Pocos días después, Hiroshi, Lucy y Olympico se reúnen en un bar muy conocido a las afueras de la ciudad, donde los profesores de la academia suelen ir a beber algo y relajarse después de un día duro de trabajo.
Olympico, como suele pasar, pide una enorme jarra de cerveza, mientras que Lucy pide solo una margarita. Hiroshi llega exhausto. Se pide un poco de licor de chocolate. Olympico entra a beber toda la cerveza de su jarra sin contenerse.
Al ver que le queda la mitad se detiene y mira a Hiroshi:
—¿Otra vez discutiste con Doncaster? —pregunta Olympico.
—Ajá. —responde a desgano.
—Tendrías que haberle hecho la propuesta de entrenar a los chicos. —exclama Lucy.
—Dudo que acepte algo así. Podría generar discordia entre muchos estudiantes y profesionales. No lo entienden. Kaizer, Megumi, Kamata, Maia, Vorex, Lucian, esos chicos no son ordinarios. Si no vemos virtud en el futuro, estamos condenados a revivir el pasado. —dice Hiroshi mientras da pequeños sorbos a su licor.
—Estoy de acuerdo, pero incluso si pudiéramos entrenarlos mejor, la situación de Lucian los tiene muy entristecidos. ¿Hace cuanto no lo ven? —pregunta Lucy.
—Casi dos meses. —responde el espadachín.
—Es mucho tiempo. —dice Olympico tras terminarse su jarra de cerveza de malta.
Los tres dedican varios minutos para pensar una manera de, al menos, lograr el cometido de que los chicos accedieran a un nuevo nivel de entrenamiento. Uno que los haga mejorar para el futuro.
Olympico se levanta abruptamente con otra jarra casi vacía. Su sentido de orientación está comprometido debido al efecto del alcohol. Pero incluso con eso encima, lanza una idea particularmente interesante:
—¿Qué pasaría si…enviamos… hip…a los chicos…a la mansión Lorax…hip? —propone Olympico entre mareos y palabras trabadas por su lengua.
—Esa es una brillante idea. —se sorprende Hiroshi.
—¿Hacer un ataque contra una casa noble? ¿de qué hablas? ¡Es una locura! —se inquieta Lucy.
—No, tiene todo el sentido del mundo. —deja escapar Hiroshi.
—¿Huh? ¿en qué? —pregunta ella.
—Lucian tuvo que ser enviado de regreso a su casa por temas de seguridad. Si cuatro estudiantes atacan el lugar, evidentemente no era del todo seguro. —explica Hiroshi.
Una sombra se apresura por la espalda de los tres profesionales:
—Evidentemente esta conversación de borrachos deja mucho que desear, sobre todo la idea de atacar mi casa con unos chicos de segundo año. —aparece por detrás Baltazar.
Los tres asesinos se voltean y ven al joven miembro de las leyes:
—Baltazar. —exclama Hiroshi con ligera preocupación.
—Descuiden. No vengo hacer nada. Escuché su conversación y en realidad les tengo otra propuesta. Una mejor que esta porquería. —dice la joven ley viviente con la seriedad típica de él.
AVAVAVAVAV
Días más tarde en el dojo, Kamata entrena desde muy temprano con los otros estudiantes que se han incorporado recientemente al club de kendo. Se despierta temprano, cerca de las cuatro de la mañana, corre alrededor de la academia. Luego regresa a la habitación para recoger a Abbadon y a las cinco de la mañana se dirige al dojo donde se reúne con los demás para practicar.
Cuando llega la hora para ir a clases, se despide de sus compañeros de club para ir al salón. Eso en los días de semana, pero los sábados y domingo, usualmente los destina para entrenar solo o acompañado.
El día es muy fresco, pero no evita que cerca de cinco estudiantes y miembros el club de kendo acompañe a Kamata con intensos entrenamientos como postura con la espada, formas de desenvaine y hasta busca la manera de crear una forma de pelea con ella.
En el mundo de las espadas existen formas de pelea que solo los grandes maestros espadachines han logrado con muchos años de entrenamiento. A veces, practica cerca de doce horas solo para dominar ese arte y crear su propio estilo. Muchas veces acaba frustrado y lanzando feroces cortes que casi destruyen, en ocasiones, la pared del dojo hasta que recuerda a Kotomi y se calma dejando su molestia contenida.
Después de ver la hora y encontrarse con que son casi las once de la mañana y no descansó, ni él ni los miembros del club, decide optar por hacerse un espacio para comer y beber algo:
—Vayan a dormir, comer o descansar. Nos vemos en una hora. Quien no pueda seguir el paso, que se tome el día. —dice Kamata a, exactamente, doce estudiantes con espadas de madera en sus manos.
Sale del dojo, no sin antes tomar una botella de agua fresca.
Siente el viento frío recorrer por su piel. Cierra los ojos y deja que el frío otoñal lo envuelva. Podría considerarse otro tipo de entrenamiento, basado en manipular la temperatura corporal. Calma su agitación tras entrenar muchas horas sin parar.
Camina lejos del dojo hasta que la presencia de Hiroshi lo hace dirigirse hacia él:
—Hiroshi ¿pasa algo? —pregunta el chico.
—En lo absoluto. ¿Cuánto llevas entrenando? —pregunta Hiroshi, curioso.
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Editado: 29.03.2026