A mi imagen y semejanza

Madrid - marzo, abril y mayo

Madrid, viernes 22 de marzo

A mí me encanta la música, no sé qué pensar sobre los gustos de la gente. Esta semana fueron los premios de la música de España y resulta que el primer premio se lo llevó un grupo de esos del rap. Patos y Guarro o algo así. No sé, no me enteré. ¿Pero qué tiene en la cabeza la gente de hoy en día? El verdadero mérito lo tienen los grandes compositores clásicos o incluso, si me apuras, algunos músicos actuales que fueron muchos años al conservatorio y estudiaron todo desde las raíces. Menos mal que a mi Alicia y a mi Adrián no les atraen estas cosas, son más clásicos, más de Serrat.

La verdad es que nunca escuché ninguna canción de estas modernas, pero no necesito escucharla para saber que no me gusta. La música es otra cosa y no chicas en tetas y gente con pistolas.

Recuerdo cuando era niña que estaba de moda Rocío Jurado y escuchaba una y otra vez «como una ola» en mi walkman mientras estaba sentada en la arena y veía el mar rompiendo frente a mí. La música es la mejor compañía, nunca te falla.

Madrid, domingo 24 de marzo

Suelo acudir a la iglesia de mi urbanización. No soy creyente, pero, al igual que el club de golf, es un acto social obligatorio. Este domingo estaban repartiendo panfletos porque iban a organizar una colecta de artículos de segunda mano para los pobres. A mí la verdad es que estas cosas me molestan un poco. No puedo decirlo en voz alta porque estaría mal visto, pero creo que el que es pobre es porque quiere. Toda esa gente que dice que no estudió porque tuvo que trabajar es porque son unos vagos. Luego están los otros que dicen eso de: estudiar, ¿para qué? y que si aunque estudien no les van a asegurar un buen trabajo. Esos jóvenes lo que están pensando es en ponerse a trabajar de cualquier cosa para ganar un poco de dinero y gastarlo los fines de semana en cocaína. Y claro, luego crecen y tienen que estar toda la vida trabajando de reponedores del Carrefour porque no estudiaron cuando debían.

Puede que haya otros que crecen en familias que no se pueden permitir que el niño siga con los estudios, pero eso es porque sus padres no se esforzaron lo suficiente en su momento. Además, hay becas para toda esa gente. Nosotros tenemos nuestras universidades privadas que encima tenemos que pagar para entrar…

Luego también es una presión social muy grande cuando tras los estudios el niño acaba trabajando para un amigo empresario. Fíjate, Ricardo, el niño de los Lopez-Chocano, que estuvo estudiando hasta los 26. Hizo un máster y todo de lo suyo. Y el año pasado entró a trabajar en Acerinox para Bernardo Velázquez con decenas de personas a su cargo y claro, eso no te creas que es fácil. Detrás de esto hay muchos intereses sociales, debe estar a la altura, no puede fallar, tiene un apellido que honrar. Es verdad que tenía un sueldazo, ganaba más que mi marido siendo tan joven, pero ole, el niño se lo ha ganado. Además, fíjate, con un montón de gente de ese tipo a su cargo, con la mala educación que tienen, hay que saber llevarlos…

No pienso donar nada esta vez. Ya arrimé el hombro en el pasado, dejo a los demás para que hagan su obra de caridad para limpiar su conciencia.

Madrid, sábado 30 de marzo

Hoy es el cumpleaños de Adrián. Ya es mayor de edad al fin y podrá examinarse para el práctico del carné de conducir y estrenar el Audi que le regalamos. El cumpleaños me llevó a recordar el nacimiento y eso a una de esas historias que solo pueden suceder en un matrimonio insípido como el mío. Algunas semanas antes de que naciera Adrián, sabiendo ya que era un niño, estuvimos pensando en un nombre para él. A mí me gustaban los nombres con presencia, de estos que cuando los dices se te llena la boca… Tristán, Ramón, Julio… Pero al estúpido de mi marido le hacía gracia que tanto su nombre como el mío, comenzaran con A, y por lo tanto se le ocurrió la brillante idea de que el del niño también fuera así. Yo me negué a llamar al niño como el padre, porque cuando recibes un nombre de un progenitor o familiar, tiene que ser un transmisor digno para tenerlo como referencia mental. Pensé en algún nombre con empaque, pero no me vino ninguno, con A no se me ocurría nada aceptable. A es una letra aburrida, antipática, artificial si lo que se quiere es comenzar el nombre de un hombre que en el futuro será alguien asombroso.

Cuestión que al final, por no oírle, lo echamos a suertes (que estas chorradas a mi marido también le encantan, es de los que echa la Primitiva y todo) …y obviamente perdí. Pero me negué en rotundo a que el niño se llamara Arturo, por ahí no pasé. Él propuso Adrián que era el delantero de no sé qué equipo de fútbol pero que a mí me recordó a algún emperador italiano aclamado, y me auto convencí de que era un nombre adorablemente adecuado.

Con Alicia: misma discusión tuvimos, pero ahí ya era de perdidos al río. Y no accedí a ninguna negociación, la niña se iba a llamar como yo. Yo sí que era un buen referente.

Madrid, jueves 31 de marzo

Vacaciones de semana santa, ya. ¡Cómo pasa el tiempo! Mi Adrián se fue con los amigos a pasar la semana a la montaña y hacer una de esas caminatas con raquetas en los pies en la nieve. A tocar el pico del mundo, dijo. Y es que es tan poético este chico, siempre con tan buen talante y alegría. Estoy tan orgullosa de él… La verdad es que se crio solo. Ni una molestia me dio en los 18 años de vida que tiene, un amor. Le cuestan los estudios, eso sí, pero algún defecto debería tener. Pero bueno, es como su padre de sociable y este también llegó lejos: jefe de obra de una de las constructoras más grandes de España… Ahí va el muchacho con sus estudios, despacio. Entró en derecho por la admiración que me tiene, estoy segura, pero me parece que no es lo suyo. No importa, tengo confianza ciega de que va a llegar dónde él se proponga.




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