En las estepas de las tierras de Ironland…
La situación es completamente caótica con un estado de alerta que sacude al territorio. Usualmente, cuando algunos de los cinco territorios de Antares entran en estado de alerta, los demás deben saberlo. Ironland afronta una situación de aislamiento que poco a poco desencadena una serie de ataques terroristas.
Ni el crudo invierno de aquellas tierras, ni la fortaleza de su gente es capaz de enfrentar a múltiples enemigos desparramados en distintos puntos como si buscasen debilitar a la orden desde ese lugar.
Dekkman, el director de Ironland y administrador del territorio, se encuentra recorriendo los pasillos de piedra de la academia, ubicada en el centro y fuertemente vigilada. Sin embargo, las noticias no dejan de llegar. El hombre había predicho que la atención del enemigo estaría centrada en esas tierras, debido a que los pasos transitables se cierran en invierno por el aumento de las nevadas en épocas intensas.
Dekkman se apresura para organizar una reunión con los capitanes de los “vaktmenn”, la guardia de Ironland que protegen tanto las fronteras como las costas y son el escudo interno. A diferencia de organizaciones oficiales como las leyes vivientes, los vaktmenn se mueven y tienen jurisdicción dentro de Ironland. Además, su presencia y accionar son secretas.
El director de la academia se presenta en el salón de reuniones adornado con muebles de roble. Una enorme chimenea al fondo ofrece una cálida bienvenida para los invitados, pero también la enorme cabeza disecada de un mamut de colmillos de plata sobre ella hace que cualquiera se sienta intimidado:
—Jargum. Kobut. Yera. Hagel. Trombak. Que bueno verlos. —saluda Dekkman a cada uno de ellos.
—Igualmente Dekkman. —exclama Jargum.
—No quiero dar mucho rodeo sobre el asunto. —Dekkman se acerca a una de las sillas de roble cubierta por un tapado de piel de animal. Se deja caer sobre ella. —Ironland podrá ser extenso y difícil de controlar. Incluso la presencia fiesmera sigue siendo caótica para nosotros, pero…—a medida que se irrita cada vez más. Aprieta con fuerza, el apoya brazo de la silla hasta romperlo. —¿Qué se supone que están haciendo? ¡¿Cómo es que llevan desaparecidos en unas pocas semanas más de veinte asesinos profesionales?! ¡¿Dónde están sus cuerpos?! ¡¿Qué demonios está pasando?! ¡Se supone que son mis ojos y oídos, pero ahora parece que están holgazaneando!
Su presencia se intensifica de manera potente. Jergum es quien aguanta mejor, pero los demás se sienten sofocados. La presión hace colapsar casi al instante al grupo:
—¡E-Espera un momento, Dekkman, por favor! —pide Jergum.
—Haaaa, los siento. No debí perder los estribos de esa manera. —exclama Dekkman con cierta vergüenza por no haber contenido su instinto feroz. —Bien, te escucho Jergum.
—Si. La realidad es que hace semanas empezamos a notar extraños sucesos. —explica Jergum.
—¿Qué sucesos? —pregunta Dekkman.
—Grupos de leñadores desaparecían. Así como asesinos que cumplían misión, perdíamos su señal. No solo en el paso de Oskirrim que une a Ironland con Edokawa, sino el paso de Hirlker que une con Belasia. —explica Jergum.
—Sin contar…que la costa se está viendo afectada por los fiesmeros porque nuestras defensas y comunicaciones se debilitaron. —dice Yera.
—¿Por qué no hubo ningún aviso al primer momento que ocurrió ese hecho? —pregunta Dekkman apoyando su cabeza sobre el puño levantado y mirada fija en Yera.
—Quien sabe. Recibí la alerta una semana después. Muy tarde. —explica Yera.
—Sea quien sea el bastardo que se le ocurre atacarnos de esta manera tan sistemática, no lo está pensando muy bien que digamos. Habrá que reforzar la seguridad interna y defensa contra el exterior. —Dekkman piensa en voz alta.
Dekkman se levanta de la silla y camina hacia la chimenea. Sus pensamientos se dispersan mientras observa detenidamente las llamas danzando inocentes pero poderosas en un baile de intensa temperatura quemando un pedazo de madera seca:
—¿No deberían saberlo los demás territorios? —pregunta Kabut.
—Es verdad. Puede que necesiten ayuda si también pasan por lo mismo y…—dice Trombak.
—Muy cierto. Lo haré sin falta. Solo procuren reforzar las defensas externas y la seguridad interna. Hagan lo que deban y yo me encargo de lo otro. ¿Entendido? —pregunta finalmente Dekkman.
—¡Si! —dicen al unísono.
Después de esa reunión, áspera y tensa, Dekkman recibe la visita de una sombra que lo sorprende abruptamente hasta el borde del infarto. Mira hacia la silla donde se ubica su arma, un hacha adornada con rocas negras en medio del filo con mango plateado cubierto por piel de animal:
—No vengo a pelear contigo asesino.
—¿Quién demonios eres? —pregunta Dekkman.
—Conocerte.
—Jajaja, vienes a mis tierras y estoy de muy pésimo humor como para que un maldito intruso venga y… ¿huh?
Dekkman se detiene cuando siente que aquella sombre llega hasta él sin que se percate. Se coloca a su lado y le palpa el hombro. No hay intercambio de miradas. Una gigantesca presión sacude al director:
#2801 en Novela contemporánea
#8158 en Otros
#1511 en Acción
psicologico, fantasía drama, romance accion magia aventura violencia
Editado: 20.06.2026