❄️IVAN❄️
Dejé la casa de punta en blanco, sabiendo que el día de hoy era importante. Mientras Cece dormía, me encargué de ordenar los alrededores esperando que nada estuviera mal colocado. Pese a que la idea de tener una niñera no era de mi agrado, no quería dar una mala impresión de mi casa, por lo que me dediqué a dejar las cosas ordenadas.
Al terminar, comencé con la tarea de hacer el desayuno a mi pequeña. Sabiendo que pronto iniciaría la escuela, la dejé dormir más. Quería que estuviera descansada, ya luego tendría que levantarse demasiado temprano y ser responsable.
Mi teléfono comenzó a sonar y vi el nombre de mi hermana en la pantalla. Estaba tratando de que yo no arruinara esto.
—Pareces algo neurótico —dijo apenas contesté la videollamada.
—Si Mason te dice que eres divertida, miente —devolví a lo que ella sonrió—. Estoy que cancelo todo.
—Eso sí que no, esa chica es buena. Solo tienes que darle la oportunidad.
—¿Recuérdame de dónde la conoces?
Ella había sido hermética con respecto a eso, tal vez sospechaba que la haría pasar un pandemónium para solo cerciorarme que no robaría mi ropa interior. Cosa que ya he vivido en el pasado.
—De la pista.
—Seguro es una Groupie.
—Por supuesto que no, la chica no patinó más porque no pudo. Pero créeme no sabe nada, nada de hockey.
Dudaba de eso último, el deporte aquí por la naturaleza era el de hielo. Que no le gustara se sentía como una especie de sacrilegio. Sin embargo funcionaba para mí.
—Prométeme que no la harás pasar un mal momento.
—¿Por quién me tomas?
—Por un padre sobreprotector. No me defraudes.
Solo pude poner los ojos en blanco. —No lo haré. Te lo prometo.
—Confío en ti.
Cortamos comunicación y decidí que era hora de arreglarme. Me tomé el batido de proteínas y subí a ducharme con agua fría, necesitando concentrarme y activarme. El día sería largo y no estaba preparado para ello.
Primero la cita con la niñera, una reunión con inversionistas para la arena, luego una entrevista en una radio local, después entrenamiento y último gimnasio. Mi pequeña hoy sería cuidada por mi papá para poder hacer todas las cosas ya que Katerina tenía que viajar en la tarde para Boston. Lo que me dejaba en un aprieto. Realmente necesitaba que está niñera funcione y no se convierta en una loca.
Me vestí con un traje y fui directo a despertar a mi chipilina. Ella abrió esos hermosos ojitos azules que me volvían nada las entrañas. —Papi, es muy temprano.
—Vas a quedarte con el abuelo. Tía Katerina vendrá en un rato y te llevará.
Ella saltó de la cama al oír a su tía. Resulta que su tía al ser patinadora la elevaba en la escala de favorito en este momento por lo que aceptó de buen agrado levantarse temprano. No estaba celoso, obvio que no.
Ella se cambió el pijama por un conjunto abrigado y me senté con la tarea más difícil del repertorio. Peinarla. Con su cabello largo y abundante, era una cosa que se hacía trabajosa. Pero en los últimos años había tenido que perfeccionar mi técnica para no hacerla quedar mal.
Haciendo una diadema con su propio cabello, ella se miró al espejo. —Soy la niña más linda.
Oh, si. Esto era mío. Esa gracia era mí marca.
—La más bella, pero todas las niñas son preciosas a los ojos de quienes las aman. No quiero oírte que hiciste sentir mal a alguien diciendo que no es bonita o no es buena persona. Le rompería el corazón.
—No, papi. Lo prometo —dijo muy solemne y mi corazón se volvió una cosa inservible llena de amor. Estaba orgulloso del ser maravilloso que era mi niña. Era increíble que yo haya sido participe en formarla.
Cuando estuvo lista, la dejé mirando un ratito de Masha y el oso. Su dibujo animado favorito. Como estaba aprendiendo ruso como el abuelo, lo veía en el idioma original. Mi hija era demasiado inteligente para su bien y sabía que me daría quebraderos de cabeza en un futuro.
Le dejé su plato de desayuno para hacer las cosas al mismo tiempo y seguí en lo mío.
Terminé de arreglarme y mi hermana entró en la casa. Traía en sus manos uno de sus batidos y sabía que acababa de venir de correr. —¿Dónde dejaste al pobre de Mason?
—Dando clases. Vine a evitar que echarás a la chica apenas pusiera un pie en la casa.
Mi hermana me conocía bien. No en vano éramos gemelos —Lo haré sino da la talla.
—Te caería bien si la conocieras. Es una chica muy agradable.
—Primero quiero verla.
Ella bufó, pero no dijo nada más. Solo fue a ver a Cece en su habitación mientras que yo me iba al despacho.
Revise algunas cosas en la computadora para la reunión de hoy y justamente uno de los que acudiría me llamó. Contesté hablando en ruso, permitiendo que las palabras se deslizaran con facilidad de mis labios. Agradecida que mi madre nos hizo aprender el idioma pese a que no era la primera lengua de nuestra familia.
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romance y humor, niñera y jugador de hockey, padre soltero y nana
Editado: 27.02.2026