Acorde del Corazón (libro 3. породица)

Cap. 36 Secuestro

 

Aunque Martha y Ed continuaban atendiendo su local, ahora tenían a dos chicos y una chica que los ayudaban, pero cuando habían visto a Jesse, al menos Martha había corrido hacia ella saludándola con el cariño de siempre. Una vez que ubicó a la pareja en una de las mesas más alejadas del ruido, volvió a la barra.

  • ¿Por qué no fuiste a saludarla, Ed?
  • Porque estoy ocupado – dijo él

No obstante, Martha conocía lo suficiente a su marido como para que éste pudiese engañarla.

  • Dime ahora mismo qué está sucediendo Edward Mitchel – le dijo en tono autoritario y como él sabía la inutilidad de mentirle, cedió
  • Me parece que Nick hace mal dejando a la niña salir sola
  • No está sola, y en cualquier caso vino sola muchas veces – le recordó ella
  • Exacto, sola – puntualizó – no con un fulano que no sabemos quién es

Finalmente Martha entendió y soltó una alegre carcajada, porque en aquella pareja las cosas parecían invertidas y quien se preocupaba por las relaciones de sus chicos era Ed y no ella. Ya en una ocasión anterior, Ed se había mostrado muy molesto al ver llegar a Mihailo en compañía de otra desconocida y que con posterioridad se enterarían que no solo era su novia sino que era hermana de Ajle. Sin embargo, Ed aun pasaría varias semanas de mal humor, porque en su opinión, la novia de Mihailo debía ser Jesse y no aquella chica.

Aunque en verdad Ed estaba ocupado porque aunque ya no se ocupaba de atender las mesas seguía haciéndose cargo de la caja, estuvo todo el rato vigilando la mesa de Jesse y con ganas de sacudir a quel individuo, ya que para él eran obvias las intenciones del fulano, y a decir verdad, casi estuvo a punto de llamar a Nick y decirle unas cuantas cosas.

Jesse por su parte y si bien no había comido mucho, después de despacharse el segundo trozo de pastel de manzana, y habiéndose hartado de la letanía de Austen, se puso de pie y él la imitó enseguida.

  • No tienes que seguirme – le dijo ella – no voy a perderme

La intención de Austen en realidad no había sido la de seguirla, ya que se imaginó que iría a los servicios y solo se había levantado atendiendo a una elemental norma de cortesía que ella parecía desconocer, de modo que se sintió apenado por lo que Jesse le dijo aunque no tuvo ocasión de decir nada él, porque ella echó a andar hacia la barra.

  • Ey, Ed – lo saludó ella encaramándose en una de las sillas altas que estaba frente a la barra

Después de decirle un par de inconveniencias con relación a las chicas que andaban por ahí, apareció Martha.

  • No deberías dejar solo a tu chico, Jesse
  • No es mi chico – dijo ella – y a decir verdad, me encantaría acomodarle un puñetazo para que dejase de decir babosadas

Martha puso los ojos en blanco mientras que Ed soltaba una sonora carcajada, y a partir de ahí se sintió un poco más tranquilo y comenzó a hablar con más naturalidad con Jesse.

  • Baboso acercándose – le dijo un momento después y Jesse compuso expresión de fastidio
  • Permiso – dijo Austen, pero como ni Ed ni Jesse dijeron nada, agregó – Ya es tarde y debemos marcharnos, Isabella
  • Bien – dijo ella y miró a Ed – ¿Cuánto es el daño para nuestros bolsillos? – le preguntó como solía hacerlo
  • Ya el caballero se ocupó de eso – le dijo él

Y ciertamente así era, porque viendo que Jesse parecía no tener intenciones de regresar a la mesa, Austen había pedido la cuenta a uno de los meseros antes de levantarse para ir por ella. Después de una rápida presentación, Jesse se despidió de los Mitchel y abandonaron el pub.

  • Cada día está más linda – dijo Martha mientras los veía alejarse
  • Y los chicos comienzan a notarlo, así que creo que hablaré con Nick para…
  • Tú no harás nada, Ed
  • Pero…
  • Deja a la niña en paz, tiene derecho a un poco de diversión después de todo por lo que tuvo que pasar

Aunque Ed estaba de acuerdo en que Jesse tenía ese derecho, en lo que no lo estaba era en que Nick la dejase ir por ahí con cualquier fulano y menos con uno que parecía  punto de saltar sobre ella, así que igual hablaría con él aunque Martha no estuviese de acuerdo.

 

Después que Jesse se había marchado, Donatello se encerró en su habitación mientras que Charlie iba por unas pizzas, pero cuando regresó, se encontró a Nick intentando detener a Jack.

  • ¿Y dónde se supone que vas a buscarla, necio? – le estaba diciendo en ese momento
  • ¡No lo sé! – exclamó él

Fue toda una prueba de resistencia mantener a Jack allí y ya Nick comenzaba a plantearse el amarrarlo cuando escucharon el timbre. Como era usual cuando aquello sucedía sin que el portero anunciase al visitante, y si bien podía tratarse de alguien autorizado a subir sin ser anunciado, ellos extrajeron sus armas en forma automática incluido el energúmeno que no había dejado de vociferar. Charlie se situó tras la puerta, Jack lo hizo casi detrás de Nick mientras éste iba a abrir.

  • Buonasera Nicky – saludó Giuliana
  • Liana – dijo él guardándose la automática que tenía en la otra mano tras la espalda




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