Academia Inelk Lenio Entertainment

02 | ¿Una academia militar o de élite?

❏ ¨̮CAPÍTULO 2

•••

La puerta se abre y contengo la respiración por unos segundos.

Una chica de cabello oscuro, recogido en una coleta alta, aparece en el marco. No tiene una expresión precisamente cálida, pero tampoco parece del tipo de persona que uno marcaría de inmediato como problemática. Detrás de ella, otra chica levanta la vista desde una de las camas, donde se encuentra doblando ropa con bastante calma. Tiene el cabello castaño claro, a la altura de los hombros, con un flequillo al estilo coreano y una expresión mucho más relajada.

La de la puerta dice algo en su idioma, de lo cual no logro entender absolutamente nada. Le muestro el celular de la empresa, donde sigue abierta la asignación del dormitorio.

—Habitación 317 —digo en inglés, como si eso fuera a resolver cualquier problema que pudiera aparecer después.

La chica mira la pantalla, luego a mí, y se aparta un poco más de la puerta.

—Ah. Eres nuestra nueva compañera.

—Sí —respondo, dudando un poco menos que hace cinco segundos.

—Pasa. —abre más la puerta y se hace a un lado—. Bienvenida.

Entro con cuidado, aferrando un poco más fuerte mi mochila. La habitación es más grande de lo que esperaba. Hay tres camas individuales, tres armarios y un escritorio largo; también una pequeña sala con una mesa baja, una cocina compacta y un ventanal al fondo desde donde se alcanza a ver parte del jardín trasero de nuestra torre, con una fuente incluida en el medio. Todo está limpio, ordenado y demasiado bien puesto.

La chica de la puerta cierra detrás de mí y señala primero a la que está doblando ropa.

—Ella es Shin Dahye.

Dahye hace una pequeña inclinación.

—Hola.

Luego, la otra se señala a sí misma.

—Lee Jiwoon —dice, antes de preguntarme—: ¿Y tú eres?

—Arisha Solís —respondo, devolviendo la pequeña reverencia—. Mucho gusto.

Jiwoon repite mi nombre en voz baja, como probándolo.

—Arisha.

La pronunciación no suena mal. De hecho, suena mejor de lo que esperaba al salir de una boca extranjera.

—Si es complicado, pueden decirme Ari —añado, dejando la mochila sobre el colchón vacío y la bolsa del uniforme a un lado.

La chica de cabello oscuro se apoya contra el escritorio.

—No es complicado. Solo diferente.

Dahye suelta una risa baja. Jiwoon no sonríe del todo, pero se le afloja un poco la expresión.

—¿Hablas coreano? —pregunta viéndome fijamente.

—Muy poco —respondo con sinceridad, abriendo mi mochila.

—¿Qué tan poco?

Suelto un suspiro.

—Lo suficiente para intuir cuando me están regañando. Creo.

Eso le saca una sonrisa.

—Bueno, al menos entenderás lo importante. Aunque lo más probable es que casi todo te lo digan en inglés —dice, cruzándose de brazos.

Dahye se levanta de la cama y da un paso hacia mí.

—Si necesitas ayuda, podemos ayudarte. Nuestro inglés no es perfecto, pero nos defendemos.

La miro y asiento.

—Gracias. De verdad. Estaba un poco preocupada por no entender nada.

—Aquí todos necesitamos el inglés tarde o temprano —dice Jiwoon—. Sobre todo si queremos durar en esta prisión.

Las dos se ríen levemente después de ese comentario. Todos aquí parecen ser máquinas perfectamente entrenadas; lo peor es que se han acostumbrado tanto que hasta bromean con ello.

—Bien —murmuro, dejando escapar un aire que no sabía que estaba reteniendo—. Al menos con eso puedo relajarme un poco. El inglés sí lo manejo casi perfecto.

Sigo abriendo la mochila con algo más de calma que antes, aunque mis manos todavía tiemblan imperceptiblemente. Por dentro, la tensión sigue ahí, recordándome que mi futuro ahora depende de esta dichosa academia militar disfrazada de internado de lujo. Dahye se inclina apenas hacia un costado, observando con curiosidad el uniforme que he dejado sobre la cama.

—Eres de la categoría Vocal —dice, señalando el tejido borgoña—. Bonito color. Aunque... uff. Qué mala suerte. No es precisamente algo que yo señalaría como una bendición.

La miro fijamente, tratando de descifrar si hay rastro de malicia o simple honestidad en sus ojos.

—Vaya. Qué recibimiento tan esperanzador —musito, mientras empiezo a desocupar el escaso equipaje que me queda.

—No estoy bromeando. Los instructores de Vocal son pesados; exigen una perfección que raya en lo absurdo, mucho más que los de otras categorías —resopla, cruzándose de brazos con un gesto de advertencia—. Ya te darás cuenta. Si no, que lo diga Jiwoon.

—Eso es verdad —secunda la chica de pelo oscuro desde la cocina, donde se mueve entre las alacenas—. Si no das la nota, ellos no te dan el aire.

Suspiro y me siento un momento en la cama, sintiendo cómo el colchón cede bajo mi peso. Termino de sacar un neceser, unas cuantas camisetas dobladas a medias que se sienten insuficientes y una libreta que ha sobrevivido al viaje, aplastada y con las esquinas dobladas entre la ropa. Dahye se acerca a uno de los armarios y abre la puerta del que está vacío, revelando un espacio impecable.

—Este es el tuyo —dice, señalando el interior con una mano—. Y el cajón de abajo también. Úsalo como quieras, pero mantén el orden.

—Gracias —respondo, agradeciendo el gesto de bienvenida pese a las advertencias.

—El baño lo compartimos entre las tres, así que si planeas demorarte, avisa con antelación —añade Jiwoon, asomándose un momento con expresión seria—. No es por falta de cortesía. Es porque a las seis de la mañana ya tenemos que estar en nuestros salones, y en este lugar, el tiempo se mide en puntos de rendimiento. Imagínate el caos si alguna decide encerrarse media vida ahí dentro.

—Exacto. Es simple lógica de supervivencia —concluye la del flequillo, cerrando la puerta del armario con un golpe seco que resuena en la habitación—. Si sabes que vas a tardar, te levantas más temprano.



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En el texto hay: supervivencia, kpop, idols

Editado: 18.05.2026

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