A la semana siguiente, un día lluvioso irrumpe en medio de la academia con relámpagos resonando el ambiente y destellos que iluminan los cielos como si fueran miles de antorchas o focos de luz en un instante y cegadora intensidad.
Doncaster observa por la ventana de su oficina a las gotas gruesas cayendo fuertemente con sonido casi arrollador. Casi no se alcanza a ver por la torrencial lluvia. A su lado, sobre el escritorio, yace una botella de whisky añejado por un tiempo considerable junto a un vaso con hielo a medio derretir y contenido alcohólico sin terminar.
El sonido de la puerta siendo golpeada levemente interrumpe su trance ocasionado por el ruido de la tormenta casi hipnótica. Se voltea y no da importancia. Un segundo golpeteo suena con un poco más de fuerza.
Detrás de la puerta se oye una voz conocida:
—Doncaster. ¿Puedo pasar? Soy Olympico. Es urgente.
—Si, pasa. —responde el director.
La puerta se abre, dejando entrar al enorme profesor y asesino profesional. Sostiene en su mano derecha un periódico algo arrugado por el sostener del hombre. Se lo alcanza al director quien se sienta frente al escritorio.
Una vez toma el periódico ve la portada de una noticia que lo deja confundido. No encuentra la urgencia en una noticia que se vincula a un homicidio en el Beara. No es como si lo que ocurriera en ese lugar afectase a Belasia, pero cuando comienza a leer el contenido es por lo que lleva a dejarlo incapaz de continuar.
Hace una mueca de inseguridad, tomándose la cabeza, masajeándose un costado y comienza a darle un dolor punzante en la cabeza. No le toma importancia:
—¿Doncaster? —pregunta Olympico.
—Si, lo siento. ¿Esto es cierto? ¿fue confirmado por las autoridades de Beara? —pregunta el director con tono de voz preocupada.
—Así es. Exactamente en dos meses ya desaparecieron sin rastro cerca de treinta y dos asesinos de la orden. —informa Olympico.
—Treinta y dos en dos meses. —murmura en shock. —¿Los demás directores saben lo sucedido? —pregunta Doncaster.
—Están informados. Las medidas están en proceso con excepción la academia de Ironland. Ellos tomaron medidas mucho más extremas.
—¿Cuáles?
—Cerraron su territorio con aprobación de las principales ciudades y autoridades.
—Me sorprende que Dekkman haya aprobado eso. —se queda pensando Doncaster. —quizás tengamos que analizar la situación. No es un hecho aislado, o eso parece, tampoco podemos arriesgarnos a una innecesaria caza de culpables sin saber bien que sucede.
—Pero sí hay sospechoso.
—Imagino que Alex y su gente. —exclama el director de muy mala gana. —Quizás debamos contactar a las leyes vivientes para que investiguen. Seria lo ideal para este tipo de casos.
El director dice eso, pero con gran inseguridad debido a que, si se le deja ese caso con plena libertad, las leyes vivientes suelen realizar ejecuciones si la vida de los antarienses está en peligro por lo que, si se topasen con la legión de mercenarios, entonces tanto Alex como sus aliados acabarían siendo asesinados:
—Entonces hay que informarles. —dice Olympico.
—Para mala suerte nuestra, ellos no están en Antares en estos momentos.
—¿Toda la organización?
—Están en una misión más al norte de Antares. Se tardarán meses hasta que vuelvan.
—Entonces envíanos a Hiroshi, Lucy y a mí. Conformaremos un grupo de investigación para dar con los responsables.
—Si, pero ¿Qué pasaría si fuera la legión de mercenarios? —exclama Doncaster, dejando sin palabras a Olympico. —Escucha, no dudo de la capacidad de ustedes, pero ellos son más y son criminales. Los matarán si dudarlo y hasta podrían abandonar a sus propios aliados. Esa es su mayor ventaja.
—¿Qué hacemos?
—Esperar un tiempo prudente. Estaré en contacto con los demás directores. Dekkman no suele cerrar las fronteras así que algo debe sospechas.
Olympico se retira en silencio. Cuando llega hasta la puerta, se gira y mira al director:
—¿Sigues intentando protegerlo o…?
—Trabajo en eso. Créeme que no es fácil.
—Lo se Doncaster, pero evita que te afecte. Puede que Hiroshi sea muy confrontativo, pero está preocupado por ti.
—Entiendo. Se los agradezco a ustedes también.
—Claro. Y ten cuidado con la ingesta de alcohol. —dice eso y se retira el profesor.
AVAVAVAVAV
Un tiempo después, el grupo nota una extrañeza de parte de Kamata. Se lo ve distraído como si estuviera pensando todo el tiempo. Intrigado por lo que le sucede, Kaizer va con Megumi para preguntarle, siendo alguien con quien creció con Kamata, ella puede saber lo que lo tiene tan angustiado y distante:
—¿En serio no lo sabes? —pregunta sorprendida.
—¿Qué cosa? —repregunta Kaizer.
—Es su cumpleaños.
—¿Su…cumpleaños?
—Ajá. Bueno, no es como si supiera algo al respecto. Yo jamás festejé eso.
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Editado: 25.01.2026