Acordes de cristal

1. toxic

"El mundo de los adultos tiene una escala distinta a la de un niño de diez años. Para mi madre, el éxito se medía en números sobre un papel blanco: un 20 era la norma, un 19 era un fracaso y cualquier otra cifra era una invitación directa a compararme con el hijo de la vecina o el primo que ""sí se esforzaba"". Pero en los pasillos de la primaria, la escala de poder no se medía con calificaciones. Se medía en centímetros. Yo era Leo, el niño de las notas perfectas, pero también el que siempre estaba al frente en las filas por ser el más bajito. A esa edad, ser pequeño no es una característica física; es un blanco pintado en la espalda."

"Aquel martes de 5to grado, el aire se sentía pesado. Caminaba junto a Kai, mi único ancla en ese mar de tiburones. Nosotros teníamos ese lenguaje de ""bullying mutuo"" que era, en realidad, nuestra forma de decirnos que estábamos juntos en esto. Pero incluso la presencia de Kai se sentía insuficiente cuando aparecieron ellos. ""Mira, ahí va el enano con su guardaespaldas"", gritó uno. Sentí el primer golpe. Un empujón ""accidental"" que me mandó contra los casilleros. El metal frío chocó contra mi hombro mientras mi mochila caía al suelo. Me rodearon. Para ellos, yo era un juguete; para mí, ellos eran monstruos que me robaban el oxígeno."

"¿Vas a llorar porque no llegas a la cerradura?"", se rieron. Esa risa se te clava en los huesos. El nudo en la garganta me quemaba. Mi mente gritaba que yo era inteligente, pero mi cerebro no servía para detener el rodillazo que sentí en el muslo. El dolor fue una chispa eléctrica que hizo que mis piernas flaquearan. Y entonces, algo dentro de mí se rompió. Lancé un grito de pura desesperación y me abalancé sobre el más alto. Quería que sintiera un gramo del odio que yo me tragaba. Pero mis manos apenas llegaron a su pecho. Él me tomó por las muñecas y me empujó con desprecio. Caí de espaldas, golpeándome la nuca contra el suelo de granito. El mundo dio vueltas mientras ellos se alejaban celebrando su victoria."

"Me quedé ahí, tirado en el piso frío. Kai intentó ayudarme, pero no quería su compasión. Me sentía patético, una hormiga que alguien había intentado aplastar por aburrimiento. Esa tarde, al llegar a casa, el silencio de mi habitación fue mi único aliado. No quería hablar con mi mamá para que me comparara con otros. Me encerré. Mi autoestima estaba bajo el suelo, y la idea de que el mundo estaría mejor sin alguien tan insignificante como yo empezó a rondar mi cabeza como un buitre."

"Encendí el teléfono buscando escapar de mi propia mente. YouTube me mostró algo distinto: un chico con una máscara y un ukelele. “All my friends are toxic, all ambitionless...”. La letra me golpeó más fuerte que cualquier empujón. Cerré los ojos y apreté los auriculares contra mis oídos. El sonido de madera y cuerda construyó una pared de acero a mi alrededor. Entendí que no era yo quien estaba mal; era el veneno de los demás el que me enfermaba. Sentado en la esquina de mi cama, me sentí a gusto conmigo mismo por primera vez. Esa noche no lloré por el golpe en la nuca, sino porque había encontrado un lugar donde mi estatura no importaba. Había encontrado mi primera medicina."




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