Academia de Asesinos Volumen 5

Capítulo XIII: Talento monstruoso

Lucian deambula por los pasillos con muchos nervios. El personal de seguridad y las sirvientas no dejan de aplastar su espacio privado, acercándose y priorizando que no escape ni esté en peligro.

Le harta esa situación, pero no hay mas nada que pueda hacer.

Después de perder el tiempo en la planta alta, decide que es mejor ir a comer algo y dejar de pensar en irse. Baja por las escaleras cuando se oyen explosiones y movimientos de la seguridad hacia afuera de la casa.

Lucian intenta acercarse a una de las ventanas del comedor para ver que pasa, pero Herrar lo detiene al interponerse entre el chico y la vista hacia el bosque y la defensa de la mansión Lorax:

—Lo siento, pero tendrás que quedarte adentro y lejos de ventanas y puertas. —exclama Herrar con total seriedad.

—¿Qué está pasando? —pregunta Lucian con preocupación.

—Nos están atacando y no sabemos quienes o cuantos son. Lo mejor es que regreses a tu alcoba. —le dice Herrar.

Lucian no tiene de otra más que asentir con la cabeza. Los guardias de seguridad lo escoltan de regreso a la habitación mientras que Irya se aparta y coloca unos guantes de metal con pues en los nudillos y cadenas a los extremos:

—Herrar. —llama Irya.

—¿Sí? —pregunta Herrar dándose la vuelta para mirarla.

—Puede que no haya mucha posibilidad, pero las hay, ¿Qué pasaría si fueran ellos? —pregunta la mujer con expresión de preocupación.

—Nuestra misión es sacarlos de aquí como de lugar. Enfrentarlos si es necesario y si…bueno, nos vencen, supongo que así serán las cosas. Pero en lo que a mí respecta y según nos han dicho, no tenemos que menospreciarlos. —asegura Herrar.

—Es que son unos niños. No podría. Además, son amigos del señorito. —exclama Irya con mucho pesar.

—Niños o no, enfrentaron a criminales buscados en el continente. Dejaron de ser unos niños hace tiempo. —responde Herrar.

Hoichi llega apurado para informar acerca de la situación. Su rostro indica superación emocional. Algo que pocas veces se ve en asesinos, aunque de calibre menor:

—¡Señor! ¡Tenemos graves problemas! ¡están avanzando por la entrada! —exclama Hoichi.

—¿La entrada? ¿y las cuatro fases defensivas? Hay al menos quince hombres apostados entre esas cuatro. —se sorprende Herrar.

—Todo sucedió muy rápido. Solo uno escapó para poder informarnos. El resto está inconsciente. —informa Hoichi.

—No los mataron. Bien, quiero que cierres la entrada y pon en alerta a todos. Si están por llegar a la entrada quiero que todos…—dice Herrar.

—Señor, ya es muy tarde. —exclama Hoichi.

—¿Huh? —Herrar lo mira confundido.

—Ya están atacando la entrada. Se lo acabo de decir. —dice Hoichi.

—Carajo. —deja escapar el jefe de seguridad.

Rápidamente desenfunda dos cuchillas y moviliza a todo el personal disponible hasta la puerta de la mansión. En el camino hasta la salida, Irya se separa para alertar a las sirvientas que conforman un cuerpo especial de asesinas dedicadas a la seguridad dentro de la casa, a diferencia de los demás que protegen los alrededores de los terrenos de la mansión.

En el momento en que llegan a la puerta, una particular sensación de peligro recorre el cuerpo de Herrar. Sus manos tiemblan aun sosteniendo las armas. Aprieta los mangos con fuerza y traga saliva. Mira a Hoichi y asienta con la cabeza para que abra la puerta. Entonces, el guardia extiende su mano hacia la perilla, la gira y empuja la puerta.

Cuando se abre por completo, Herrar sale y ve a los guardias que quedan aguantar todo lo que pueden frente a cuatro chicos. Una chica está distante, pero con las manos extendidas hacia el frente. Se percata de que usa una habilidad que le permite detectar enemigos cercanos. La ve como una amenaza, pero no peligrosa.

Su mirada se desplaza hacia Kaizer. Reconoce el peligro que representa el chico, muy por arriba de los demás incluso más que Kamata. Al vencer al último guardia de la entrada, tan solo quedan Hoichi y Herrar frente a ellos. No se apartan de la puerta.

El jefe de seguridad da unos pasos y extiende su mano con el arma apuntándole a Kaizer:

—Fue mala idea haber venido hasta aquí. —dice Herrar.

—Solo queremos ver a nuestro amigo. Y también que vuelva con nosotros. —responde Kaizer.

—¿Eso es todo? Pueden llevárselo entonces. —dice Herrar.

—¿E-Enserio? —se entusiasma Kaizer. Detrás los demás muestran expresiones ingenuas.

—Claro que no. Mis ordenes son no permitir al señor Lucian regresar a la academia. Y es justamente lo que haremos. Aunque tengamos que dañar de por vida a unos niños. —se inclina hacia el frente en posición de combate con ambas cuchillas en sus manos llevadas hacia atrás.

Hoichi suspira. Lleva su mano hacia la espada que cuelga en su cintura mientras una gota cae desde el cielo nocturno cubierto de nubes hasta la mano apretando del mango.

Kaizer siente el impulso de poner la guardia en alto:

—Ese hombre es muy fuerte. Puedo notarlo con solo ver lo firme que está en su postura. No hay que subestimarlos. —murmura Kaizer a sus amigos.




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