A un segundo de perderte

Capítulo 2

El sonido del silbato era casi un suspiro en medio del caos. Adrián yacía en el piso de la cancha, respirando con dificultad, mientras Paulina sostenía su pierna con firmeza y profesionalismo. Cada movimiento del jugador era medido, controlado, casi quirúrgico. Pero detrás de esa precisión, su mente corría más rápido que cualquier diagnóstico: ¿cuánto daño había hecho? ¿Sería grave?

—Siento… dolor —admitió Adrián con un hilo de voz, apretando los dientes.

Paulina frunció el ceño, evaluando su expresión, la tensión de sus músculos, la forma en que su rodilla se doblaba ligeramente hacia un ángulo que no debía.

—No exageres. Esto no es un drama, Vega —dijo, seca, pero sin perder la suavidad profesional que la caracterizaba.

Adrián intentó esbozar una sonrisa, aunque el dolor lo traicionaba.

—No… estoy exagerando… mucho.

Ella lo miró fijamente. La mirada de Paulina era intensa, de esas que atravesaban defensas y obligaban a la gente a ser honesta consigo misma. Adrián nunca había sentido algo así en una cancha. No era miedo, no era dolor, era… algo más.

—Vamos a levantarlo lentamente —indicó Paulina—. Apóyate en mí.

Él aceptó, aunque su orgullo gritaba lo contrario. Cada paso era un desafío; cada centímetro recorrido era una mezcla de tensión y nervios. Y mientras avanzaban hacia el borde de la cancha, el público parecía un murmullo distante. La estrella del equipo, arrogante y confiado, se encontraba vulnerable frente a la única persona que parecía capaz de controlarlo.

—¿Y si… no puedo volver a jugar? —preguntó Adrián, dejando escapar la duda que nadie jamás había escuchado de él.

Paulina se detuvo un instante, mirándolo a los ojos, evaluando la mezcla de miedo y desafío que había en él.

—Eso depende de ti —respondió—. Pero si quieres volver a la cancha, tendrás que seguir mis reglas. Y no habrá excepciones.

Él asintió, aunque sabía que seguir reglas nunca había sido lo suyo. Y, sin embargo, había algo en ella que no le dejaba rebelarse. Algo que lo mantenía atado a su profesionalismo… y, sin saberlo, a su presencia.

—Bien, Vega —dijo ella finalmente—. Empezaremos la rehabilitación mañana. Y créeme… no será fácil.

Él sonrió, medio divertido, medio resignado.

—Nada en mi vida ha sido fácil —replicó.

—Bueno, entonces te acostumbrarás rápido —respondió Paulina, sin perder su compostura.

En ese momento, Adrián comprendió algo que no esperaba: la verdadera competencia no era con los demás jugadores. Era con Paulina, y algo en su interior tembló ante la idea de perder.

Porque esa caída en la cancha no solo había dejado su pierna vulnerable… también había abierto una grieta en su corazón.



#1280 en Novela contemporánea
#1630 en Otros

En el texto hay: romance, enemiesandlove

Editado: 10.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.