Acorde del Corazón (libro 3. породица)

Cap. 23 Giovanni

 

Un niño corría descalzo por la campiña calabresa mientras hacía volar una cometa cuando repentinamente fue detenido por otros que después de golpearlo, le quitaron la cometa y lo dejaron allí tirado. Él no sabía cuanto tiempo había pasado allí, pero estaba oscureciendo cuando sintió que alguien se acercaba.

  • ¡Bambino, grazie Dio! – pero aunque la voz seguía hablando, él se perdió en la oscuridad

Cuando abrió de nuevo los ojos, sentía que le dolía horrores el estómago e intentó llevarse la mano a éste.

  • Tranquilo – escuchó
  • Giorgio… ho male…

Sin embargo, no pudo continuar hundiéndose nuevamente en la inconsciencia.

  • Está ardiendo – dijo Marco con preocupación

Nick juntó las cejas mientras David se acercaba a comprobar el estado de Giovanni. Las primeras luces del alba ya se asomaban, y aunque ninguno de ellos había podido dormir esperando a que amaneciese y aquel inividuo se llevase a Giovanni, hacía más de una hora que le había comenzado una fiebre que aun no remitía y al parecer empeoraba, porque al menos los chicos no tenían idea de quién era Giorgio que era a quien Giovanni parecía estar dirigiéndose, lo que a su juicio solo podía significar que estaba delirando.

 

Giovanni despertó y vio a su madre, quien emitió un chillido e inmediatamente quien se acercó fue su hermano.

  • ¿Cómo te sientes, bambino?
  • Mi cometa – dijo el chico
  • Olvida eso y dime…
  • Quiero mi cometa – insistió
  • Haremos otra en cuanto…
  • Quiero la mía – dijo con terquedad

Tanto insistió hasta que Giorgio le dijo que la recuperarían y fue cuando Giovanni se avino primero a decirle que le dolía todo pero que estaba bien. Unos días después y cuando el chico estuvo mejor, volvió con el mismo asunto y no se quedó tranquilo hasta que sus hermanos fueron a buscar a quienes lo habían apaleado y aparte de devolverles el favor, recuperaron la problemática cometa.

  • Ahora quiero que me enseñen – les dijo a sus hermanos
  • Giovanni, estás muy pequeño y…
  • ¡Enséñenme!
  • Bien, pero…
  • Giorgio es mala idea, solo tiene cinco y…
  • ¡Cállate Marcelo! Tengo cinco años pero no soy idiota

Los que escuchaban los retazos de lo que Giovanni parecía estar soñando y aunque no tenían idea de qué podía ser, lo que sí tuvieron claro por los trozos de conversación, fue que aquel individuo desde que era un chico había tenido el mismo horroroso carácter.

Y ciertamente así había sido. Giovanni había sido el menor de sus hermanos y el único para consternación de su padre, que había heredado el mencionado carácter de su abuelo, algo que quedó demostrado prácticamente desde que era un bebé. Cuando comenzó a ir a la escuela, casi no hubo un día en que las maestras no pusieran alguna queja bien fuese por su caótico comportamiento o porque se había peleado con alguien, algo esto último que les costó una paliza a sus hermanos mayores cuando su padre se enteró que eran quienes estaban enseñando al chico a volverse más violento de lo que ya era.

Cuando fue un poco mayor, los problemas se extendieron a las faldas, y sería esto lo que terminaría por causarle un paro cardíaco a su padre el día que un furioso individuo fue a matar a Giovanni por haberse metido con su mujer. Aquella fue una tragedia de grandes proporciones, y de no haber sido por Francesco Romanelli, un amigo de su hermano cuyo padre era abogado, con seguridad Giovanni habría ido a parar a la  correccional, porque aunque para entonces tenía solo dieciséis años, después que dieron sepultura a su padre, se fue derecho a buscar al cretino  que había querido matarlo y el muerto fue él, seguido de todos sus hermanos.

Con las cosas así, los hermanos de Giovanni y una vez que el señor Romanelli había logrado que milagrosamente no terminse encerrado, se plantearon qué hacer con el bambino, pues temían que su desventurada madre y con todos lo problemas que causaba el chico, terminase igual que su padre.

Sin embargo, aunque Giovanni no dejó de meterse en problemas con las chicas, pareció encauzarse cuando comenzó a trabajar. Francesco, el amigo de Giorgio, le dio trabajo en una tienda de abarrotes de su propiedad y no dejaría de felicitarse por ello, porque el muchachito resultó un excelente vendedor y aunque no sabían cómo se las arreglaba nadie salía de la tienda sin comprar cualquier cosa aunque en principio no la hubiese necesitado. Tan bueno fue el desempeño de Giovanni que Francesco en un principio le ofreció un porcentaje de las ganancias, pero al poco tiempo le planteó asociarse. Aquella también fue un buenísima idea, porque el negocio creció de forma acelerada y pronto tenían una sucursal. No obstante, Francesco no podría disfrutar mucho de aquel éxito, porque un día cualquiera Giovanni recibió la noticia de que el coche de Francesco había volcado y él había perecido de forma instantánea. Giovanni dejó lo que estaba haciendo y salió a escape hacia la población cercana donde había tenido lugar el accidente y comprobó que no se trataba de un error, así que le avisó a su hermano Giorgio y juntos se hicieron cargo de todo lo concerniente al traslado del cadáver y el funeral, porque la viuda de Francesco estaba desecha y el padre de Francesco había fallecido unos meses atrás.




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