Academia de Asesinos Volumen 5

Capítulo XX: Lo que el corazón no calla

Luego de lo sucedido en la mansión Lorax, el grupo se encamina a un nuevo semestre muy competitivo y agitado con materias que dejaron en suspenso al punto de atrasarse con los temas. Para Megumi y Lucian son meros contratiempos, pero Kaizer, Kamata y Maia lo padecen como si fuera una tortura.

Al verlos caminar por el lugar de siempre en el descanso de entre clases, Doncaster se toma de la cabeza, aterrado por todo lo que está ocurriendo. Agacha su cabeza y dice:

—Así que finalmente hicieron lo que no debían. Imagino que ustedes los apadrinaron en esa locura.

—Por supuesto. —responde Hiroshi con total seguridad.

—¿Y si salían mal? ¿Cómo iban a solucionarlo? —pregunta Doncaster con mirada filosa sobre los tres profesores, Hiroshi, Olympico y Lucy.

—No hay que pensar de esa forma, director. Salió todo muy bien. Inclusive el vinculo de los chicos creció mucho. —exclama Lucy para calmar las aguas turbulentas.

—Haaaa, lo sé, lo sé. A veces olvido que esos chicos ya han peleado incontables batallas, pero siguen siendo eso, unos niños. No se que reacción tener respecto a esto. Puedo decepcionarme, pero a la vez siento alivio de que esta nueva generación tenga tal talento y potencial. Díganme, ¿estoy equivocándome en algo? —pregunta finalmente el director. Mientras, de su nariz sale un par de gotas de sangre. Inmediatamente toma un pañuelo y cubre la fosa nasal sangrante.

—No te excedas, Doncaster, sabes que es una enfermedad seria. —le dice Hiroshi con seriedad.

—Si, ya se. —responde en seco el director.

Doncaster se tambalea alarmando a los presentes. Da unos pasos hacia atrás y luego gira para encarar hacia la silla detrás de su escritorio. Se apresura para llegar y finalmente reposar su cuerpo sobre el asiento de madera con vista atrás de la calle principal.

Aparta el pañuelo de su nariz, solo para ver que las pequeñas gotas dejaron una enorme mancha de sangre como una onda expansiva que se secó en poco tiempo e impregnando la tela.

El director suspira:

—Seré franco con ustedes. Siento que cada día mi existencia se va desvaneciendo y yo sigo aquí, esperando a que mi hijo me perdone, pero ¿Alex perdonarme? Que patético. Él es un criminal y a la vez mi hijo, Sara me patearía el culo de solo verme así.

—Puede que no sea las mejores palabras, pero si te rindes ahora… ¿Qué pasará con todo lo que construiste por años? Esta generación tan increíble es porque supiste construir algo aquí. —dice Olympico.

—Fueron ustedes, que supieron humanizarlos y no considerarlos simples aprendices para volverse máquinas de matar solamente. La orden ha cambiado mucho a comparación con hace ciento cincuenta años atrás. Eso es por ustedes. —dice Doncaster.

—Deja de decirte tonterías. Eres la razón de que somos lo que somos. Siéntete bien con eso y tómalo como motivación. Estos chicos necesitan de ti, así como nosotros. No te olvides…que alguna vez fuimos tus estudiantes. No nos hemos olvidado como nos tratabas y por eso te queremos ayudar.

Doncaster deja escapar una sonrisa de satisfacción.

Por más que el director intente aparentarlo, se le nota que esas palabras llegaron a su corazón. Incluso en la rudeza de Hiroshi, se nota aprecio por quien fue su mentor. Ellos no lo abandonarían por más que no concuerden en muchas cosas respecto a la nueva generación.

AVAVAVAVAV

Una semana después…

Los estudiantes se retiran del aula de tras las clases de fortalecimiento físico con Olympico. Kamata aprovecha y se encamina hacia el dojo, donde los demás miembros del club de kendo esperan al espadachín y poder entrenar juntos.

Lucian se quedan en compañía de Maia. Él dedica su tiempo en modificar sus armas para poder mejorar en el tiro, mientras que ella estudia un libro de medicina. Están en silencio en la habitación del chico, pero tímidamente pispea con la mirada el rostro de Maia. Se sonroja. Busca decirle que se ve hermosa pero simplemente no puede.

Ella, por su parte, no hace más que sonreír y trata de levantar la mirada, de forma disimulada para poder verlo. Siente fuertes deseos de correr su cabello y besarlo. Se contiene con todas sus fuerzas.

Ambos siguen indecisos, pero el amor empieza a florecer sin que ellos sepan.

En las afueras de la academia, más precisamente junto al árbol de cerezos, Megumi y Kaizer están descansando bajo el cálido sol en el invierno típico de ese mes. Ella está contra el tronco del árbol, mientras que Kaizer descansa su cabeza en las piernas de su amada.

Megumi empieza a acariciarle el rostro y cabello a Kaizer. Al mismo tiempo, ella observa el cielo despejado. Cierra sus ojos dejando que la fría brisa acaricie su rostro:

—¿Será conveniente ahora? Ya pasaron unos meses desde que estamos juntos y no hemos hecho más que entrenar, luchar contra enemigos y apenas destinar un tiempo para nosotros, muy pequeño. Ella merece algo así…no, merece mucho más, pero ¿Cómo se lo digo? —piensa Kaizer. Abre un poco sus ojos, y la ve. No puede evitar levantarse y acercársele para darle un dulce y corto beso.

—¿Huh? ¿pasa algo amor? —ella abre sus ojos y lo ve fijamente.

—Si, yo…estaba pensando… ¿quieres salir conmigo en una cita? —propone él.




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