La noche había caído sobre las montañas como un manto de oscuridad.
Entre los árboles, una espesa niebla avanzaba lentamente, ocultando el antiguo camino que conducía hasta la Academia de la Luna y la Sangre.
Desde lejos, sus enormes torres parecían tocar el cielo.
Era un lugar del que los humanos jamás hablaban.
Un lugar que no aparecía en ningún mapa.
Detrás de sus enormes portones de hierro vivían criaturas que la mayoría de las personas creía que solo existían en las leyendas.
Vampiros.
Brujas.
Hechiceros.
Y otras criaturas sobrenaturales cuyos nombres habían sido olvidados con el paso de los siglos.
Aquella noche, sin embargo, algo estaba a punto de cambiar.
La luna llena iluminaba los vitrales de la academia cuando un extraño viento recorrió los jardines.
Los estudiantes que caminaban por los corredores exteriores se detuvieron.
Algo había ocurrido.
Todos lo sintieron.
Una energía desconocida acababa de atravesar las barreras mágicas que protegían la academia.
—¿Lo sentiste? —preguntó una joven vampira, mirando hacia las montañas.
—Sí —respondió su acompañante—. Pero no sé qué fue.
Un silencio extraño cayó sobre ellos.
Entonces, desde lo alto de una de las torres, una figura apareció entre las sombras.
Era una mujer.
Caminaba lentamente hacia los enormes portones de la academia.
Su cabello oscuro se movía con el viento y su rostro permanecía parcialmente oculto bajo la capucha de una larga capa.
Pero había algo que nadie podía ignorar.
Sus ojos.
Brillaban con una intensidad sobrenatural.
La joven levantó la mirada hacia la academia.
Por primera vez en muchos años, alguien había conseguido entrar sin ser anunciado.
Y no era una vampira.
No era una bruja.
Era algo mucho más antiguo.
Dentro de la academia, el director abrió lentamente los ojos.
Había sentido aquella presencia.
Se levantó de su escritorio y caminó hasta la ventana.
Desde allí pudo observar los portones.
—No puede ser...
Su rostro perdió el color.
Uno de sus profesores entró apresuradamente en la habitación.
—Director, tenemos un problema.
—Ya lo sé.
—Las barreras fueron atravesadas.
El director permaneció en silencio.
—¿Quién entró?
El profesor tragó saliva.
—No lo sabemos.
Un segundo después, una campana comenzó a sonar por toda la academia.
Una.
Dos.
Tres veces.
Los estudiantes salieron de sus habitaciones.
Los profesores comenzaron a cerrar las puertas de los edificios.
Algo estaba sucediendo.
Algo que nadie quería explicar.
La joven continuó caminando.
Cada paso la acercaba más a la academia.
Cuando finalmente llegó frente a los portones, levantó una mano.
El viento se detuvo.
Las antorchas que iluminaban la entrada comenzaron a apagarse una por una.
Los estudiantes que observaban desde las ventanas retrocedieron.
Entonces ocurrió.
Dos enormes alas aparecieron detrás de la joven.
Pero no eran alas blancas.
Eran negras.
Negras como la noche.
Negras como el vacío.
Un murmullo recorrió toda la academia.
—Un ángel...
—Eso es imposible.
—Los ángeles no existen.
La joven cerró los ojos.
Por un instante pareció luchar contra algo dentro de ella.
Cuando volvió a abrirlos, una lágrima recorrió lentamente su mejilla.
—He regresado —susurró.
Y las puertas de la Academia de la Luna y la Sangre se abrieron solas.
Nadie se atrevió a detenerla.
La joven atravesó los portones.
Todos los presentes la observaron en silencio.
Pero ninguno sabía quién era.
Ninguno conocía su verdadero nombre.
Y mucho menos el secreto que llevaba consigo.
Porque aquella joven no había llegado a la academia por casualidad.
Había regresado para encontrar a alguien.
Alguien que, muchos años atrás, había cambiado su destino.
Alguien que pertenecía a una especie que jamás debería haberse enamorado de un ángel.
La joven miró hacia las torres.
Y por primera vez, una expresión de miedo apareció en su rostro.
—Él está aquí...
Muy lejos de allí, en una de las habitaciones de la academia, un joven vampiro abrió los ojos de golpe.
Su corazón comenzó a latir con una fuerza que no había sentido en siglos.
No sabía por qué.
No sabía quién había llegado.
Pero una palabra apareció en su mente.
Ángel.
Y entonces escuchó una voz dentro de su cabeza.
Una voz que creyó haber olvidado para siempre.
—Te encontré.
El joven se levantó lentamente.
Sus ojos se oscurecieron.
Aquella noche, la historia de la Academia de la Luna y la Sangre acababa de comenzar.
Y nadie estaba preparado para descubrir lo que realmente era aquel ángel de alas negras.