Acorde del Corazón (libro 3. породица)

Cap. 51 Inconveniente

 

Zara se encontraba en estado de expectación desde que el día anterior Ioan anunciase la visita de Dèjan y Dàmir, de manera que Admir dio la batalla por perdida y le pidió a Pitja que se quedase a hacerle compañía, y de ser posible, a tranquilizarla. La cuestión era que Pitja estaba tanto o más emocionada que Zara y habría sido simplemente imposible cumplir con lo que le había pedido Admir, pues siendo que ella no tenía los motivos de sus señores para la aprensión, se quedó solo  con la emoción.

Dèjan se detuvo ante la puerta de la habitación de sus padres y miró a Dàmir.

  • Hijo, entiendo…
  • No te preocupes, papá – lo interrumpió él – Ya me dijiste que está enferma y no diré nada desagradable

Dèjan le  alborotó los cabellos como solía hacerlo Ioan y procedió a llamar, aunque no esperó por la admisión, sino que abrió.

  • Dame un momento – le dijo y entró – Dobro jutro, majka [1] - saludó
  • ¡Dèjan! – exclamó la mujer.
  • Dete – fue la exclamación de Pitja que a diferencia de Zara que estaba en la cama, había podido correr a abrazarlo
  • Pitja – saludó él besando su frente y después caminó hacia la cama procediendo del mismo modo con su madre – ¿Cómo te sientes?
  • Contenta de verte
  • No me refiero a eso, madre
  • Estoy bien, hijo
  • De acuerdo – dijo poniénose de pie y caminando hacia la puerta – Adelante – le dijo Dámir y éste entró

Aunque ya Admir le había comentado a su esposa el parecido del chico con su hijo, si en algún momento Zara estuvo a punto  de sufrir un paro cardíaco fue en aquel, pues fue violentamente lanzada a un pasado no muy lejano al ver a Dàmir, y quien definitivamente no lo soportó no solo por no estar preparada, sino por una condición más frágil, fue Pitja quien cayó desvanecida. Dèjan se movió con rapidez y casi se cae él intentando sujetar a Pitja, mientras que Dàmir a quien estaba mirando era a Zara que se había llevado ambas manos a la boca en un intento quizá por detener la exclamación de sorpresa.

  • Pitja – estaba diciendo Dèjan y la mujer lo miró con los ojos desorbitados
  • Dete…mislim… da gubim [2]
  • Cálmate, no estás perdiendo nada y lo que creo es que nadie te advirtió que traería a mi hijo conmigo – le dijo
  • O, Bože… vaš sin [3]

Dàmir se había quedado parado sin saber muy bien qué hacer hasta que escuchó a Zara.

  • ¿Puedes… acercarte? – le preguntó y él miro a su padre que le hizo un gesto de asentimiento

Él así lo hizo, pero aun seguía sin saber qué hacer o qué decir, pues si bien no tenía motivos para sentir nada especial por aquellas personas, no era de ningún modo insensible y fue clara para él la emoción de las dos mujeres que lo miraban con incredulidad, y las cosas empeoraron mucho cuando tanto Zara como Pitja comenzaron a llorar en forma convulsiva.

  • Madre, pensaré que esta fue una terrible idea – dijo Dèjan
  • ¡No! – exclamó ella sin dejar de mirar a Dàmir – es solo que… es como estar mirándote a ti
  • Y no creo que eso sea tan malo
  • Claro que no… es solo que… – pero no sbaieno qué más decir, estiró la mano hacia Dàmir que seguía de pie y en silencio – Ven – le dijo y en esta ocasión él obedeció sin pedir autorización a su padre

Un seguno después estaba siendo asfixiado por Zara. Por muy poco inclinado que hubiese estado a aquel encuentro, Dàmir no pudo sustraerse de devolver el emocionado abrazo que estaba recibiendo. Un momento después, Zara aflojó el abrazo y sujetó su rostro.

  • Eres… hermoso, mi niño – dijo entre sollozos
  • Se lo agraezco, pero hermoso…
  • No tienes nada que agradecer y la que debe hacerlo soy yo, y además rogarte que…
  • Madre – la interrumpió Dèjan
  • Por favor, hijo – dijo ella – permíteme disculparme por…
  • Puedo coincidir contigo en muchas cosas, pero el único que tiene mucho por lo que pedir perdón es mi padre y no tú

Zara decidió no discutir con su hijo, pues lo conocía lo suficiente y no quería arruinar aquel momento, así que se dedicó a mirar a Dàmir hasta casi hacerlo sentir incómodo.

  • Mira Pitja – dijo colocando un dedo sobre la ceja izquierda de Dàmir – hasta tiene le mismo lunar de Dèjan

El mencionado lunar era apenas un punto casi invisible a menos que se estuviese muy cerca, pero efectivamente allí estaba. Y Dàmir el que recordó fue el otro lunar que tanto su padre como él tenían en el torso, y que fue el que su madre de le dijo que debía mostrar si Dèjan demoraba mucho en encontrarlo.

  • Ali njegove oči… [4]
  • Son los de mi madre – dijo Dàmir
  • Lo imagino, querido – respondió Zara

A partir de ahí ambas mujeres comenzaron a atacarlo a preguntas que iban desde cuál era su comida favorita hasta si tenía novia, mientras que Dèjan se había acomodado en un sillón y no solo escuchaba, sino que fue testigo de la capacidad de Dàmir para ser simplemente encantador si se le antojaba y unos minutos después ya las dos estaban sintiendo adoración por él.

  • Dete – le dijo Pitja y tanto Dèjan como Dàmir la miraron, aunque ella le hablaba al hijo – Te gusta la Sarma ¿verdad?
  • Pues…
  • No lo conoce, Pitja – contestó Dèjan por él
  • No es posible – dijo ella – A ti te gusta mucho y…
  • Y como nadie lo prepara como tú, entonces no iba a ir por ahí comiendo cualquier porquería
  • Tienes que probarlo – le dijo a Dàmir y se puso de pie – voy a…
  • Eh, eh – la detuvo Dèjan – por mí está bien, pero dudo mucho que a él le guste, pues no le gusta ni el yogurt ni las acelgas. Te irá mejor con los dulces
  • ¡Papá! – exclamó Dàmir poniéndose de pie y acecándose a Pitja – No le preste atención, estoy seguro que va a encantarme si lo prepara usted




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.