Ahora Seré Tú Tormento

CAPÍTULO 18

"Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio."

Anónimo

Jack salió del salón de juntas con el ceño fruncido y la mandíbula apretada hasta el límite. En el elegante pasillo corporativo, todavía resonaban con fuerza en sus oídos las drásticas palabras de su hermano mayor. Maximilian había cerrado la reunión extraordinaria con un golpe seco de su bastón de empuñadura de plata contra el suelo de mármol y una sentencia firme

No toleraré saboteos en mi empresa. Ni un solo contratiempo más.

Sin embargo, a medida que Jack avanzaba por el corredor, la ira bullía por cada uno de sus poros, quemándole por dentro. Mantener las apariencias frente a la junta directiva le había exigido una contención sobrehumana, pero ahora, en la privacidad del trayecto hacia su despacho, sus manos se apretaban en puños tan cerrados que los nudillos se le tornaban blancos.

—Viejo decrépito... —murmuró entre dientes, con un tono veneno rasposo que rozaba la amenaza viva.

No pensaba quedarse de brazos cruzados viendo cómo todo se desmoronaba. Había trabajado demasiado, maniobrado en la sombra durante décadas y sacrificado cada ápice de su vida para permitir que el imperio cayera en manos equivocadas o fuera reestructurado a capricho de su hermano. Su hijo Harry tenía que ser el único y absoluto heredero de Hell on Wheels. Era el orden natural de las cosas, el destino que él mismo se había encargado de trazar.

Y si para asegurar ese legado tenía que deshacerse de la figura imponente de su hermano mayor y apartar para siempre el estorbo insoportable que representaba Bastian, lo haría sin dudarlo un solo segundo. Sin titubeos, sin piedad y, sobre todo, sin que la más mínima sombra de remordimiento llegara a inquietar su conciencia. La guerra interna por el control total acababa de subir de nivel, y Jack estaba dispuesto a llevarla hasta sus últimas consecuencias.

Fue imposible no retomar la conversación en el pasillo de la sede central estaba silencioso, apenas interrumpido por el eco rítmico de los zapatos de ambos hermanos Cooper resonando sobre el mármol pulido.

Jack, quince años más joven que Maximilian, lucía impecable como de costumbre, con un aire elegante y calculador. Sin embargo, en ese momento, la rabia contenida amenazaba con desbordarlo. Se detuvo de golpe y giró sobre sus talones hacia Maximilian, quien continuaba caminando a paso firme, apoyado en su bastón, con la calma imperturbable de quien cree tener el mundo entero bajo absoluto control.

—¿De verdad piensas dejarle todo a Bastian? —exclamó Jack, alzando las manos al aire como si intentara atrapar una pizca de lógica que se le escapaba entre los dedos—. ¡Es una locura descabellada, Maximilian! Ese muchacho es impulsivo, irresponsable... ¡no tiene la menor idea de lo que significa trabajar de verdad para construir este imperio!

Maximilian detuvo su marcha con parsimonia y arqueó una ceja, observando a su hermano menor con esa mezcla de paciencia casi paternal y autoridad absoluta que siempre lo había caracterizado.

—Jack, te recuerdo que estoy en pleno uso de mis facultades mentales y legales —respondió con voz grave, profunda pero perfectamente serena—. Y como fundador y socio mayoritario, dueño del 90% de las acciones, decido exactamente a quién entregarle mi legado. Y ese alguien es mi único nieto.

Jack bufó, totalmente incrédulo, dejando escapar una risa amarga llena de desdén.

—¿Tu nieto? —cuestionó, dando un paso intimidante hacia su hermano—. ¿Ese mismo que cree que la oficina es simplemente un escenario para sus conquistas amorosas? ¿El que gasta más dinero en fiestas de lujo que en gasolina para los autos de la escudería? ¿El que conduce por la vida como si todo fuera una jodida carrera de Fórmula 1 sin frenos?

Maximilian se detuvo por completo. Apoyó ambas manos sobre el pomo de plata de su bastón y se giró para mirarlo con una sonrisa serena, esa clase de gesto enigmático que solía descolocar a cualquiera que intentara acorralarlo.

—Precisamente ese —respondió Don Maxi, sosteniendo la mirada con firmeza—. Porque mientras tú solo te empeñas en ver a un joven impulsivo que disfruta de la vida, yo veo a alguien con un instinto puro que, cuando llegue el momento indicado, sabrá sorprendernos a todos. Y, de hecho, ya lo está haciendo. Desde que tomó el mando de las oficinas del COTA en Texas, parece una persona completamente distinta en estos escasos meses. Ha demostrado tener una visión que tú jamás quisiste reconocerle.

Jack soltó una carcajada impregnada de sarcasmo, aunque en el fondo un matiz de preocupación comenzaba a carcomerlo. Sentía una opresiva punzada en el pecho ante la sola posibilidad de que esa decisión tan absurda terminara destruyendo todo por lo que había luchado, la colosal fortuna que ansiaba desde hacía décadas y el poder absoluto que le otorgaría convertirse en el único y soberano dueño de la escudería.

—Sorprendernos... sí, probablemente con un trágico accidente en la autopista o con una flamante portada en las revistas de chismes al protagonizar otro escándalo vergonzoso con alguna modelo, actriz o cualquier mujerzuela de turno —escupió Jack con desprecio, intentando desarmar la fe ciega de su hermano.

Maximilian negó lentamente con la cabeza, observándolo con la condescendencia y la paciencia cansada con la que se escucha a un niño profundamente testarudo.




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