Días después del inicio de las clases, el curso es llevado hacia un complejo ubicado al oeste a treinta kilómetros de la academia con un enorme lago llamado “Gohoma”. El día está despejado y con una brisa de verano muy agradable.
Este lago suele ser usado como destino regular para viajes escolares donde se entrenan los futuros asesinos de la orden en distintas formas de combate y salvataje de civiles.
Luego de varias horas a carruaje, los estudiantes llegan a su destino. Se sorprenden al ver un edificio de cinco pisos y varias cabañas a su alrededor, pero lo que más deja sin palabras al grupo es que cuando descienden de los carruajes son invadidos por el paisaje majestuoso del lago y bosque con pinos hasta donde les alcanza la vista.
Kaizer es el último en bajar del carruaje y ve a Megumi como está emocionada, lo cual genera un pálpito intenso en el pecho. Él se acerca hasta su lado. Megumi se gira hacia él y ambos conectan sus miradas que por varios segundos están mirándose ininterrumpidamente hasta que ella larga una pequeña risita:
—¿Sabes? Me gustaría estar en un sitio así para siempre.
Tímidamente y con lentitud, la chica acerca su mano hacia la de Kaizer para tomarla finalmente. Al sentirle el tacto y calidez de su mano, la chica baja la cabeza y se le escucha hablar casi murmurándole:
—Quisiera estar aquí contigo.
Kaizer se sorprende y sin palabras que decirle. Él se sonroja con ello. Acto seguido, Megumi se da cuenta y se siente avergonzada. Trata de disculparse, pero muy torpe como es de costumbre en ella:
—Yo…no…quería decirlo así…—mueve sus manos a gran velocidad. —Emmm…ah…es un hermoso día para estar con amigos ¿verdad?
—Si, eso parece. —responde Kaizer.
A un lado, junto al carruaje, Kamata observa y sonríe como sus amigos se acercan y a la vez no pueden romper esa barrera en el que muchos terminan fallando. Por dentro, el espadachín espera por ese momento, siente que sería lo mejor porque hay cariño entre ambos, pero temor a dar el primer paso:
—Son unos lentos ¿verdad? —exclama Lucian.
Kamata se exalta al escuchar al tirador hablarle al lado:
—Maldición ¿Cómo es que…? —pregunta Kamata.
—Solo me acerque despacio, jejeje. ¿Qué pasa que aún no pueden dar ese paso? —pregunta Lucian.
—Quien sabe. Al menos empiezan a darse cuenta. —exclama Kamata.
—Muy lento es Kaizer, jajaja. —dice Lucian.
—Y que lo digas. —se queja Maia. Kamata se vuelve a exaltar.
—Mierda ¿no pueden avisar? Me matarán del susto. —se queja Kamata.
—Jajaja. —ríe Maia.
Los profesores se van retirando con sus respectivos cursos. Hiroshi guía a los estudiantes que le corresponde hacia uno de los diez muelles de madera en los que cada año se reúnen nadadores para un evento llamado “campeonato de la milla de nado” en la que concurren cientos de participantes. Allí los espera un hombre de piel pálida y estatura ligeramente menor a Hiroshi. Porta nada más que un machete. Este se acerca y con voz perezosa, casi rozando la holgazanería se presenta:
—Bienvenidos a Gohoma. Emmm…mi nombre es…bueno…ya que todos…ah, cierto…soy Mark Gleim…soy el profesor de…salvataje…mucho gusto.
—¡¿Por qué no empezaste por eso último?! —exclaman todos los estudiantes.
—Si él es nuestro profesor de salvataje, que alguien nos salve ya. —dice Kamata preocupado por quien les enseñará la materia de segundo año.
—Descuiden. Podrá no parecerlo, pero es uno de los mejores salvando civiles y en control de situación. —le dice Hiroshi para apaciguar las dudas.
Mientras el profesor explica muy lento acerca de sus logros con un discurso muy elaborado y demasiado extenso, Kamata observa como Lucian se va con Olympico y Lucy. De manera misteriosa vuelve a desaparecer:
—Oigan. —Maia mira hacia un lado y luego al otro. —¿Saben que pasó con Lucian? No lo veo por ningún lado.
—Es cierto. No lo veo por aquí. —exclama Megumi.
—Seguramente se ausente de nuevo a las clases. Acabo de verlo yéndose con el profesor Olympico y Lucy. —dice Kamata.
—Chicos. —llega Kaizer tras un breve intercambio de palabras con el curso de Lucian. —Acabo de hablar con los compañeros de curso de él. Me dijeron que esta semana casi no ha concurrido a clases. Además de que en el primer día se comportó extrañamente decaído y casi ni habló con nadie.
—Le suele gustar conversar con la gente. —dice Megumi muy preocupada.
—Nunca faltaría a clases. No es de esa clase de chicos. —exclama Maia con mucha preocupación por él.
—En resumidas cuentas, es demasiado extraño que ese idiota haga eso. —dice Kamata sin inmutarse.
—Es verdad. Lo que aún me parece más extraño es que cuando lo han llamado para ir a la oficina de Doncaster, parece como si dejase de estar bien. ¿No han notado como su expresión cambia? Algo me da muy mala espina. —enuncia Kaizer.
—Quizás si habláramos con el profesor Hiroshi puede que él nos diga que sucede. —dice Megumi.
—¿Y luego qué? Con solo saberlo no sabríamos que hacer. Dios, ¿Por qué no me dijo nada? —se enoja Maia y a la vez siente tristeza de no saber que le pasa a Lucian.
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Editado: 12.01.2026