Ahora Seré Tú Tormento

CAPÍTULO 16

“… Los hombres ofenden y difaman al que aman, antes que al que temen…”

Nicolás Maquiavelo

En las alturas del imponente edificio corporativo de la escudería Hell on Wheels, en pleno corazón financiero de Londres, la oficina de la vicepresidencia destilaba un aura inconfundible de lujo, elegancia y poder absoluto. Las paredes en un beige suave y otras recubiertas de caoba, los ventanales de piso a techo con vistas panorámicas de la ciudad y el mobiliario de cuero pulido eran el reflejo perfecto de quien la ocupaba.

Jack Cooper, un hombre de negocios implacable, astuto y fríamente calculador, permanecía de pie tras su majestuoso escritor. Con un teléfono de línea segura pegado a la oreja, su rostro se mantenía imperturbable, sin mostrar la más mínima sombra de duda, mientras dictaba instrucciones con la serenidad de quien sabe que controla cada pieza del tablero.

—Quiero que canceles de inmediato los suministros de repuestos y telemetría solicitados por la sucursal del circuito COTA en Texas —ordenó con una voz pausada, pero cargada de una autoridad de acero que no admitía réplica alguna—. En su lugar, autoriza el envío de material secundario... qué sé yo, surte los contenedores con papelería de oficina, volantes publicitarios y mercancía promocional. Que todo parezca un error de logística en los inventarios del almacén central.

Jack hizo una breve pausa, haciendo girar lentamente la pluma estilográfica entre sus dedos mientras dibujaba una sonrisa helada en el rostro.

—Asegúrate de que el retraso sea lo suficientemente largo como para entorpecer los entrenamientos de la semana, y los ensamblajes de los autos y motocicletas, y así poner en aprietos a la dirección del proyecto. Quiero a Bastian ocupado resolviendo problemas operativos en lugar de meter las narices donde no lo han llamado. Haz que suceda hoy mismo.

Justo en ese momento, la doble puerta de caoba de la oficina se abrió de par en par sin previo aviso, rompiendo el tenso silencio del recinto. Harry Cooper cruzó el umbral con paso firme y decidido, sosteniendo la mirada de su padre mientras alcanzaba a captar el tramo final de aquella misteriosa llamada telefónica.

Jack, sin inmutarse lo más mínimo por la repentina interrupción, finalizó la llamada con un movimiento pausado, dejó el auricular sobre la base de madera y se reacomodó en su imponente sillón de cuero con la compostura de un rey en su trono.

—¿Así que diste otro paso más para sacar a mi querido primo de circulación? —preguntó Harry, cruzándose de brazos mientras avanzaba hacia el escritorio, dejando ver una chispa de astucia y ambición en su mirada.

Jack esbozó una leve sonrisa llena de satisfacción calculadora, como si cada movimiento formara parte de una partida de ajedrez meticulosamente planeada desde hacía meses.

—Por supuesto —respondió Jack, entrelazando las manos sobre la superficie de madera—. La paciencia es una virtud en los negocios, Harry, pero la oportunidad es cuestión de precisión. Y para asegurarnos de que el proceso sea... adecuadamente placentero y sin margen de error, me tomé la libertad de enviar refuerzo femenino a Texas. Les garantizaremos una estancia muy larga e interesante en Austin.

Harry se apoyó contra el escritorio de su padre, cruzando los brazos y arqueando una ceja con aire de sospecha.

—¡Ah!, ¿sí? — preguntó, con un tono que era más de entretenimiento que de sorpresa —¿Y a quién enviaste? —

Jack dejó escapar una leve sonrisa antes de recostarse en su elegante silla de cuero. Con una calma calculada, cogió un habano del escritorio, lo giró entre los dedos sin encenderlo, como si la elección de sus palabras fuera tan importante como el próximo movimiento en una partida de ajedrez.

—Hace dos días envié a Carla Montenegro —dijo al fin Jack, marcando las sílabas con esa seguridad aplastante que parecía dictar las reglas del juego a su antojo—. Y, por supuesto, su inseparable amiguita, Bianca Falconi, partió ayer por la tarde.

Harry soltó una carcajada abierta y sonora, reclinando la cabeza hacia atrás con evidente diversión antes de fijar de nuevo sus ojos en su padre.

—¿Bianca? ¿La misma Bianca que estuvo enredada con Bastian al mismo tiempo que salía con Carla y armó el revuelo en el cumpleaños de mi tía Alexa? —preguntó, con una mezcla de sorpresa y diversión. —Vaya, esto se pone interesante—.

Jack asintió con la satisfacción de quien mueve las piezas con precisión.

—Esa misma. Dime, ¿qué mejor forma de sembrar los problemas que con dos ex amante que conoce cada debilidad del objetivo y que además están locas de amarrar a mi querido sobrinito? — Su sonrisa era casi imperceptible, pero estaba ahí, mostrando su satisfacción con la estrategia.

Harry negó con el cabeza divertido, pero sin oponerse. En la familia Cooper, las tácticas de manipulación eran casi un arte.

—Vaya, no te andas con juegos, papá —comentó Harry, continuó negando ligeramente con la cabeza mientras una sonrisa maliciosa se dibuja en sus labios—. Enviar a Carla y a Bianca al mismo circuito donde Bastian está tratando de mantener el control es como arrojar un fósforo encendido en un tanque de gasolina. Carla no va a dudar en cobrarle viejas deudas, y Bianca sabe perfectamente cómo desestabilizarlo.

—Precisamente —asintió Jack, reclinándose en su sillón con gesto satisfecho—. La distracción es el arte más fino de la guerra. Mientras Bastian pierda el tiempo y la paciencia tratando de apagar incendios personales y lidiar con la presencia de Carla, la dirección general del proyecto en Texas quedará desatendida. Para cuando intente reaccionar, los plazos habrán vencido y nosotros tendremos la excusa perfecta ante la junta directiva para tomar el control total.




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