PARA TÍ, PEQUEÑA QUE LE GUSTA LLORAR EN SILENCIO: NO ES TU CULPA SER ASÍ, NI ES MALO SER TÚ.
«ESTÁ BIEN ESTAR MAL»—BRUSES.
Nuestras creencias son capaces de hundirse en nuestra mente y reprimir lo que somos, por temor a un ser celestial. A veces no es malo ser nosotros, elergirnos y amarnos.
Eso me sucedió: me negué a mi misma, porque según mi fe y religión estaba mal. Era pecaminoso, inmoral, desagradable.
Había que volver algunos años al pasado. A la edad de ocho o nueve años. Invité a mi vecina a jugar en mi casa. Todo transcurrió de normal, de forma inocente hasta que ocurrió algo que jamás se borraría de mi cabeza.
Veíamos la televisión. No sé, algo que no era para nuestras edades. Los niños siempre replican lo que ven.
Un secreto. Mi respiración se dificultó y cuando estábamos por unid nuestras bocas... hui, corrí como si hubiera hecho algo imperdonable y durante los siguientes días dudé en salir de mi casa. Creí que se lo contaría a sus padres y ellos a los míos, lo que haría que me dieran un castigo o recibiera una golpiza de su parte.
Vamos, año 2013, que nostalgia.
Hubo otros momentos en mi vida que reflejaron mi preferencia y mis gustos por las mujeres, pero los ignoré. Quise convencerme de que mi tardía atracción a los hombres era porque no estaba interesada en el sexo. Así que durante un largo tiempo me engañé con la mentira de que era asexual... recordar eso ahora da mucha risa.
A los doce años me interesé en las parejas del mismo sexo sin llegar a ese lado prohibido. Evité el contenido relacionado con las mujeres.
Comprendí que nadie había sido manipulado por un diablo, ni fueron tentados por Satanás. Amor. No como lo conocía, pero sin duda lo era.
El año 2017 me golpeó fuerte, no con sus ataques directos contra mis ideas, a lo que pensé ser, sino por ese año fue mi bautizo.
Tal vez no debí escuchar a mi mamá en aquel momento, ya que, eso se convirtió en mi atadura. Una que no me dejaba ir por más que quisiera, del camino de la fe y la religión. Entonces empezó la depresión, una de la etapas más horribles de mi vida.
Varios instintos debido a que sentía no poder encajar en el mundo y menos en la congregación. Aunque para la iglesia había sido una sierva ejemplar... virgen, amable y dispuesta a trabajar para Dios.
Sin embargo, dentro de mi cabeza había un lío; el deseo por probar las cosas negadas, lo que antes no experimenté por temor a Dios.
Al final, tantas emociones llegaron a su clímax. A los quince años me masturbé por primera vez... y con ello aparecieron las ganas de cortarme la piel en un intento de redimir mi pecado.