Los chicos se sorprenden por el reto de Kamata a Lucian. Es cierto que ambos no suelen llevarse de la mejor manera, pero jamás hubieran imaginado que el espadachín sea capaz de desafiar a Lucian. Megumi intenta acercarse a Kamata para calmarlo, pero en cuanto da un pase, siente una brisa agresiva emanando del chico que provoca una fuerte tensión en el ambiente.
Megumi siente como su cuerpo se petrifica solo con sentir esa brisa. Kamata no es capaz de dirigirle la mirada porque el objetivo es Lucian.
El espadachín da un paso hacia el tirador y exclama con autoridad demencial y voz completamente alterada por la esencia Abbadon:
—¿Y bien? ¿Qué respondes? ¿tienes agallas o vas a seguir dando lastimar y dependerás de los demás?
Esas palabras tocan una fibra sensible en el chico:
—¡Kamata, ya basta por favor! —exclama Maia intentando prevenir un problema mayor.
Sin embargo, el espadachín no responde. Ni a Maia, ni a Megumi.
La albina se arma de valor y va a confrontarlo, pero una vez más, Abbadon se lo impide y como parte de la sensibilidad especial de ella, siente mucho dolor e incomodidad en el cuerpo.
Inmediatamente Kaizer se interpone entre esa peligra tensión y Megumi. Abre sus brazos y mirada decidida detiene el fenómeno:
—¡Ya basta Abbadon! —exclama Kaizer.
—Oh, un chico inteligente. Me sorprende viniendo de ti, Kaizer. —dice Abbadon a través de Kamata.
—¿Qué es lo que quieres? ¿Dónde está Kamata? —pregunta Kaizer.
—Deberías saberlo. Sabes quién soy, me imagino. No por nada conoces mi nombre desde hace un tiempo. —responde Abbadon.
—Si, es cierto. Aun así, no sé cuál es tu objetivo. —dice Kaizer.
—Busco a alguien, pero no es como fuera sencillo de satisfacer esa necesidad. Hasta no reencontrarme con ese alguien, no hay nada que se pueda hacer. —explica Abbadon.
—Pero ¿es necesario todo esto? Podríamos ayudarte. —dice Kaizer.
—Llego cientos de año en esta forma, matando a mis potadores. No hay mucho que hacer. Ya tu amigo está bajo mi control. Un solo instante fue suficiente como para permitirme controlarlo. —disfruta Abbadon.
—No vamos a dejarte. —dice Megumi.
—¡Esperen! —grita Lucian. Todos dirigen la mirada hacia él. —Esto ya se veía venir. No hace falta que intercedan. Kamata…o Abbadon…da igual. Si tantas ganas de pelear conmigo tienes, entonces que así sea. Ya me dejé amedrentar por mucho tiempo. Ahora tengo más confianza en mí mismo y en lo personal prefiero enfrentarme en serio con un amigo.
—¿Estás seguro? —pregunta Kaizer.
—Descuida. No estuve durmiendo y comiendo todo este tiempo. Incluso me siento tan preparado que podría enfrentarme a Alex, jajaja. —enuncia Lucian con una confianza mentirosa.
Luego se dirige a Abbadon:
—Escucha, Abbadon, si te venzo tendrás que dejar a Kamata en paz ¿me oíste? —exclama Lucian mientras señala con el dedo.
—¡Jajaja! Tremenda confianza e inútil. Está bien. Si tanto confías en tu victoria, bienvenido sea tu llanto al no lograrlo. —responde Abbadon, sobrado de confianza.
Después de ese intercambio de fuertes palabras cargadas de confianza, Lucian y Kamata se mueven hacia dentro de un círculo apartado del escenario de entrenamiento. Ese círculo es usado cada tanto para los entrenamientos de cuerpo a cuerpo por lo que para ese enfrentamiento sirve.
Maia y Megumi miran preocupadas, sobre todo la pelo azul.
A pesar de que Abbadon controla el cuerpo de Kamata, se nota mucho el cambio corporal del espadachín. La mirada no es la misma, siendo inundada de una locura inhumana. Debajo de los ojos se desarrollan ojeras muy pronunciadas y una sonrisa de enorme locura que roza lo maniático. Kaizer está intranquilo, por ese motivo toma una decisión algo arriesgada. Se acerca hacia el círculo hasta meterse dentro:
—¿Kaizer? ¿Qué haces? —pregunta Lucian.
—Voy a ser el réferi de este combate. —enuncia Kaizer.
—¡¿Qué?! ¡No lo hagas, no te arriesgues! —exclama Lucian.
—¡Esa no es tu decisión Lucian! —responde Kaizer. —Quiero evitar que se maten entre sí solo por esta tontera. —continua.
—Kaizer…
—Por mí está bien. Morirán de igual manera. —advierte Abbadon. Desenvaina la espada y en cuanto extiende su mano hacia Lucian, una ventisca feroz lo envuelve y expande hasta Lucian.
—¿Huh? —Lucian observa como sus manos tiemblan. —Entonces vas con todo. —sonríe de forma incómoda. —De acuerdo, no voy a retroceder entonces. No ahora que por fin me reuní con ellos. —piensa. —Cuando digas, Kaizer. —dice mirando a su amigo.
Kaizer asienta con la cabeza. Mira primero a Abbadon, lo ve muy ansioso y dispuesto a usar la espada para causar daño a su rival. Luego mira a Lucian, a diferencia de Abbadon, está dubitativo y con temblores en las manos.
Megumi siente como la presión le carcome el cuerpo. Su sensibilidad es la mayor maldición pues incluso siente como el corazón de su mejor amigo es corrompido enormemente latiendo anormalmente:
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Editado: 27.05.2026