Adoquín

Prólogo

Caminamos con prisa, con la mirada fija en pantallas o perdidos en el laberinto de nuestros propios pensamientos.

Pocas veces nos detenemos a pensar en lo que sostiene nuestro andar.

Ignoramos que el suelo tiene memoria, que las grietas tienen voz y que debajo de la suela de nuestros zapatos se esconde un testigo inmutable del tiempo.

Las páginas que siguen no son un simple relato; son una confesión psicológica y existencial.

Es el pulso de una resistencia silenciosa que vio pasar imperios, que conoció el destierro del olvido y que hoy se alza con una dignidad de piedra frente a la fragilidad de un mundo moderno que cambia demasiado rápido.

Quien habla aquí no pide permiso.

Habla desde las entrañas del camino, desnudando la soberbia de lo efímero y recordándonos que lo verdaderamente noble se permite sentir, pero nunca se quiebra.

Te invito a pasar, a despojarte de la prisa y a escuchar la voz de aquello que siempre estuvo ahí.

Custodiando tus pasos.




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