❏ ¨̮CAPÍTULO 4 ᝰ
•••
Las clases transcurren igual que la primera: de una forma extremadamente agobiante. Todas, desde mi perspectiva, resultan ser bastante complicadas, sobre todo la de coreano. Paso la mayor parte del tiempo hundida en el pupitre, viendo al profesor trazar símbolos que para mi cerebro agotado no son más que garabatos extraños en la pizarra; trazos que debo memorizar y reproducir antes de que el ritmo de la academia me pase por encima.
Lo único realmente rescatable de la clase de idiomas es que me ha permitido conectar con los otros extranjeros que ingresaron al campus conmigo. Otro punto a favor es el profesor; al ser él mismo un extranjero, nos trata con una calma y paciencia que me hace soltar la tensión de los hombros, un contraste absoluto con la rigidez militar que manejaba la instructora anterior.
De toda mi generación, soy la única extranjera latinoamericana e hispanohablante. Al profesor le resulta curioso que la empresa haya tomado una decisión tan arriesgada; según dice, mientras acomoda sus gafas y me observa con una mezcla de intriga y respeto, que en todos sus años trabajando con INELK LENIO nunca había tenido el privilegio de enseñarle a alguien como yo. Sus alumnos siempre habían sido asiáticos; lo único que variaba era que algunos no eran puramente coreanos.
Me resultó increíble descubrir que, de los cien nuevos alumnos, solo dieciséis somos extranjeros. Entre ellos, las nacionalidades que más se repiten son la japonesa y la china. Aunque nuestro grupo es reducido, se nos permite compartir el mismo salón sin importar las categorías —ya seas Actuación, Vocal, Visual, Baile o Rap—, algo que solo ocurre en las clases mixtas. Gracias a eso, he podido ampliar mi círculo social y descubrir que no soy la única que se siente como un satélite fuera de órbita por culpa de la barrera del idioma.
—Mira, Arisha —dice Ito Mei, señalando sus apuntes con la punta del bolígrafo mientras se inclina hacia mi mesa—. Este símbolo parece el número dos.
Me río por lo bajo, sintiendo un alivio genuino al reencontrarme con la chica que conocí el primer día. Aunque nos agregamos en Connect aquella vez, en estos dos días no habíamos intercambiado más que mensajes breves sobre nuestras compañeras de cuarto.
Detrás de nosotras está un chico japonés que, al parecer, se ha convertido en el nuevo aliado de Mei. Me alegra que ella haya encontrado a alguien de su misma nacionalidad; la envidio, pero de una forma sana, mientras me pregunto si algún día encontraré a alguien que hable mi propio idioma en estos pasillos, cosa que claramente lo veo imposible.
Ito Mei me extiende el cuaderno, deslizándolo sobre la madera para que vuelva a mirar el trazo.
—¿Ves? Si lo miras rápido, parece un dos mal hecho.
—O un dos que se rindió a mitad de camino —murmuro, apoyando la barbilla en la mano con una sonrisa cansada.
Ella suelta una carcajada más fuerte, y por un segundo el peso de ser una extranjera en crisis se siente un poco menos insoportable.
—Entonces así lo recordarás más fácil —interviene el chico detrás de nosotras, en un inglés bastante decente, asomándose por encima de nuestros hombros con una sonrisa amable.
Giro apenas la cabeza para mirarlo, notando cómo se balancea levemente sobre sus pies. Tiene las manos metidas en los bolsillos del uniforme y una expresión tranquila; casi demasiado serena para alguien que acaba de entrar en esta locura.
—Espero que en el examen al menos acepten respuestas como esa —contesto, soltando un suspiro que mezcla ironía.
Ito Mei niega con la cabeza, divertida. Lo bueno de mis compañeros extranjeros es que todos manejamos un inglés que oscila entre lo aceptable y lo entendible, lo suficiente para salvarnos entre nosotros. De pronto, mi celular de la empresa vibra en el bolsillo de la falda. Al desbloquearlo, me encuentro con una invitación a un chat grupal creado por Jiwoon y Dahye. El grupo se llama "Vexys". Acepto y, en cuanto lo hago, aparece un mensaje de inmediato.
Shin Dahye: "Hey, pequeño saltamontes. ¿Cómo te trata la vida? ¿Aún sigues viva?"
Me río levemente, curvando los labios mientras mis dedos vuelan sobre el teclado. Al parecer, todos estamos en la misma tónica durante este primer día del mes: sobrevivir. Les informo por el grupo sobre cómo me ha ido, detallando desde la tensión en la clase de Vocal hasta la confusión en Coreano.
Lee Jiwoon: "Fíjate el lado bueno, pudo haber sido peor y, aun así, no lo fue ㅋㅋ."
Pongo los ojos en blanco, dejando escapar una exhalación sonora que atrae la mirada curiosa de Mei.
Shin Dahye: "Eso es verdad. Alégrate por eso." —Otro mensaje suyo llega casi al instante—. "Tengo un hueco a esta hora. ¿Alguna de ustedes también lo tiene?"
El mensaje de Jiwoon no llega, así que lo más probable es que esté ocupada en su clase. Rápidamente le respondo que yo sí estoy libre.
Shin Dahye: "Genial. ¿Te parece bien si nos vemos en la fuente de la plaza central? Así vemos si alcanzamos a almorzar en algún lado."
Sonrío al leerla y le confirmo que por mi parte está bien.
—Oigan, chicos —digo, volteándome para mirarlos e interrumpiendo su charla, mientras guardo el dispositivo en mi bolsillo—. Mi compañera de cuarto me ha invitado a almorzar. ¿Quieren venir a acompañarnos?
Ito Mei asiente, animada, recogiendo sus cosas con rapidez, y el chico comenta que no tiene problema en ir.
Nos desviamos por uno de los senderos principales del campus y, a medida que avanzamos, el flujo de trainees se vuelve mucho más evidente. Algunos caminan solos, repasando notas en voz baja o con la vista clavada en sus celulares; otros van en grupos pequeños, luciendo sus uniformes de distintas categorías con un orgullo que roza el agotamiento. Pero, al final, todos parecemos tener algo en común: esa expresión extraña que mezcla cansancio, prisa y resignación.