A los ojos de la luna somos inocentes

Capítulo 02

Liam

 

PASADO

 

   Habíamos acabado de comer, la noche ya había caído encima y el lugar estaba por cerrar debido a que a esta hora se torna el ambiente más peligroso y no les gusta arriesgarse. Aarón seguía viéndome como si yo fuese una obra de arte de la cual está en exhibición porque sus ojos apuntaban directamente a los míos y su sonrisa estaba de oreja a oreja.

   ¿Quién era este tipo en realidad?

   Me levanto de la mesa para acercarme a la caja y pedir la cuenta para pagar. El chico se coloca a mi lado y le dice a la mujer que no me haga caso ya que él será quien pague.

   —Yo tengo dinero —digo levantando mi billetera—, puedo pagar.

   Niega.

   —Yo te invité así que yo pago.

   —No.

   —¿Por qué no?

   —¿Y si pagamos la mitad cada uno? —Él se encoge de hombros—. Está bien.

   Le entrego mi tarjeta a la mujer y ella se encarga de dividir las cuentas y cobrarle a cada uno la mitad. Observo al chico de pies a cabeza, llevaba puesto unos pantalones de vestir, una camisa blanca manga larga con los dos botones de arriba al descubierto y veo un poco de vello.

 

   Quita la vista, Liam.

 

   Uno de mis gustos en los hombres era que tuvieran vello en el pecho, aquello me parecía que era una maravilla y los hacía ver más varoniles. En otras palabras menos inocentes verlos así me calentaba y me provocaba lanzarme a ellos a besarlos, pero me contengo que es lo que me agrada.

   Nos devuelve nuestras tarjetas, guardo mi billetera en mi bolsillo trasero y estrecho mi mano con la de Aarón para despedirme y salir de la cafetería. 

   Siento que alguien me sigue y no le tomo importancia, doy la vuelta para seguir camino directo a mi edificio y alguien toma mi brazo con brusquedad que hace que me detenga y suelte un quejido por el dolor.

   —¿Disculpa? —Acaricio mi brazo—. ¿Qué pasa contigo?

   —Lo siento, no mido mi fuerza, en verdad lo siento —pide perdón con unos ojos brillosos debido a la luz de la luna y suspiro para asentir como perdón—. ¿Puedo acompañarte a casa? Manhattan puede ser peligroso a estas horas de la noche y no me gustaría enterarme que a ti te ha sucedido algo cuando pude haberte acompañado.

   —Dices muchas cosas —me doy la vuelta y cruzo la calle.

   —¿Entonces si puedo? —Corre para seguirme el paso–. ¿Si?

   —Ya lo estás haciendo así que no hagas tantas preguntas, Aarón.

   Ríe.

   —¿Qué es gracioso? —Me detengo para abrir la puerta del edificio en donde vivo y saludo elevando la mano al recepcionista.

   —Nada —contesta—, me parece graciosa la forma en que pronuncias mi nombre. Suena lindo cuando sale de otra boca que no es la mía.

   Entro al elevador y presiono el botón con el número seis y cierro las puertas. Aarón seguía a mi lado y lo observo de reojo, se mantenía sonriendo y seguía hablando cosas que ya no me interesan en lo absoluto.

   —¿Hace cuánto vives aquí? —Pregunta.

   —Tú hablas mucho, ¿no es así?

   —Siempre he hablado hasta por los codos, la gente se suele aburrir de eso así que perdón si te he molestado con ello. Me callaré de ahora en adelante si gustas.

   —No me molesta.

   Las puertas se abren y me acerco a la puerta de mi apartamento. Abro y lo invito a pasar al lugar donde muchas cosas no tan agradables suceden casi a diario, se sienta en el sillón del fondo y suspiro sentándome a su lado.

   Tomo dos botellas con agua de la mesa de al lado y le entrego una a él, dice gracias y abro la botella para darle un sorbo enorme.

   —Me imagino que debes de disfrutar la vista desde acá arriba —comenta—, me gustaría vivir en un lugar como estos algún día, se ven tan cómodos y parece que casi nadie molesta a los demás y eso me encanta para vivir en paz. Mis vecinos suelen ser muy groseros a veces y hacen fiesta todos los días, eso es lo malo de vivir con adolescentes al lado, que estresante la verdad.

   Enciendo el televisor y él me arrebata el control remoto y se sienta en mis piernas.

   —¿Te gusta vivir aquí?

   —¿Por qué te sientas en mis piernas?

   —¿Te gusta vivir aquí? —Repite.

   —¿Coges confianza rápido? 

   —Si —contesta—, pero eso no contesta a mi pregunta así que sigo esperando a que me digas si te gusta vivir en este lugar o solo vives acá porque no te queda de otra.

   —Vivo acá porque no me queda de otra, el trabajo en el que estoy me gusta pero no me deja tanto dinero como me gustaría y no salgo de ese lugar ya que mi reputación está tan manchada que temo a que en otro lugar ya sepan los rumores míos.

   —¿Cómo estás tan seguro de que ya deben de saberlos?

   —Los chismes corren más rápido que Flash —suspiro—, igual me da miedo de salir de mi zona de comfort ya que me acostumbré a la editorial para la que trabajo y a sus reglas así que no me gustaría empezar desde cero en otro lugar que no conozco.




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