Ahora Seré Tú Tormento

CAPÍTULO 27

"…Acepta las cosas a las que el destino te ata y ama a las personas que el destino te trae,

pero hazlo con todo tu corazón…"

Marco Aurelio

Después de conversar durante un buen rato sobre las repercusiones de todo lo sucedido, Alondra miró fijamente a Bastian y le pidió mantener el matrimonio estrictamente en secreto entre ellos, al menos mientras ella misma lograba asimilar la situación y entender semejante locura. Bastian la interrumpió con ternura, dándole un beso suave en la punta de la nariz, otro en el centro de la frente y uno más directo sobre sus labios, mientras repetía pausadamente entre cada roce

—Una —beso—, locura —beso—, maravillosa —beso.

Alondra le sonrió, negando con la cabeza entre divertida y derrotada

—Eres de lo peor, cucaracho... Haces que todas mis neuronas entren en cortocircuito.

En su mente, la única que intervino en ese instante fue Diosa, quien acomodándose la cabellera despeinada soltó una risotada picante

—¡Cortocircuito me dejó a mí después de la doblada y la revolcada que nos dio en esa tina, mija! ¡Vergación, yo no sabía que una podía ser tan contorsionista! ¡Qué molleja de vueltas nos dimos, por Dios!

Mientras tanto, Bel, que continuaba aturdida y abrazada a una almohada por la resaca monumental, prefirió no intervenir, e Isa ni se inmutó, completamente sumergida en un mar de folios y documentos legales intentando calcular el desastre.

Alondra sacudió la cabeza levemente para regresar a la realidad y concentrarse en su piloto cucaracho

—Por favor... que el anillo que me vayas a comprar sea discreto. Y no te vayas a enojar si me lo tengo que quitar delante de los demás mientras resolvemos esto.

Bastian la miró muy seriamente, estrechando su cintura con una posesividad que no disimulaba en lo absoluto

—Trataré de hacer todo lo posible, Alondra... pero no te aseguro nada. Y menos si cierto hijo de puta italiano se me llega a atravesar en el camino.

Alondra suspiró ruidosamente, le volteó los ojos con dramatismo y entre dientes masculló

—Tampoco esperes que me quede de brazos cruzados y no intervenga si cierta suripanta pelirroja se me atraviesa en el camino.

Bastian le sonrió con fascinación y se inclinó para darle un piquito rápido en los labios

—Eres única, Alondra... Nadie más que tú para ser mi tormento personal.

—¡Me va a dar un soponcio si me sigues hablando así! —exclamó ella, llevándose una mano al pecho con exagerado dramatismo.

Bastian frunció el ceño, completamente desorientado

—¿Un sopo qué? ¿Qué demonios es eso?

Alondra estalló en una carcajada tan limpia y sonora que las lágrimas comenzaron a brotarle de los ojos mientras deletreaba cada sílaba

—Un so-pon-cio. Un beriberi, un yeyo, un patatús...

—Por Dios, mi loquita, ¿qué son esas palabras y esas expresiones? —preguntó Bastian, negando con la cabeza entre divertido y desconcertado—. ¿Acaso hay un nuevo idioma en el mundo y no me he enterado?

—Un desmayo, un síncope... Algo así significan —respondió ella, todavía doblada de la risa y limpiándose una lágrima del pómulo—. Y no, no es un nuevo idioma, solo un venezolano lo entenderá.

—Lo que me falta por aprender... —murmuró el piloto, sonriendo con resignación.

—Y las expresiones mexicanas también las vas a tener que aprender —asintió Alondra con picardía—, porque cuando te insulte, mi cucaracho bonito, lo voy a hacer con ganas. Si no me crees, pregúntale a Selene para que te diga si aún después de tantos años logra entenderme todo lo que digo.

—En un mes más o menos lo haré, tengo que viajar a Grecia para firmar unos documentos de la sociedad que tengo con Luca —mencionó Bastian mientras ajustaba su reloj.

A Alondra se le iluminaron los ojos al instante

—¡Voy contigo!

Bastian sonrió y le asintió de buen gana

—Claro que sí, pero no será un viaje largo, apenas dos días. Además, Luca, por lo que hablé con él, está metido en unos arreglos legales bastante pesados con el que es, fue o será su suegro... Ya ni sé qué término usar.

—Sí, algo así me comentó Selene —agregó ella, recordando sus conversaciones recientes—. Además de que está súper indecisa sobre si acepta o no hacerle la prueba de ADN a mi princesita.

Al escucharla hablar de la pequeña, a Bastian se le iluminó la mirada al recordar con un cariño inmenso a esa preciosa niña de ojitos azules a la que durante un tiempo creyó su hija. Sin anestesia previa y con una sonrisa pícara, le soltó

—Debemos trabajar arduamente para que me hagas papá, esposa mía.

Alondra se atragantó feo con el sorbo de jugo que en ese preciso momento estaba tomando, tosiendo y tratando de recuperar el aire mientras lo miraba con los ojos desorbitados

—¿Qué? ¡Nooooo! ¡Es muy pronto, espérate, cucaracho! Además... aún no he terminado de concluir el acuerdo.




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