Acorde del Corazón (libro 3. породица)

Cap. 8 Accidente

 

Cuando Dèjan llegó a su departamento en lugar de ir a acostarse, se fue derecho a su estudio, de modo que Paulo meneó la cabeza y se retiró a su habitación después de activar el sistema de seguridad. Él sabía que Dèjan no iría a ninguna parte a esa hora a menos que se presentase alguna emergencia, pero le preocupó que no fuese a descansar.

Otra cosa que Paulo había aprendido con el tiempo, era que Dèjan parecía no haber superado la muerte de la madre de Dàmir; él no estaba muy al tanto de cómo habían estado las cosas antes de conocerlo ni por qué la pareja se había separado, aunque sacó sus propias conclusiones al ver la edad del niño, asumiendo que posiblemente los padres no habían estado de acuerdo con un matrimonio tan precoz, pero fue evidente para él que Dèjan debía amar mucho a aquella chica, porque fue testigo de su dolor cuando ella murió y que opacó un tanto la alegría de haber encontrado a su hijo; del mismo modo había visto en primera fila como Dèjan era incapaz de establecer una relación duradera con ninguna mujer, aunque nunca le habían faltado. No obstante, y aunque Paulo apreciaba de veras a Dèjan, nada podía hacer por él en aquel terreno, de manera que con pesar y pensando que posiblemente Dèjan pasaría otra noche en vela pensando en la desaparecida Nadja, se fue a descansar.

Efectivamente Dèjan la última cosa en la que estaba pensando era en dormir, pero en aquella ocasión Nadja no era quien ocupaba sus pensamientos. Se sentía inquieto y no sabía a qué atribuirle aquel malestar. Había hablado temprano con Dàmir y había percibido que estaba muy contento, le había comentado que aquel día cerraban la gira por Latinoamérica y que pronto volvería a casa. Dèjan le había preguntado con cautela si alguno de sus primos asistiría al concierto de esa noche, pero Dàmir le dijo que no, pues habían asistido a uno hacía solo unos días, de modo que él se había quedado más tranquilo, ya que aun ni le gustaba ni entendía aquel repentino interés. También había conversado con su tío Tarik y todo estaba en orden en casa. Ioan había tenido que volar a París a resolver un asunto, pero su primo le había dicho que estaría de regreso al día siguiente y que todo marchaba como debía. Luego de todo este repaso mental a las personas que le interesaban y a las que amaba, se preguntó de nuevo a qué obedecía aquel desasosiego que lo había invadido en medio de su cita de aquella noche y que la había arruinado por completo. No era que lo lamentase mucho, porque en realidad solo quería distraerse un poco, lo que le molestaba era no saber qué ocasionaba la molestia.

Se sirvió un trago y activó el mando que abría las cortinas, se asomó al amplio ventanal y observó la ciudad, pero mientras estaba allí de pie en silenciosa contemplación, la voz de Jesse invadió sus recuerdos.

  • Aunque ya vas por ese camino, envejecerás más pronto si todo lo haces con esas “cosas”, porque tus huesos van a oxidarse, jefe

Aquello lo había dicho Jesse en una oportunidad en la que lo había visto utilizar un control remoto, aunque en ese momento no recordaba para qué, sin embargo, aquel recuerdo lo hizo sonreír y volvió a preguntarse dónde y qué estaría haciendo ella. No obstante, la imagen y las palabras de Jesse que habían estado ocupando su mente durante un buen rato, fueron bruscamente desalojados al recibir una llamada que casi le produjo el primer infarto de su vida.

 

Una vez que Dàmir había abandonado el salón en compañía de Drasko, los mayores se reunieron alrededor de Igor, pero solo los varones, porque las chicas no parecían tener el mismo interés fuera éste el que fuere, y mientras Darija seguía pegada a un consternado Imran, Jelika enfiló hacia Kerim en cuanto lo vio solo. No era que Kerim fuese especialmente discriminador y menos cuando se trataba de féminas, pero en aquel momento ninguna de las de aquella familia habría podido despertar su interés. Sin embargo, su ya larga práctica en aquella materia lo hizo actuar con aparente normalidad cuando en realidad estaba pendiente de cada minuto que pasaba y Dàmir no regresaba.

Entre tanto y en una de las suites del hotel, el objeto de la preocupación de Kerim, miraba a su abuelo con suprema hostilidad y un desprecio aun mayor.

  • Quisiera que…
  • No sé qué podría inducirlo a pensar que sus deseos pueden interesarme, y como no es así…
  • Dàmir  --  lo interrumpió Drasko y cuando su primo lo miró, el mayor sintió algo muy desagradable
  • Debí suponer que no debía esperar nada bueno de ninguno de ustedes  --  dijo en tono helado
  • Estás mal interpretando las cosas Dàmir, y entiendo que así sea, pero en verdad pensamos…
  • Hazte a un lado Drasko, no pienso quedarme a escuchar como este individuo me insulta o insulta la memoria de mi madre
  • Escucha, solo dale…
  • Déjalo Drasko  --  lo interrumpió ahora Admir  --  aunque no en todo, él tiene razón
  • ¿No en todo?  --  dijo Dàmir con incredulidad
  • No, no en todo  --  repitió Admir  --  porque tienes razón al pensar como lo haces, pero no la tienes pensando que voy a insultarte
  • ¿Y por qué habría de creerle al individuo que desterró a su propio hijo solo porque se había enamorado de alguien que usted consideraba inconveniente? ¿Qué razones tendría para escuchar a alguien que se ha pasado la vida negando que existo y más aún, intentando borrarme para evitar que manchase su ilustre nombre? ¿Qué interés podría tener en escuchar a quien de haber podido nos habría matado a mi madre y a mí?  --  hizo una brevísima pausa antes de agregar  --  En suma, señor Zazvic  --  puntualizó con el ya mencionado desprecio  --  ¿Por qué querría ni siquiera estar compartiendo el mismo aire con el cretino que hizo todo cuanto pudo por arruinarme la vida?
  • Ninguno  --  dijo Admir  --  solo te pido que no culpes a tus primos de nada, porque al enterarme de que se habían visto contigo, fui yo quien pidió verte  --  mintió con descaro haciendo que Drasko se llevase la segunda sorpresa de la noche
  • Hay que ser muy desvergonzado para hacer algo así después de haberme desgraciado la vida, pero por alguna razón no me sorprende. Sin embargo, déjeme decirle que peor para usted, porque así como antes no quiso saber de mí, ahora soy yo quien no quiere saber de usted.




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