… “El amor está muy bien, pero LA AMISTAD es mucho más alta…Realmente no hay en el mundo nada más noble y raro que una verdadera amistad” …
Oscar Wilde
—Lo digo en serio—, continuó Selene, ignorando olímpicamente la burla y mi cara de trasnochada. —Necesito convivir más con mi hija. Desde que nació, esa pobre criatura ha visto más guarderías que a su propia madre. Es hora de recuperar el tiempo perdido. Y además... —la pelinegra hizo una pausa dramática, clavándome una sonrisa enigmática de esas por las que yo no daba ni un centavo partido por la mitad. —Es hora de que olvide esa pregunta que lleva más de una semana haciéndome.
Fruncí el ceño, haciendo un esfuerzo sobrehumano con mis dos neuronas activas para intentar recordar. A estas horas, mis mañanas eran tan borrosas como una película pirata mal grabada y en formato de baja resolución.
—¿Qué pregunta, chama? ¿De qué me hablas?
—"¿Dónde está mi papá?" —replicó Selene con un tono digno de actriz de culebrón venezolano de los años noventa, llevándose una mano al pecho. —Pues bien, esa niña anda como Sherlock Holmes, lupita en mano, averiguando y preguntando a todo el mundo. Pero ya no me voy a preocupar más por ese bendito interrogatorio porque... ¡nos vamos las tres a Texas! vida nueva, mi reina.
Me le quedé mirando fija, sintiendo que el nexo causal de mi cerebro terminaba de hacer cortocircuito. Allá adentro, Isa ya estaba buscando el código civil para ver si viajar con la bendición requería algún permiso internacional, mientras Diosa aplaudía como foca —¡Esooo, nos llevamos a la bicha ojiverde a exportar el desmadre! —.
—A ver, a ver, bájale dos rayitas a tu pasarela, cariño —le dije, tallándome los ojos—. ¿Me estás diciendo que para huir de las preguntas existenciales de Maoly te vas a cruzar el Atlántico conmigo? O sea, de pana, tu solución jurídica ante el derecho de identidad de la niña es aplicar una fuga geográfica. ¡Qué nivel de litigio, de verdad!
Pestañeé un par de veces, despertando completamente por primera vez en lo que iba de mañana. O sea, sí, yo ya había interactuado en esa conversación, pero seamos honestas, no era completamente yo, era mi versión zombi en piloto automático. Ahora sí, todas mis neuronas estaban encendidas, echando chispas y trabajando al tope... o bueno, haciendo el intento digno de procesar toda esta información al mismo tiempo que mi cerebro apenas arrancaba el primer motor de la mañana.
—¿Nos vamos? ¿Cómo que nos vamos? —solté, incorporándome del todo en la cama y tirando la almohada a un lado—. ¿A dónde se supone que me estoy mudando según tu mapa de coordenadas? ¡Y por qué p*ta madre nadie me pidió mi opinión en este juicio!
¡A ver, bájame ese cambio, mija! Allá adentro, mi tribunal mental era un desmadre. Isa ya estaba hiperventilando, revisando los términos contractuales de viaje y gritando que una mudanza triple violaba los estatutos de mi planificación y no financiera precisamente. Bel empezó a meditar entre sorbos de mezcal porque vio venir el empaque de cajas, y Diosa solo gritaba —¡Eso, chama, se armó la cofradía del chisme en el Nuevo Continente, que empaquen los juguetes caros! —.
Miré a Selena fijamente, con una mano en la cintura y el cabello hecho un absoluto desastre. Una cosa es que el destino me tenga preparada una guerra civil contra mi pasado, y otra muy distinta es que me monten un golpe de Estado en mi propia habitación antes de que me tome un mendigo trago de café. ¡Qué nivel de arbitrariedad, de pana!
— Nos vamos a Texas Alo— soltó mi amiga
—¡¿A Texas?! —, abriendo los ojos como si me estuvieran notificando un embargo—. A ver, mi reina, bájale tres rayitas a tu GPS. ¿Cómo que a Texas? Si allá lo único que hay son vaqueros, sombreros gigantes y calor de los mil demonios. ¡Que yo soy una abogada de etiqueta, no una sheriff de película!
Selene se encogió de hombros con una sonrisa de lo más fresca, como si me estuviera invitando a tomar un café en la esquina y no a mudarme de continente. Me replicó
—Al otro lado del charco, obviamente. ¿Dónde más? A Texas. Es hora de aventuras, y tú necesitas cambiar de aires. Además, es eso o quedarte aquí metida resolviendo acertijos de tus casos y volviendo más loco al pobre de Elijah. Y, sinceramente, no confío en tus habilidades deductivas y métodos de investigación. Probablemente termines preguntándole al perro si sabe algo... Aunque bueno, sigo sin estar de acuerdo con ese trato de locos que hiciste con Don Maxi, pero hay que admitir que tu nuevo currículum me quedó espectacular.
Solté un suspiro largo, de esos que te vacían los pulmones, mientras me pasaba las manos por la cara para terminar de espabilar. Allá adentro, en mi cabeza, Isa se puso a revisar el mapa de los Estados Unidos con cara de pánico, buscando las leyes locales de Texas; Bel ya se estaba quejando del calorón que nos esperaba, pero Diosa... ¡ay, Diosa ya se imaginaba vestida de vaquera sexy con unas botas de infarto, un micro short de mezclilla, lista para la acción! —¡Ay, chama, de pana, un vaquero millonario no nos vendría nada mal! —, gritaba alborotada.
Miré a Sele, que seguía ahí plantada con su sonrisa de divinidad intocable. Había algo en su locura contagiosa que, por más que intentara aplicar una lógica jurídica, era simplemente imposible de resistir. Quizás, y solo quizás, aquel desmadre matutino podría ser el comienzo de algo totalmente inesperado... y potencialmente muy, pero muy divertido.
#2350 en Novela romántica
#803 en Novela contemporánea
reencuentros segundas oportunidades, enemistolovers comediaromantica, jefeasistente proximidadforzada
Editado: 29.07.2026