A un segundo de perderte

Capítulo 3

El estadio estaba vacío ahora. Las luces seguían encendidas, pero los gritos del público habían quedado atrás, reemplazados por un silencio pesado que parecía llenar cada rincón de la cancha.

Paulina se quedó un momento junto a Adrián, observando cómo él acomodaba la pierna con cuidado. Había algo en su postura, en su manera de fruncir el ceño mientras intentaba moverse, que la mantenía alerta. No era solo la lesión: era él, con su arrogancia natural, pero también con esa vulnerabilidad inesperada que no podía ignorar.

—Si vas a volver a jugar, esto no es un juego —dijo, rompiendo el silencio—. Cada día cuenta, cada movimiento importa. ¿Entendido?

Adrián la miró, levantando una ceja. Esa mezcla de desafío y fascinación que siempre parecía acompañarlo.

—Entendido, doctora Ríos —dijo, usando su apellido con un tono que intentaba sonar respetuoso… aunque fallaba un poco.

Paulina suspiró, cruzándose de brazos.

—No soy tu doctora de cabecera para tolerar actitudes. Aquí se hace lo que digo. Sin excepciones.

—¿Y qué pasa si no me gusta lo que dices? —replicó él, apenas con una sonrisa torcida.

Ella arqueó una ceja, sin sorprenderse.

—Entonces vas a descubrir que puedo ser bastante insistente.

Por un momento, algo pasó entre ellos. Una chispa que ni ella ni él podían explicar, pero que ambos sintieron. Una corriente invisible que hacía que la tensión en el aire fuera casi tangible.

Adrián se apoyó en el borde de la cancha, dejando que la luz del estadio iluminara su perfil.

—Nunca he tenido que escuchar a alguien decirme lo que debo hacer —murmuró.

—Eso va a cambiar —replicó Paulina con firmeza.

El silencio volvió a caer, pero ahora era diferente. No era incómodo. Era cargado de posibilidades, de una rivalidad que podría transformarse en algo más. Ambos lo sabían, aunque ninguno lo dijera en voz alta.

Finalmente, Paulina guardó sus cosas y se dirigió a la salida.

—Mañana empezamos temprano. Prepárate, Vega.

Él la siguió con la mirada, y por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en el partido ni en la fama. Solo en la mujer que acababa de darle la primera lección de humildad… y la primera sensación de que algo estaba cambiando en su vida.

El estadio estaba en silencio, pero dentro de él, algo rugía más fuerte que cualquier multitud: la certeza de que este partido no había terminado, y que el verdadero desafío apenas comenzaba.



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En el texto hay: romance, enemiesandlove

Editado: 10.03.2026

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