Acordes del Corazón (libro 5. Персегуидос)

Cap. 9 Extraño

 

Cuando David regresó, ya Jesse había salido del baño y estaba discutiendo con Dèjan, Dios sabía por qué, pero suspendieron su pleito cuando David le extendió la hoja a Dèjan.

  • Esto significa que ya puedo marcharme ¿no? – preguntó innecesariamente y sin mirar siquiera lo que venía escrito, pero puntualizando el verbo y David entendió más de prisa
  • Así es y… – pero se detuvo, pues su buscador comenzó a sonar – Lo siento, debo ir a la emergencia – se excusó mientras corría hacia la puerta

Jesse le quitó el papel a Dèjan, y como efectivamente era lo que él había dicho, no puso objeciones cuando Dèjan se incorporó.

  • Sería amable de tu parte esperar fuera mientras me visto
  • No tengo que esperar nada – dijo ella girándose – Me voy a casa
  • ¡¿Qué?!

Paulo habría podido reír al verle la expresión a Dèjan, pero como le tenía aprecio a su vida, no lo hizo.

  • Ya no necesitas una niñera, jefe
  • Y nunca necesité una, pero… – Dèjan buscaba frenéticamente un medio para evitar que se marchara, pero no estaba siendo fácil
  • ¿Pero qué? – preguntó ella
  • Dàmir aún no está bien y va a pasar un tiempo antes de que lo esté
  • Ya lo sé, pero afortunadamente para él, tiene muchas personas para cuidarlo, lo que no es tu caso, ya que él es dulce y simpático mientras que tú no. Y por otra parte, él no es estúpido y necio como tú, y aceptará quedarse donde está sin que nadie tenga que amenazarlo para eso
  • No lo conoces bien – dijo él, pero ella continuó hacia la puerta – Espera
  • ¿Qué? – preguntó con fastidio
  • En verdad… Escucha, deja que me cambie antes de marcharte
  • ¿Quién te entiende, jefe? Primero me dices que me vaya y…
  • No dije que te fueras, solo te pedí esperar fuera… por favor – agregó

Jesse lo miró mal, pero no dijo nada, sino que se giró hacia la puerta y salió.

  • ¡Paulo muévete!

Siendo que Jesse no había respondido, Dèjan encontraba sumamente importante asegurarse de que no se marcharía y por eso envió a Paulo, mientras que éste pensaba que si ella quería marcharse, él nada podría hacer, porque aparte de que ella por sí misma ya era un problema, él no había olvidado que había dos peligrosos individuos que no dudarían en atacarlo si intentaba cualquier cosa.

Afortunadamente Jesse en verdad no parecía tener intenciones de ir a ninguna parte, y lo que sí hizo fue caminar hacia los chicos quitándole algo que comía uno de ellos.

Dèjan y si bien estaba vistiéndose a toda prisa, su cerebro estaba corriendo más aún para encontrar el modo de retener a Jesse e insultándose por no haber pensado en aquello; a pesar de todo, en cuanto se colocó la chaqueta se dio mucha prisa en salir. Jesse dejó a los chicos y se fue derecha hacia él mientras Nick y Charlie pensaban que aquel infeliz en verdad era muy necio, pues ellos no sabían que ya podía marcharse, aunque saberlo no modificaría en nada su opinión.

  • ¿Y bueno? – preguntó Jesse – Aquí estoy
  • Gracias – dijo él componiendo una expresión  inocente que extrañó a Jesse, pues le recordaba a Dàmir – Como te decía, Dàmir es un buen chico, pero también puede ser muy terco y…
  • Me pregunto a quién se parecerá – dijo ella en tono irónico, aunque eso no lo detuvo
  • … en extremo responsable. Así que si bien es improbable que en un inicio se oponga a las indicaciones médicas, en cuanto comience a recordar todo lo que tiene pendiente, comenzará la odisea
  • Aja, pero tú eres su papá y a ti te obedece ¿no?

En aquel punto Dèjan bajó la cabeza y compuso expresión de pena. Aunque Jesse con dificultad le llegaba al pecho, igual se acercó más ladeando la cabeza como para mirarlo mejor, aunque luego se arrepentiría de eso, porque pudo ver con claridad la expresión de pena y dolor y se sintió terrible, pero casi enseguida se reprendió diciéndose que no había dicho nada malo.

  • ¿Qué sucede contigo? – preguntó refugiándose en la ira
  • Dàmir es mi hijo – dijo él, aunque eso no contestaba la pregunta de ella – Y si bien me obedece, el problema soy yo, porque estoy incapacitado para negarle cualquier cosa que pida, independientemente de lo que esto sea, y aclaro, que puede ser mi cabeza e igual la tendría

Jesse había elevado las cejas al igual que Paulo, y aunque ambos lo habían hecho por la misma razón, tenían motivos diferentes. El de Paulo era, porque a pesar de estar perfectamente al tanto de lo que acababa de escuchar, era la primera vez que se lo escuchaba a él, pues lo normal era que Ioan lo dijese y que Dèjan se enfadase. Y en el caso de Jesse que no había tenido un padre ni bueno ni malo, lo que pensó por una parte, fue que debía ser fantástico tener uno como Dèjan, y por la otra, no entendía por qué eso debía hacerlo sentir mal y demoraría más bien poco en entenderlo, aunque no sería justo en ese momento, así como tampoco tenía explicación para su propio malestar, de modo que se frotó la nariz como lo había hecho en el pasado cada vez que se sentía incómoda.

  • Entonces quieres que sea su carcelera ¿no?
  • Bueno, yo no dije…
  • Pero es lo que quieres – lo interrumpió
  • Ven – le dijo Dèjan extendiendo su mano y ella lo miró con desconfianza
  • ¿A dónde?
  • Solo quiero que te sientes y me escuches un momento




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