Acordes del Corazón (libro 10. Тишина)

Cap. 04 Ceremonia

 

Siendo que ya el novio había llegado, la concurrencia ahora esperaba con expectación la llegada de la novia, de manera que al ver la limosina blanca, se elevaron de nuevo las voces.

  • ¿Qué es eso? ¿Sucede algo? – preguntó Ivy
  • No
  • Nick
  • Ivy, supongo que estás consciente de con quién te estás casando ¿verdad?
  • Claro, pero… – sin embargo, hizo silencio y luego murmuró – Los fans
  • Exacto, pero eso no tiene por qué alterarte – le dijo y sujetó su enguantada mano – Yo estoy aquí
  • Lo sé. Gracias Nick, no solo por acompañarme en el día más importante de mi vida, sino por estar siempre

Nick sonrió y posiblemente iba a decir algo, pero como ya se habían detenido, debían bajar, porque ya uno de los guardaespaldas estaba abriendo la puerta. A pesar de lo dicho por Nick, Ivy se alteraría lo mismo, porque si había percibido el ruido aun sin haber llegado y con las ventanas del auto cerradas, en cuanto se abrió la puerta, el escándalo los golpeó en toda su intensidad. Si bien Nick era un líder por naturaleza, lo que no le gustaba de forma especial era ser el centro de atención de ninguna multitud, de modo que juntó las cejas, pero respiró profundo y se dispuso a bajar.

  • Bien, vamos allá – murmuró bajando, y en cuanto lo hizo, se giró para ayudar a bajar a Ivy

Aunque Dàmir se había negado a que ningún periodista entrevistara a Ivy, sabiendo como sabían que todos se morían por hacerlo, y que los fans pedían a gritos conocer a la futura esposa, habían resuelto el asunto con ayuda de Lena, quien preparó una sencilla entrevista que se encargó de hacerles ella misma, así como de escribir el artículo que fue enviado a la redacción de una importante publicación de circulación internacional junto con unas fotos que quien se había encargado de hacer había sido Jeff. De modo que, cuando Ivy bajó, comenzaron a gritar su nombre, pero al verlos avanzar, lo que también se preguntarían sería por la identidad de quien la llevaba del brazo.

Como los guardaespaldas tenían claro que no debían dejar que nadie se les acercara, así como del hecho de que a ella nadie podía preguntarle nada, y al menos los que habían estado haciéndolo con los demás, si tuvieron intención de intentarlo, no podrían ni acercarse. Nick por su parte, avanzó intentando no mirar a nadie, pero muy consciente de las miradas que les estaban dirigiendo, y pensaría de forma parecida a Andrija en el sentido de que aquello era como agitar una bandera roja frente a quienes los perseguían.

Una vez dentro del recinto se tranquilizó un poco, aunque Ivy no, pues cuando colocó una mano sobre la de la chica para indicarle que estaban entrando a la iglesia, notó, a pesar de la tela del guante que ella llevaba, que estaba helada.

  • Estamos entrando, Ivy

Ella asintió y se apresuró a hacerse la señal de la cruz mientras iniciaban la caminata por el pasillo de la nave central.

Todos los que estaban dentro se habían puesto de pie, de modo que Dàmir, y a pesar de su estatura, no podría ver a Ivy sino cuando ya estaba más cerca.

  • ¡Wow! – exclamó Sejad – Sin duda el primito tiene un gusto inmejorable
  • Eso es… in-ne-ga-ble – silabeó el padre de la criatura

Pavel, que era el susodicho padre, había sido, y en realidad seguía siendo, un notorio mujeriego, y siendo que todavía a sus 53 años seguía siendo no solo atractivo, sino que nadaba en dinero, ambas cosas le facilitaban de forma muy eficaz el poder continuar practicando su deporte favorito, es decir, perseguir mujeres, solo que ahora perseguía a las de la edad de Ivy, así que Sejad y Faris, sus dos vástagos, rieron con diversión mientras que Olga los miraba con ganas de asesinarlos. Como sabemos, Olga no quería a nadie más que a sí misma, pero siempre le había tenido manía a su hermano y lógicamente cualquier cosa o persona que tuviese que ver con éste, ella lo encontraba por defecto detestable.

  • Tenías razón, Mirjana – estaba diciendo Zara – se ve hermosa
  • No había mucho qué hacer, mamá, porque lo es por naturaleza

Ahora fue el turno de Admir de componer una expresión peor que la que ya tenía, pero a diferencia de su hija Olga, que ni siquiera se había molestado en mirar, él no pudo evitar hacerlo. Aunque ya él había decidido que la muchachita no podía ser adecuada para un Zazvic, aun cuando él se había pasado media vida negando a su nieto, no era tan estúpido como su hija y ciertamente tenía ojos en la cara, así que al ver a Ivy, en lo primero que pensó fue en una pintura de un tal Albert Lynch,[1] y que Mirjana aseguraba tenía un don para pintar mujeres hermosas. La cuestión fue que a Admir, el rostro delicado de Ivy le recordó a la mencionada pintura, y la única diferencia, era que Ivy tenía un sedoso cabello tan dorado como rayos de sol. Sin embargo, se riñó a sí mismo, porque no importaba si la niña era bonita u horrorosa, porque en su necia opinión, seguía siendo inconveniente y, por tanto, no merecía llevar su apellido.

Cuando la pareja llegó al final del recorrido, Dàmir dio un paso hacia ellos, pero aguardaría mientras Nick le hablaba a Ivy.

  • Hasta aquí llego yo, pero, aunque en este momento te estoy entregando al hombre al que escogiste para compartir el resto de tu vida, eso no significa que voy a alejarme o que no podrás contar conmigo siempre – e inclinándose le dio un beso en la frente




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