Ahora Seré Tú Tormento

CAPÍTULO 9

“…Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza

aquello que no sale del corazón..."

Mario Benedetti

El domingo estaba ya en sus últimas horas, tiñendo el cielo de Austin de un tono oscuro que anunciaba el inevitable inicio de la semana en pocas horas. El sonido de fondo del televisor llenaba la sala con un murmullo monótono, aunque ninguna de las dos amigas estaba prestándole la más mínima atención. Maoly ya dormía profundamente en su habitación, ajena al drama que flotaba en el aire.

Selene estaba sentada en el sofá, sosteniendo una taza de té de manzanilla entre las manos para intentar mantener la cordura, mientras miraba fijamente a Alondra.

Su amiga paseaba de un lado a otro por la alfombra como un león enjaulado, con los brazos cruzados y el ceño tan fruncido que parecía que iba a romper el piso con los talones. El encuentro en el supermercado la había dejado completamente removida, con el sistema nervioso hecho un nudo y el orgullo herido.

En la cabeza de Alondra, la asamblea de las mini yo trabajaba en horas extras de madrugada:

—¡Es una señal del apocalipsis! —gritaba Isa, organizando carpetas con los peores recuerdos de hace seis años—. Mañana entramos a esa empresa y él va a ser el jefe, el dueño, ¡el enemigo supremo! Hay que revisar el contrato de inmediato. —Respira, inhala el presente, exhala el pasado —decía Bel, intentando hacer yoga mental en medio del caos—.. —¡Por favor! —bufó Diosa, sentada en un rincón con cara de pocos amigos—. Lo peor es que el maldito se puso más bueno con los años. Esos ojos azules eran reales, no un invento de mi despecho. ¡Qué injusticia divina!

Fuera de su mente, Alondra se detuvo en seco, miró a Selene y soltó un suspiro frustrado que pareció vaciarle los pulmones.

—Es que no lo entiendes, Sele —dijo Alondra, señalando la ventana como si Bastian estuviera parado allá afuera—. De todas las ciudades del mundo, de todos los supermercados de Texas, ¿tenía que aparecerse en mi pasillo de los Doritos? ¡Y encima me habla como si fuera el rey del universo! Con esa misma sonrisita de... de cucaracho presumido.

Selene le dio un sorbo pausado a su té, sin perder la calma, y dejó la taza en la mesita de centro.

—A ver, Alondra, siéntate cinco segundos antes de que abras un hueco en la alfombra —le pidió con voz suave pero firme

—Ya sabemos que el mundo es un pañuelo y que el destino tiene un humor bastante retorcido. Pero piénsalo bien, tú ya no eres la chica de diecinueve años que lloraba en el aeropuerto de Sevilla. Eres una abogada con todas las de la ley. Mañana es tu primer día trabajando con él, y cuando ese hombre se cruce en tu camino en los pasillos de la empresa, lo vas a mirar desde arriba. ¿Entendido?

—Además, no entiendo. A estas alturas, ya deberías de estar preparada mentalmente para trabajar con él. En verdad no entiendo todo este conflicto tuyo —le soltó Selene, acomodándose en el sofá.

Alondra se dejó caer en el sofá del frente, tapándose la cara con las manos antes de mirar a su amiga con total desesperación.

—¡Es que ese es el rollo, my friend! Sí, ¡sí sabía que trabajaría con él! Ya tenía mi plan trazado, mis frases de impacto ensayadas, mi armadura lista... pero para el lunes, ¡no para hoy dominical en fachas! Y de paso, ni lo reconocí la primera vez que lo tropecé.

Selene abrió los ojos de par en par, casi atragantándose con el aire.

—A ver, Alo, explícate. ¿Cómo que no lo conociste cuando lo viste? ¿Es que acaso no lo stalkeaste o investigaste en las redes para ver cómo se veía actualmente? O sea, es tu futuro jefe, por favor.

Alondra resopló, tirando la cabeza hacia atrás en el respaldo del sofá.

—¡No! No lo stalkee por las redes, ni en San Google, ni le pedí una foto a don Maxi. Bloqueé su existencia de internet para no enfermarme el hígado estos años. Yo me lo imaginaba igual que seis años atrás, flaquito, con el mismo corte de pelo y con la misma cara de cucaracho de siempre. ¡No me esperaba que el maldito se hubiera convertido en un modelo de pasarela hipermusculoso con ojos de iceberg!

Selene tomó nuevamente su taza, miró el fondo y se tomó de un solo trago todo el té que le quedaba, como si fuera un shot de tequila medicinal para procesar el chisme. Dejó la taza en la mesa con un golpe seco.

—Bueno, Alo, primero, Bastian nunca fue flaquito —comenzó la pelinegra, arqueando una ceja con una sonrisa que mezclaba picardía con pura seriedad

—¿Me vas a decir lo que realmente pasó o tengo que adivinar? ¿Qué sentiste al ver otra vez al gilipollas de Bastian?

La castaña la miró fijamente con una mezcla de incredulidad y fastidio, mientras en su cabeza las mini yo se declaraban en código rojo.

—¡No sentimos nada! ¡Solo rabia y ganas de meterle una demanda! —gritó Isa con el portapapeles. —Mentira... el motor celular vibró a tres mil revoluciones por minuto. Hay que ser honestas con el reporte —susurró Diosa, abanicándose nerviosa. —Sentimos el choque de dos galaxias, el pasado y el presente colisionando en el pasillo de los snacks —filosofó Bel con los ojos cerrados.

Fuera de su mente, Alondra arrugó la nariz, buscando las palabras exactas para no admitir ante su mejor amiga que el bendito cucaracho todavía tenía el poder de descolocarle la existencia.




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