Academia Inelk Lenio Entertainment

07 | Caminando sobre hielo fino.

❏ ¨̮CAPÍTULO 7

•••

El eco de nuestros pasos es lo único que rompe el silencio del pasillo subterráneo. A diferencia de las salas de ensayo de la planta superior, las del sótano carecen de ventanales y de esa elegancia que caracteriza al resto del campus. Aquí abajo, el mármol y la madera lustrada son sustituidos por bloques de concreto pintados de un blanco que refleja la luz fría de los tubos fluorescentes empotrados en el techo. Del cielo raso cuelgan, expuestos y ordenados, conductos de ventilación metálicos y tuberías de agua.

Aprieto los puños, forzando a mis pies a seguir el ritmo de Dahye. Ella se acerca a la pesada puerta de madera al final del corredor, donde un pequeño rectángulo metálico dorado indica que estamos frente a la Sala 04-S. Dahye ignora el picaporte y acerca su identificación al lector de tarjetas en la pared. El dispositivo emite un pitido seco y, casi al instante, un clic metálico libera la cerradura eléctrica.

Al empujar la puerta, las luces de la sala parpadean con un zumbido eléctrico. Un hombre que sale de una puerta al fondo del salón pega un brinco, sobresaltado al vernos paradas en el umbral. Dahye y Jiwoon, al notarlo, se apresuran a hacer una reverencia leve; él les responde de la misma forma, recomponiéndose rápido mientras ajusta su postura.

—Profesor Nam Do-Hyun, disculpe —suelta Dahye, recuperando el aliento tras la sorpresa—. Pensé que usted ya no estaría aqu...

El hombre suelta una risa leve, interrumpiéndola con una amabilidad que no logra ocultar su porte imponente.

—No se preocupe, señorita Dahye. Ya iba de salida —responde, sacudiéndose el cabello con una toalla que lleva en las manos para secárselo tras lo que, imagino, ha sido una sesión intensa de práctica personal.

La chica del flequillo inclina un poco la cabeza asintiendo, mientras el profesor se dirige a una mesa de madera donde descansa su mochila.

—¿Qué van a practicar esta noche? —cuestiona sin siquiera mirarnos, con una voz profunda que llena el salón, mientras guarda sus cosas con movimientos precisos.

—Vamos a intentar perfeccionar la coreografía que han dejado para la evaluación mensual, profesor —responde Jiwoon, caminando hacia el centro de la sala. Dahye y yo la seguimos de cerca, sintiendo cómo el espacio parece hacerse más pequeño.

El instructor deja escapar un "mmm" profundo y prolongado. El silencio se extiende un par de segundos, volviendo el aire de la sala todavía más denso y pesado.

—¿Requieren ayuda? —dice finalmente. Se gira hacia nosotras y nos mira fijamente, con una intensidad que me hace sentir como si nos estuviera escaneando hasta el alma.

Siento un nudo en el estómago. Dahye y Jiwoon intercambian una mirada rápida; saben que aceptar su oferta significa que nuestra jornada de entrenamiento, que ya suma más de doce horas, se volverá doblemente cruel bajo su supervisión. Pero también son conscientes de que, con el sistema de puntos de la academia y la presión de la evaluación mensual, no podemos permitirnos ser mediocres. Si queremos que a la junta directiva le tiemble la mano antes de cumplir sus amenazas, tenemos que demostrar que lo estamos dando todo.

—Sí, profesor —responde la chica tras un momento de silencio. Su voz es firme, aunque noto la tensión en sus hombros—. Si le es posible, por favor, ayúdenos.

Él se aparta de la mesa de madera y se cuelga la toalla al cuello con un gesto lento, aceptando la petición con una seriedad intensa.

—Bien —dice cruzándose de brazos, evaluando mi presencia—. Antes que nada, me presento para la nueva. —Se acerca lentamente, recortando la distancia hasta que su sombra me cubre por completo—. Mi nombre es Nam Do-Hyun. Instructor de baile de los grados tres en adelante. Mucho gusto.

Hago una inclinación, sintiendo cómo el frío del sótano se me cuela por debajo de la falda del uniforme.

—El gusto es mío, profesor —digo, intentando ocultar el temblor en mi voz—. Me llamo Arisha. Arisha Solís.

—Arisha Solís —repite mi nombre, dándole un peso que me hace enderezar la espalda por puro instinto—. La chica nueva de la categoría Vocal que decidió aparecer en la oficina de Sang-hee antes que en los rankings de popularidad. He escuchado de usted.

Se coloca frente al gran espejo de la sala, ocupando el espacio con una autoridad natural que intimida.

—Ellas ya saben cómo soy, Solís —dice señalándolas con un gesto seco de su mano—. Hagamos de esta sesión de entrenamiento una inolvidable. Quiero ver, antes de ayudarlas, la coreografía que le han enseñado en su grado, señorita Arisha.

Mis compañeras se apartan hacia los costados, dejándome sola en el centro del salón. El profesor hace lo mismo: se ubica en una esquina y clava sus ojos en mí. Mi mirada se posiciona en mi propio reflejo. Una ansiedad creciente me vuelve mucho más nerviosa de lo que ya estaba; me siento diminuta frente a la inmensidad de los espejos.

—Shin Dahye, pon la música —ordena él, sin apartar la vista de mí—. Vamos a ver qué tan impecable puedes ser bajo presión. En Inelk Lenio, la mediocridad es el camino más rápido hacia la salida.

Los primeros compases de la pista llenan el salón y mi cuerpo reacciona por pura inercia. Empiezo a moverme, pero siento cada articulación rígida, como si el concreto bajo mis pies intentara retenerme. Mis ojos están fijos en el espejo, pero no logro verme con claridad a mí misma; solo veo una mancha borrosa con uniforme moviéndose sin alma.

—¡Detente! —la voz de Do-Hyun corta el aire como un látigo apenas unos segundos después.

Dahye detiene la música al instante. El silencio que sigue es sepulcral, solo roto por el zumbido de los fluorescentes. El profesor camina hacia el centro, rodeándome como si fuera un juez analizando una pieza defectuosa.



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En el texto hay: supervivencia, kpop, idols

Editado: 18.05.2026

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