El tiempo decretado para entrenarse ha finalizado y con ello la ansiedad de los chicos está a flor de piel. Casi cuatro meses sin saber nada de Lucian los tiene convencidos de que con la fuerza adquirida podrán rescatarlo de su prisión llamado hogar.
Olympico los reúne en el bosque, donde nadie puede molestarlos ni escuchar nada sobre el plan, que de por sí es arriesgado y casi prohibido. Un tabú podría decirse que es.
El profesor le acerca a Kaizer unas capas para cada uno con colores que los define. Sin más, él las recibe y entrega a sus amigos y compañeros. Luego mira a Olympico:
—¿Qué son estas capas? —pregunta Kaizer.
—Las necesitarán. Son tácticas. —responde Olympico.
—Ya es hora de irnos. —dice Kamata a Kaizer.
—Ajá. —asienta Kaizer con la cabeza. —Profesor, ¿Qué ruta es mejor tomar? —pregunta para conocer el camino y establecer rutas de escape por si sale mal.
—Buena pregunta. Según lo que pudo averiguar Hiroshi, tienen que seguir el camino que va desde la academia hasta el norte. Al menos tendrían que caminar unos veinte kilómetros. Suena alejado pero el campo que usualmente ven junto a la academia y limita con el bosque, tienen que pasar más allá. Apenas pasan el campo se encontrarán con un muro. Es parte de los terrenos del hogar de Lucian.
—Perfecto. —exclama Kaizer.
—¡Estoy demasiado nerviosa por volverlo a ver! —exclama Maia con mucho entusiasmo.
—¡Si, yo también! —acompaña Megumi en sentimiento.
Kaizer las ve muy contentas. No evita sonreír con solo verlas así, pero se siente inquieto con lo que gira en torno a Lucian:
—Olympico. —dice Kaizer.
—¿Que pasa? —pregunta el profesor.
—¿Qué pasará si tenemos que pelear? —pregunta el chico.
—Pase lo que pase no pierdan de vista lo que desean. Ese será su eje ¿comprenden? —exclama Olympico.
Los cuatro estudiantes asienten con la cabeza llenos de determinación. Kaizer con su mirada intensa. Maia chocando su puño con la palma de la mano. Megumi con ambos puños a la altura del rostro y asintiendo con la cabeza. Kamata aferrado a Abbadon y sereno:
—Bien, entonces nos marchamos. —anuncia Kaizer.
—Esperen. —los detiene Olympico. Les entrega un papel pequeño con números escritos en él.
—¿Qué es esto? —mira Kaizer el papel.
—Son coordenadas. No es donde se encuentra la mansión Lorax, sino donde ubicar a un transporte. Descuiden, es un buen amigo mío. Me debe un favor, además. Dígale que van de parte de Olympico.
—Muchas gracias profesor. —agradece Kaizer.
Antes de que los chicos salgan del bosque y emprendan rumbo al hogar de Lucian, Olympico los detiene con una última cosa. Algo que siente que debe contarles a ellos, incluso desde hace tiempo, pero las oportunidades fueron escasas a pesar de quizás haber ido contra los deseos de Lucian:
—Una cosa más. —exclama Olympico.
—¿Sí? —pregunta Kaizer. Los cuatro se dan media vuelta.
—Supongo que no lo sabían, pero Lucian…él es de la casa noble Lorax y…—dice el profesor.
—¿Tendría que afectarnos eso? —pregunta Kaizer.
—¿Qué? —se sorprende Olympico.
—Él es nuestro amigo. —responde Megumi.
—Si es un noble o no, eso no cambia en nada lo que significa para nosotros. —continúa Maia.
—Podrá ser un tonto irritante, pero sigue siendo de nuestro grupo. —termina Kamata.
Olympico deja que se vayan. Se queda en silencio mientras que esa unión tan humana, humilde y sana entre ellos le recuerda sus épocas de estudiante con Lucy, Hiroshi y Silver. Cuando eran risas y misiones exitosas. Todo eso antes de la tragedia que cambiaría para siempre sus vidas:
—Malditos mocosos. No deberían hacerme sentir así. —sus ojos se tornan cristalinos llenos de lágrimas. Mira hacia arriba con una brisa que golpea levemente sus mejillas. Los árboles se mueven al compás del viento otoñal. —Silver, esta generación va a ser mucho más problemática ¿verdad? —sonríe entre lágrimas mientras piensa en silencio.
Desde la oficina del director, Lucy e Hiroshi observan junto con Doncaster como se alejan los chicos.
La profesora no evita sentirse nerviosa por ellos, más en particular por las dos chicas que a pesar de haber mostrado una enorme progresión, no se ve que fuera una misión sencilla. No al menos con la información que Hiroshi recolectó. Aún así, junta sus manos como si rezara por ellas y el éxito de la misión:
—Chicas, ustedes pueden. Demuestren de que están hechas. —piensa Lucy.
—Bien. Es hora de movernos también. —dice Hiroshi.
Lucy gira su cabeza para mirar a Hiroshi. Asienta con su cabeza:
—Procuren no intervenir. Háganlo si es necesario. —dice Doncaster.
—¿Sigues creyendo que lo que nos pidió Baltazar es lógico? —pregunta Hiroshi.
—No, no lo creo. Aún así ¿no sientes curiosidad de cuanto han mejorado? —mira el director al espadachín.
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Editado: 19.04.2026