Ese día, muy temprano, Kaizer es abordado por Olympico, que interrumpe al chico mientras se dirigía hacia la zona de entrenamiento de combate cuerpo a cuerpo. El profesor se predispone con una feroz seriedad, casi como si tuviera algo que decirle al chico y fuera de gran impacto e importancia para el grupo de estudiantes.
Los dos recorren los límites de la academia que comparte con el bosque salvaje, donde Vorex vivía plácidamente hasta hace tiempo atrás.
Después de varios minutos sin hablar, Olympico rompe el silencio una vez llegan a lo más profundo del bosque. Los árboles dejan de ser pequeños para ser enormes e imponentes recuerdos de que la naturaleza es antigua e implacable si se la subestima. Olympico se detiene y encara al chico, señalando unos grabados sobre una vieja roca:
—Dime, Kaizer ¿Qué crees que dice esta roca?
Kaizer observa la enormidad de la roca. Midiendo unos dos metros y una forma particular la hace destacar, como si se tratase de un diamante. El profesor le repite de nuevo la pregunta rompiendo el trance del chico:
—Eh…ah, sí, perdón. Seguramente sea algo muy importante pero no se en que lenguaje sea. —responde Kaizer.
Olympico lo mira y se ríe. Vuelve a señalar a la estructura dura con forma de diamante:
—Yo tampoco sé que dice. Hay leyendas que hablan de la existencia de una piedra donde explica el origen de la orden y que data de mucho tiempo antes de nuestra llegada a Antares ¿puedes creerlo? —exclama Olympico.
Los ojos de Kaizer se iluminan con solo escuchar un indicio de la historia. No podría pedir más.
Olympico suspira, pues no puede seguir contando más. Tampoco no es como si tuviera las respuestas a ese momento histórico, apagado para siempre por alguna especie de hecatombe.
La honestidad con la que Kaizer se queda mirando al profesor, esperando por más información, le rompe el corazón al asesino:
—Inclusive ¿puede que haya algo…? —pregunta Kaizer.
—No lo menciones. Ni me preguntes. —interrumpe Olympico. —Lo siento niño. No puedo decirte nada más. La razón por la que existen estas enormes rocas, es para que las futuras generaciones logren lo que las anteriores no. Puede que nadie sepa lo que dicen, pero estamos seguros que en muchos años más en el futuro sean revelados. Quizás no sea el momento. Al menos no aún, pero confiamos en que ese momento se acerque.
—¿Por qué me has traído aquí entonces? —pregunta Kaizer.
—No es de extrañar que lo preguntaras. La razón es tan simple como el pequeño rio que ves a escasos metros de nosotros. En cuestión de semanas, tienen planeado ir a rescatar a Lucian ¿cierto? —dice Olympico.
—¿Cómo es que? —pregunta Kaizer.
—Descuida. No planeamos llevarles la contraria. —interrumpe de nuevo el asesino profesional. —Decidimos entrenarlos en ese lapso de tiempo. —revela.
—¿Entrenarnos? ¿no van a detenernos? —se sorprende Kaizer.
Olympico se acerca a un enorme tronco y de un salto se sienta sobre él. Alza su mirada para observar a las aves volar entre los árboles y sus ramas. No se esperaba tener que apostar a algo tan arriesgado y todo a petición de una leyenda viviente. Hiroshi y Lucy tampoco estuvieron de acuerdo, pero quizás no sea tan malo si eso ayuda a mejorar a los chicos. Eso lo pensó en su momento, cuando escuchó la propuesta en aquel bar.
Entonces, Olympico deja escapar una leve sonrisa. Vuelve la vista hacia Kaizer. El chico hace una mueca de confusión ya que no había hablado ni respondido nada durante un minuto exacto:
—¿Detenerlos? ¿Cuándo ha servido eso si la voluntad de ustedes es tan grande como nuestro mundo? No, si van hacer esto entonces lo harán a lo grande. Se volverán más fuertes. Y solo para que lo sepas, no vamos a intervenir. —dice Olympico.
—Lo sé. No tendría sentido mejorar si al final vamos a depender de ustedes. —responde Kaizer con una expresión de orgullo.
—Ciertamente es como dices. Además, si nadie sabe que irán puede que hasta sea una enorme ventaja. —vuelve a sonreír el profesor en tono bromista.
Con entusiasmo, Kaizer da pequeños saltitos sobre su sitio. Su presentimiento es que está en ese lugar, no solo para un pequeño acertijo sino para algo más que lo pondría a prueba. Se prepara con gusto. Desea aprender y hacer más fuerte.
El enorme asesino se va poniendo de pie mientras que una sonrisa recorre su rostro de lado a lado. Lo único que teme de eso es que Kaizer no pudiera afrontarlo, ya que ambos son combatientes para el cuerpo a cuerpo y aunque el chico sea un diamante en bruto, no podría ser capaz de vencerlo solo a base de fuerza bruta.
Pero si el objetivo es ir a por Lucian, y salir con vida de esa mansión, entonces no hay excusas y lo más lógico es ir con todo como cuando decidieron rescatar a Megumi, y acorralar a toda una facción de peligrosos criminales del underworld:
—E-Espera. —Kaizer deja de saltar. —¿Y los demás? —pregunta.
—No te preocupes. Ellos van a entrenar. Tanto Hiroshi como Lucy estarán a cargo. Tú solo tienes que priorizar tu propio entrenamiento, el cual será bastante riguroso. Lo entiendes ¿verdad? —advierta Olympico.
—Si, claro. —se pone serio el chico.
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Editado: 19.04.2026