Acordes del Corazón (libro 5. Персегуидос)

Cap. 21 En Londres

 

En Londres las cosas se estaban complicando. Cuando Marco había recibido la llamada de Vinnie informándoselo a Giovanni, éste había sentido que su corazón dejaba de latir y no se enteró de cómo salió de casa ni cuándo llegó al hospital, pero una vez superado el susto, ahora lo que amenazaba a su corazón era la ira, porque si bien había podido ver a sus hijos mientras estuvieron dormidos, una vez que Jesse recuperó el sentido, lo corrió con su dulzura característica y luego le ordenó a Charlie no dejarlo pasar de nuevo, amenazándolo, además, con romperle el cuello si no obedecía, y como Charlie tenía los mejores motivos para no dudar de eso, Giovanni no había tenido ninguna oportunidad y tenía que contentarse con lo que le decía Vinnie.

Dèjan por su parte, tuvo su primer enfrentamiento con Giovanni y esperaba que fuese el último, aunque en realidad no sería así, la noche del accidente y cuando había abandonado la habitación antes de romperle los huesos al hermano del payaso que lo era tanto como su hermano.

  • ¡Ey!

Aunque de alguna manera, porque no era sordo, había registrado el llamado, como nadie se dirigía a él de aquella grosera manera, salvo la pequeña bruja a la que acababa de dejar, no prestó atención, mientras que Paulo y Charlie que vieron a Giovanni apresurarse para alcanzarlo, lo hicieron más que él.

  • Si lo aprecias, es mejor que te lo lleves a toda prisa, porque si la hija lo hace perder la paciencia, el padre no es mejor, pero dudo que el jefe vaya a tenerle a él la misma paciencia que le tiene a Isabella y las cosas pueden complicarse – concluyó Charlie antes de alcanzar a Dèjan
  • Estás en pésima compañía, Paulo – dijo desquitándose con el hermano equivocado, pero Charlie solo rio
  • Dèjan, creo que…
  • ¿Acaso eres sordo? – preguntó Giovanni llegando hasta él

Era posible que aquel tono surtiese algún efecto entre sus hombres o incluso con algunas otras personas, pero perdía miserablemente su tiempo con Dèjan que lo miró de arriba abajo como solo él podía hacerlo, y que indicaba con claridad al destinatario, su desprecio, y luego intentó seguir su camino. No obstante, Jesse no había adquirido la terquedad en una tienda de saldos, sino que era herencia directa de su progenitor.

  • Estoy hablando contigo, niño – insistió Giovanni
  • Para que eso fuera posible, yo tendría que estar de acuerdo, y como no es así, le sugiero apartarse de mi camino
  • ¿Crees que soy estúpido?
  • Lo que yo crea no es de su incumbencia, pero en cualquier caso, no tengo que creer nada, pues usted se esfuerza en demostrar esa condición

Giovanni tenía pésimo aspecto y por varios motivos, comenzando, porque aquella molesta forma de hablar le recordaba la razón por la que su hijo menor lo exasperaba. De seguido, lo descomponían aquellos niños ricos que se creían los dueños del universo solo por tener mucho dinero, y aunque ahora él también lo tenía, se había pasado casi toda su vida trabajando para llegar donde había llegado, y pensaba, equivocadamente en algunos casos, que individuos como Dèjan, solo se dedicaban a tirar las fortunas de sus padres. Y por otro lado, que a Dèjan le estuviese permitido ver a su hija y a él no, lo molestaba quizá más que todo lo anterior.

  • Escucha muchachito… – porfió atravesándose en su camino

Si la situación no tuviese tantas posibilidades de terminar muy mal, Paulo habría podido reír ante el impreciso extremismo de padre e hija, porque mientras Jesse había dejado claro en muchas ocasiones que consideraba a Dèjan viejo, el padre de la criatura lo llamaba niño.

  • … no te quiero cerca de mi hija y tengo el derecho a…

En ese momento Paulo adoptó una actitud alerta, porque efectivamente y como había dicho Charlie, Dèjan perdió su discutida paciencia y sujetó a Giovanni por las solapas de la chaqueta.

  • Escucha bien, cretino infeliz – dijo sacudiéndolo – En primer lugar y en mi opinión, que por lo demás es la que importa, tus derechos – acentuó – son muy discutibles; segundo, estaré en esa habitación tanto como se me antoje; tercero, si ella no quiere verte, y te aseguro que no quiere, me encargaré de que quien no pueda acercársele seas tú; y por último, pero no menos importante suponiendo que quieras conservar la salud, es que si vuelves a molestarme, no tendrás una salud que cuidar y posiblemente tampoco una vida.

Mientras esto sucedía, Paulo por instinto se había llevado la mano al bolsillo, pues los que acompañaban a Giovanni, y aunque bien vestidos, tenían todo el aspecto de matones de barrio. Como Charlie sabía  esto mejor que Paulo y de hecho recordaba vagamente algunos rostros, había dado una silenciosa orden a sus chicos y todos apuntaban a un objetivo, así que si alguno se hubiese movido solo un poco más de lo que considerasen prudente, habría sido rápidamente sacado del juego. Giovanni por su parte, ahora tenía más ganas que antes de sacudir a aquel arrogante sujeto, pero a menos que sacara su arma y comenzara a dispararle, no podría hacer nada, porque Dèjan no se limitó a soltarlo, sino que lo lanzó contra la pared. Sin embargo, Giovanni era Giovanni y le había  heredado a sus hijos todos sus  defectos, y en aquel momento hizo gala de la locura que caracterizaba a Donatello, pues soltó una retahíla de groseros insultos, pero como lo estaba haciendo en italiano, lo que dejaba claro a ojos de los suyos el nivel de su ira, entendió con rapidez que quien no estaba entendiendo era Dèjan.

  • Eres un bastardo y vas a pagar caro esto, porque quien no tiene ningún derecho sobre mi hija eres tú, y tampoco lo tienes a discutir los míos. Así que me llevaré a Isabella tan lejos de ti como sea posible, hijo de perra.




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