❏ ¨̮CAPÍTULO 6 ᝰ
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Dahye termina de girar el picaporte con una lentitud y cautela tortuosas que me ponen los pelos de punta, el chirrido del metal parece un grito en medio del silencio que ha caído sobre el cuarto. Cuando la puerta finalmente se abre, la luz del pasillo recorta dos figuras; no es nadie del staff, sino la silueta tensa de Keith, seguido de cerca por Jaeeh.
Entran casi a trompicones. Keith pasa primero, prácticamente atropellando a Dahye en su afán por cerrar la puerta lo antes posible, su hombro golpea el marco con un sonido seco. Su respiración es un silbido errático y tiene el cabello, usualmente peinado a la perfección, totalmente alborotado, con mechones pegados a la frente por el sudor. Jaeeh lo sigue un paso atrás, manteniendo esa calma que lo caracteriza, aunque la palidez de su rostro delata que la situación lo ha sobrepasado tanto como a nosotros.
—¿Están locos? —susurra la chica del flequillo, aunque no hace amago de echarlos. Se cruza de brazos, su postura defensiva remarcando la gravedad de tener a tres de los chicos más populares en un dormitorio femenino, quebrando la regla que nos separa por géneros. —Si alguien los ve entrar aquí, después del espectáculo del salón, no habrá inversionista que quiera salvar sus pellejos. Y además, ya tenemos suficiente con Zen en esta habitación.
Keith ni siquiera se molesta en responder con su ironía habitual. Se pasa una mano por el cabello, deshaciendo los restos del peinado que lucía en la fiesta, y exhala un aire pesado que huele a pura frustración.
—A los inversionistas ya no les importa nuestro talento, Dahye —suelta él con una voz cargada de una seriedad cortante, sus ojos chispeando con una rabia que nunca le había visto en lo poco que llevo de conocerlo. —¿Viste la pantalla, Zen? ¿Viste cómo nos dejaron frente a los que firman los cheques?
El chico rubio cenizo los mira fijamente, en silencio. Creo que el problema aquí iba mucho más allá de nuestra foto en el restaurante. Jaeeh, por su parte, se queda de pie junto a la cómoda de Jiwoon. Su mirada es una línea recta que termina en mí; no dice nada al principio, pero noto cómo sus manos se cierran en puños al costado de su cuerpo. El silencio en la habitación se vuelve tan denso que casi puedo sentir el peso del alcohol que aún me nubla la vista, mezclándose con la adrenalina del momento.
—Nos usaron de abrebocas —suelta finalmente Dahye con voz extraña—. Esa foto con los filtros de gato... y la del restaurante. No eran para el público. Eran para ellos, con la única finalidad de justificar el desastre en el que se ha convertido la empresa.
Se cruza de brazos, soltando un suspiro de agotamiento.
—Que sobre nosotros, los que casi tenemos un debut seguro, empiecen a rodar chismes de que nos aprovechamos de los nuevos, es una sentencia de muerte —espeta Jaeeh en un susurro frío, su voz tajante resuena por el espacio—. Donde se enteren de que también tuvimos que ver con la organización de alguna de esas fiestas, estamos perdidos.
Keith suelta una risa amarga y se apoya contra la pared, dejando que su espalda se deslice hasta que su cabeza choca con el muro. Lo más probable es que quien estuviera detrás de esto supiera con antelación que el apagón afectaría la transmisión oficial; así que, entre todos, asumimos que el exterior no alcanzó a ver todo el caos que vino después. Los documentos, los fraudes de la empresa y nuestras caras proyectadas en ese contexto fueron una función netamente privada para los inversionistas.
—El mensaje fue claro: "Miren a sus futuras estrellas" —dice Keith con tono amargo, imitando una voz comercial—. Mientras la empresa les vende perfección, nosotros nos vemos como un grupo de críos desesperados por escalar. Esa foto en el restaurante da a entender que ustedes están dispuestas a lo que sea con tal de subir rápido, y que nosotros les estamos facilitando el camino a cambio de favores. Es una falta de profesionalismo que, para los que ponen el dinero, es simplemente imperdonable.
Miro a Jiwoon, que sigue sentada en su cama con la mirada perdida en su celular. Ella fue la que subió la foto a Connect, esa pequeña situación cómica que solía ser un juego y ahora es una soga al cuello. Se ve pequeña, con los hombros caídos y el rímel ligeramente corrido, un contraste doloroso con la chica vibrante que me obligó a levantarme esta mañana.
—Solo era una foto... —murmura ella con la voz apagada.
Y sí. Si el problema escalaba por una foto, era lo suficientemente estúpido como para poner en juego todo lo que ellos han construido durante años, toda esa fachada de élite que la Academia Inelk Lenio les obligó a esculpir.
—Esa "simple foto" se convirtió en un arma de doble filo —sentencia Zen desde su rincón, su voz resonando con autoridad—. Inelk Lenio vende una fachada de control absoluto, pero al proyectar a los aprendices en estados deplorables, filtrar mensajes de profesores y a ustedes jugando con filtros... lo destruyó todo. En diez minutos le demostró a los inversionistas que la academia es un caos. El prestigio de perfección se fue directo al caño.
Trago saliva y me abrazo a mí misma sobre la cama, sintiendo un escalofrío que no tiene nada que ver con la temperatura del invierno afuera.
—Si los inversionistas retiran su apoyo a los nuevos perfiles porque nos consideran "problemáticos" o "poco profesionales"... ¿qué va a pasar con nosotros? —cuestiono, mi voz saliendo más pequeña de lo que pretendía.
Jaeeh da un paso hacia adelante, acortando la distancia entre ambos. Sus ojos, usualmente inexpresivos, muestran por fin una grieta de incertidumbre, una sombra de duda que me hace entender que nadie, ni siquiera los "intocables", está a salvo esta noche.
—Esta semana van a rodar cabezas. La empresa va a intentar limpiar su imagen sacrificando a quienes aparecieron en esa pantalla. No les importa la verdad; les importa el control. —responde.