítmicas y extrañas que rebotan contra las paredes de la terminal.

¿Entiendo algo de lo que dice? En lo absoluto. Pero se ve increíblemente sexy.

Por la forma en la que da un pisotón y se pasa la mano por el rostro con frustración, sé que la persona al otro lado de la línea la está desquiciando por completo.

- Mira, mamá, te dije que te iba a llamar cuando llegara al rancho… –dice, y por mucha atención que le preste solo logro distinguir la palabra “mamá” en medio de su enojo–. ¡Que sí, vale! Me puse el bloqueador… no, Roque no mordió a nadie…




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