Academia de Asesinos Volumen 5

Capítulo XVI: La oveja negra parte 2

Quince años antes…

En una habitación dentro de la mansión Lorax se oye el ruido de un bebe recién naciendo del vientre de su madre. Las sirvientas corren apuradas por los pasillos, portando cubetas llenas de agua, paños y medicamentos para la madre.

El entusiasmo es total, puesto que al anunciarse que es un niño el patriarca de la casa noble está estallando de felicidades. No hay nada mejor para un noble que toda su progenie sean hombres. Eso permitiría perpetuar la casa incluso una generación más.

Con el nacimiento del segundo hijo, Fisauro comienza los preparativos para que el niño, llegado a una edad, pueda ser instruido junto con su hermano mayor de apenas tres años, Baltazar, y perfeccionar sus habilidades. Su madre, Jira, era especialmente bondadosa con ellos, aunque en parte es porque desea ver como las habilidades se desarrollarán en ellos.

Sin embargo y con el correr del tiempo, Lucian no manifiesta sus habilidades relacionadas con la casa Lorax. La paciencia empieza a agotarse en Fisauro y Jira trata de mantener el optimismo, pero cuando él cumple los cinco años todo cambia.

De la oficina se oyen las discusiones entre Fisauro y varios miembros de otras casas. Le recomiendan abandonar al niño en el norte en algún orfanato. Otros aconsejan darle fin a su vida. La idea es muy clara, su existencia es un pecado que los Lorax no pueden permitirse. Ni siquiera consideran que les de algo a cambio como casamiento por conveniencia.

El niño, durante ese tiempo, recibe el apodo de “el ineficiente error” y solo con ese mote se dirigen sus padres.

El desdén es tal, que no se le permite compartir en la misma mesa que sus padres. Durante las salidas familiares solo se llama a Baltazar y hasta la mayor atención posible va dirigida hacia el mayor.

Ante esa falta de amor por parte de sus padres, Lucian se refugia en la paciencia, el amor y la sabiduría de las sirvientas y los miembros del cuerpo de seguridad. A pesar de que recibieron órdenes de tratarlo como basura, Irya, jefa del cuerpo de sirvientas y Herrar, capitán de la seguridad, no lo consideran como tal y lo tratan con mucho afecto como si fuera un hijo propio.

El tiempo pasa, Lucian con siete años se acerca hasta la oficina de Fisauro donde está leyendo un libro y bebe un vino muy caro del este. Fisauro se da cuenta porque observa una pequeña sombra reflejada por las llamas de la chimenea. Un solo chasqueo de sus dedos hace que el niño sea envuelto en un domo defensivo que no le permite avanzar. Gira su mano y lo va cerrando, haciendo que el domo también se comprima quitando no solo la capacidad de movilidad a Lucian sino también el oxígeno se vuelve escaso:

—¡P-Padre, por…favor! —intenta gritar Lucian.

—¿Qué crees que haces maldito mocoso? ¿no te dije que no te acerques aquí? Veo que tendré que golpearte de nuevo. —se levanta Fisauro de su sofá y quita del pantalón un largo cinturón con punta filosa.

—Lo siento mucho, padre, ¡por favor, no me golpees! —se arrodilla Lucian y ruega.

—¿Acaso es un mal chiste? Te he dicho miles de veces que no me digas padre y tu vienes ¡¿y me dices padre dos veces seguidas?! —se enfurece Fisauro.

—Perdón, perdón. —rompe en llanto el niño. —Solo vine para pedirle que me entrene, por favor.

—¡Jajaja! ¿tu? ¿un mocoso que tan solo su existencia es causa de eterna vergüenza para tu familia? No tienes ningún derecho para sentarte en mi mesa, no tienes derecho para hablarme y por supuesto que tampoco tienes derecho para ser entrenado. Eres una existencia que no tiene que vivir y da gracias que nosotros te damos la oportunidad. Ahora hazme el favor de irte. Haces que mi vino me sape a orina de zorrino, inservible. —exclama Fisauro con mirada fría y desalmada hacia el pequeño niño.

Lucian es liberado del domo que creó su padre.

El niño se da media vuelta y camina hacia la puerta, abriéndola y saliendo del lugar que para él es prohibido.

Sus pequeños pasos son silenciosos y carente de confianza. Las sirvientas que pasan por su lado le tocan el cabello como una cálida muestra de afecto y los guardias que se cruzan con él chocan el puño. Sirvientas y guardias, se convierten en su verdadera familia.

Cuando dobla por una de las esquinas en el pasillo, ve a su hermano cruzado de brazos y algo agitado. Lucian no podrá tener habilidades especiales, pero apenas con siete años, desarrolla una capacidad para observar y analizar detalles de manera excepcional:

—¿Nos escuchaste? —pregunta Lucian con cierta vergüenza.

—¿Qué? No, no, para nada. —responde Baltazar disimuladamente.

—Ah. —dice Lucian.

—¿Qué pasa hermanito? —pregunta Baltazar genuinamente preocupado por su pequeño hermano.

—Nada. —responde Lucian con ojos cristalinos por lágrimas contenidas.

—Okey. Hagamos esto. —dice Baltazar.

—¿Qué? —pregunta Lucian muy curioso.

—Mañana a las tres de la tarde en el subsuelo. Madre y padre tienen una reunión importante así que nos vemos ahí. Tranquilo, ellos no saben lo que dicen o hacen. No los culpes. Solo quieren lo mejor para nuestra familia. —exclama Baltazar.

—O para ellos. —añade Lucian.




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