A un segundo de perderte

Capítulo 5

Adrián Vega entró al vestuario con la seguridad de siempre. Era imposible no notar su presencia: alto, atlético, con la confianza de alguien que sabía que todos lo admiraban y dependían de él. Para muchos, era inalcanzable; para otros, irritante. Y para Paulina, era un desafío en cada respiración.

—Buenos días, doctora —dijo él, con esa sonrisa torcida que tanto la irritaba y fascinaba a la vez.

—Buenos días, Vega —respondió Paulina, sin mirarlo, concentrada en los registros de su plan de rehabilitación.

Él se acercó, apoyando una mano sobre la mesa, invadiendo su espacio sin pedir permiso.

—No me digas que no me extrañaste ayer en la cancha —bromeó, aunque había un filo de desafío en su voz.

Paulina alzó una ceja.

—No te extrañé. Solo observé cómo casi te destruyes solo.

Él rió, un poco divertido, un poco retador.

—Eso fue un accidente. Soy la estrella del equipo, ¿recuerdas? No me pasa nada que no pueda manejar.

—Estrella, sí. Pero estrella lesionada —replicó ella con firmeza—. Y aquí nadie maneja nada por sí solo.

Adrián se recostó contra la mesa, cruzando los brazos, y la miró de arriba abajo.

—No estoy acostumbrado a que alguien me diga lo que debo hacer. Normalmente, todos me siguen.

—Pues empieza a acostumbrarte —dijo Paulina, sin inmutarse—. Porque aquí mando yo, y si quieres volver a jugar, tendrás que seguir mis reglas.

Por un instante, él pareció dudar. Su orgullo chocaba con la autoridad de Paulina, y aunque nadie más en el vestuario lo hubiera notado, algo dentro de él se sentía… inquieto.

—Bien, doctora —dijo finalmente, con media sonrisa—. Mostremos de qué se trata esto.

Paulina lo observó mientras se alejaba para preparar el espacio de ejercicios. No podía negar que había algo en Adrián que la desconcertaba. No era solo su arrogancia; había algo más, algo que se sentía peligroso y a la vez intrigante.

Cuando él comenzó a moverse por el gimnasio, ajustando la rodilla con cuidado pero sin perder un ápice de su confianza, Paulina se dio cuenta de algo: la estrella del equipo podía ser su mayor desafío… y su prueba más emocionante.

Porque bajo esa fachada de éxito y seguridad, había una vulnerabilidad que solo ella podía tocar. Y eso, pensó Paulina, era mucho más difícil de manejar que cualquier lesión.



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En el texto hay: romance, enemiesandlove

Editado: 10.03.2026

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