Esa misma semana, da inicio a las clases de fortalecimiento con el profesor Olympico donde allí serán entrenados para mejorar el físico como fuerza, velocidad, agilidad, reflejos, entre otras cosas importantes.
Kaizer sale de su cuarto, muy temprano, para hacer trote alrededor de la academia. Siempre bajo estricta vigilancia de los profesionales dedicados a proteger a cada estudiante que está activo desde temprano. Luego de esto, el chico se regresa hacia los dormitorios para prepararse para la clase.
Después de quitarse la ropa con la que se ejercitó, Kaizer se coloca la vestimenta que consiste en una camiseta azul y pantalones negros obsequiados por Hiroshi en su cumpleaños el año anterior. Antes de colocarse la camiseta, observa por el espejo las cicatrices que tiene en el torso. Se toca las cicatrices con la punta de los dedos. Cada cicatriz que recorre con los dedos, le hace recordar las batallas que tuvo desde que salió de la panadería ya hace un año.
Cualquiera sentiría pavor de continuar con todo lo ocurrido, pero Kaizer sonríe porque a pesar de todo tiene a sus queridos amigos y amigas, y en su mente aparece alguien que es demasiado importante y especial como para sentirse normal o tranquilo.
A pesar de ello, no evita sentirse con cierta tristeza pensar en lo que le está pasando a Lucian. Lanza un suspiro y prosigue a colocarse la camiseta.
Luego de cambiarse sale de la habitación con la mochila colgada en su espalda y se encuentra con varios compañeros yendo en la misma dirección.
En el camino, se encuentra con Kamata, que lo espera para ir juntos a la clase. El espadachín, nota en el rostro de Kaizer una ligera preocupación. Cuando empiezan a caminar a la par, Kamata le pregunta con la mirada puesta hacia el frente:
—¿Estás preocupado por ese idiota?
—Hace varios días que no lo vemos. Los profesores, incluyendo al director, no nos quieren decir. Dime, ¿Cómo no estar preocupado? Algo ocurre y no nos dicen nada. —responde Kaizer con la vista medio cabizbaja.
—Si, es para sospechar, lo entiendo, pero no es como si pudiéramos hacer algo. Somos estudiantes, y meternos en cosas de los profesionales que nos superan sería muy mal visto. —exclama Kamata.
—¿Cómo es que no estas preocupado por él? —se sorprende Kaizer por la frialdad con la que el espadachín habla de un amigo como Lucian. —Somos amigos, hemos enfrentado muchos peligros juntos. —añade.
Kamata no responde. Permanece en silencio durante un par de segundos hasta que abre su boca para responder y a pesar de sentir dudas, él simplemente dice:
—Él aparecerá, y por supuesto que es mi amigo, todos lo son. Solo que preocuparme, y esa persona no confía en mi como para contarme que sucede…supongo que no es necesario decir o hacer algo ¿o me equivoco?
—¿Dices que no tenemos que preocuparnos? —pregunta Kaizer.
—Se podría decir que sí. —responde el espadachín. —Solo tendríamos que confiar en él.
Por la forma en que Kamata aprieta sus puños y el tono en que habla sobre Lucian, indudablemente ve que está preocupado por el chico. Aunque por su estilo y forma de ser, Kamata prefiere no demostrarlo y quedarse como alguien calcular, frio y sin una emoción clara.
Kaizer sonríe suavemente:
—Claro, no podría opinar lo contrario. —desliza él.
—¿Qué cosa? —pregunta el esapdachín.
—No, nada. —niega Kaizer.
—Dime que hablas. —insiste Kamata.
—Enserio, no dije nada. —vuelve a negar.
El chico suspira.
Finalmente llegan hasta la salida de la academia que conecta por intermedio de un pasillo externo hacia otro de los gimnasios del inmenso complejo. En la entrada se encuentran con Megumi, que al verlos a ambos salta sobre ellos y los abraza cariñosamente.
—¿Cómo están chicos? ¿descansaron? —pregunta ella con una agradable sonrisa. Kaizer se sonroja y mira a un costado mientras que Kamata se queja de como ella invade el espacio personal. Está muy acostumbrado a esa altura.
El trío entra al gimnasio, cubierto por un techo que apenas deja pasar la luz del sol y el suelo no es de material duro sino de tierra y césped, emulando terreno irregular de bosque.
El curso recorre muy curioso el lugar, puesto que es la primera vez que están en un sitio con esas características. Llegan hasta el fondo del lugar, donde hay vestuarios con duchas y lockers.
—Es bonito ¿verdad? —aparece Olympico detrás del grupo y causando un enorme susto. —Lo siento, lo siento, jejeje.
—No vuelvas hacer eso profesor. —recrimina Megumi.
—Jajaja, perdón. Es que me entusiasma dar clase aquí. Es nuevo y tengo muchas ideas para poder hacer mis clases. —sonríe Olympico. Tanto Megumi, Kaizer y Kamata se alejan del profesor y su entusiasta carcajada.
Después de conocer el gimnasio, Olympico reúne al curso. Cuenta a cada uno gracias a la lista que lleva anotada en una carpeta. Ninguno está ausenta por lo que se siente más contento.:
—Bien, como ya estamos todos, ¿empezamos? —enuncia Olympico. —Sean bienvenidos a un nuevo año y ahora como segundo de la academia. Sé que el año pasado fue difícil y este lo empezamos demasiado convulsionado, pero créanme que lo vamos aprovechar al máximo. —añade. —Entiendo que hay gran preocupación asi que lo que haremos este año será mejorar la capacidad física de cada uno. Pero lo harán de una manera mucho más drástica. Se me ocurrió empezar a evaluarlos mediante tres estrellas con una categoría en cada una. Una estrella serán asesinos. Dos estrellas asesino sobresaliente. Tres estrellas asesinos Alpha. A medida que transcurra este año tendrán que mejorar su puntaje. Aquellos que no logren mejorar el puntaje, tendrán que venir en las vacaciones para ser reevaluados. Aquellos que mejoraron tendrán aprobada la materia.
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Editado: 29.03.2026