Kaizer y Kamata suben las escaleras, Herrar escolta a los chicos hasta llegar al primer piso. Allí ven a Maia y Megumi, sentadas junto a la pared con varias heridas que a simple vista se ven terribles, pero son apenas rasguños ejecutados con una precisión aterradora.
Las sirvientas tratan a las jóvenes mientras que Irya se acerca a los muchachos con expresión maternal. Tiene el rostro con rastros de agotamiento muy visible. Una de sus manos tiene sangre que no le pertenece. Inmediatamente Kamata y Kaizer dan un paso al frente para confrontarla. Herrar los detiene y señala a las chicas que se levantan con ayuda de las empleadas domésticas que protegen el interior de la casa:
—Ustedes deben ser Kamata y Kaizer ¿cierto? —Irya se inclina hacia adelante para presentarse. —Veo que están preocupados por sus amigas. Descuiden, están bien. Intenté no atacar tan duro, aunque debo reconocer que…—levanta su mano que entre temblores la observa. —Fueron muy duras de derrotar. Son muy fuertes y decididas.
—Supongo que perdimos. —dice Kaizer en tono infeliz.
—Desafortunadamente, señoritos, sí. Aunque tampoco puedo menospreciar esa voluntad de querer ayudar a un amigo. —reconoce los chicos. Camina entre ellos hacia la escalera. —Por favor, síganme. Él no está en la habitación. Cuando inició el ataque, lo escoltamos a su habitación, pero en medio del camino optó para ir al subsuelo para entrenar.
—¿Tienen un subsuelo como campo de entrenamiento? Ja, la vida del rico ¿verdad? —desliza Kamata a modo de broma, pero todos lo miran de manera incómoda. —¿Qué? ¿Qué dije?
Megumi corre hasta Kaizer y se funden en un abrazo lleno de amor. Ella intenta no llorar, debido a la impotencia de no haber podido superar la prueba. Sintiendo que su entrenamiento no sirvió de nada, se aferra al pecho del chico, intentando tampoco no verlo a la cara de la vergüenza:
—¿Estás bien? —pregunta Kaizer.
—Si. —responde ella en seco.
Le levanta el rostro a Megumi y da un beso muy corto pero que luego se complementa con un abrazo mucho más profundo y cálido. Le acaricia la cabeza y ella sonríe. Sin decirse nada luego, se animan a continuar sin importar lo que ocurra.
Irya invita a todos a seguirla.
En ese momento, una sensación de inestabilidad recorre el cuerpo de Kamata y hace que mueva su mano de manera involuntaria. Solo un temblor que no toma como importancia.
Irya los guía bajando las escaleras y luego giran por una esquina. Al llegar hasta detrás de la escalera, ven una escotilla la cual está rodeada por algunos muebles con flores y espejos. Dicha escotilla está a simple vista, nada oculta. Entonces, la mujer se agacha y extiende su mano para abrir la compuerta. A un costado hay un farol de aceite, el cual toma y enciende con un fosforo.
Bajan por unas escaleras e Irya ilumina el lugar. Solo hay un túnel de concreto, pero sin luces más que una palanca que se encuentra muy adelante y que enciende la luz de todo el lugar. Siguen a Irya, que ilumina el camino a paso calmado. Se voltea a los chicos:
—Este lugar fue construido hace unos seiscientos años para mantener a los esclavos dentro de la casa y no afuera donde se escapaban. Aunque en los últimos cincuenta años empezó a sufrir modificaciones en base a las necesidades de la familia Lorax. —explica Irya.
—Esclavistas. ¿Por qué no me sorprende? —dice Kamata de manera sarcástica.
—¡Kamata, ten más tacto! —regaña Megumi.
Megumi tironea la manga de la ropa de Kamata. Dirige su mirada hacia Megumi, quien hace una mueca para que vea a Maia. La chica está cabizbaja, frustrada y deprimida.
Kamata camina lento para colocare a la par de Maia:
—Sabes que lo dije en broma. —dice Kamata.
—Ajá. Lo sé. —exclama Maia.
—No estes nerviosa. Estamos muy cerca. —dice Kamata.
—Haaaa, ya sé. Solo déjame sola ¿quieres? —pregunta Maia.
—Cla…claro. —se inquieta Kamata. Acelera el paso hasta Megumi. —Oye, creo que está muy enojada. Seguramente le haya afectado lo que dije sobre Lucian. —susurra a Megumi.
—No es eso, tonto. Ella está muy preocupada por Lucian y el que no haya podido ganar la pelea. Se siente frustrada…al igual que yo. —exclama Megumi.
—Supongo que, en cierta forma, todos nos sentimos así. —dice Kaizer en tono amargo.
—Yo no. —interrumpe la catarsis.
Tanto Kaizer como Megumi empiezan a regañar a Kamata por no analizar el ambiente. Irya y Herrar se quedan mirando, entre risas, pero Maia sigue sin saber como reaccionar o que pensar. Creyó que habría mejoras, pero solo recuerda como Irya aplastó los esfuerzos con suma facilidad.
En este punto, Maia se quiebra y con fuerza golpea la pared. Su rostro está cabizbajo y las lágrimas, no son visibles, pero caen como gotas sobre el concreto. De Maia se oye también jadeos. Irya se da cuenta así que le entrega a Herrar el farol para que guíe él al grupo. Mientras se acerca a Maia.
La jefa del personal doméstico sabe lo que significa Lucian para ella y viceversa, así que se acerca y la envuelve con sus brazos para apaciguar la ansiedad y tristeza en la chica. El gesto de Irya toma por sorpresa a Maia, pero, naturalmente, reacciona respondiendo con lo mismo, un abrazo seguido de un breve llanto, silencio, pero llanto al fin:
#2638 en Novela contemporánea
#7771 en Otros
#1445 en Acción
psicologico, fantasía drama, romance accion magia aventura violencia
Editado: 10.05.2026