Ahora Seré Tú Tormento

CAPÍTULO 29

“…No hay nada oculto que no haya de ser manifestado;

ni secreto, que no haya de salir a luz…”

Marcos 4:22

Las semanas se deslizaban pesadas, como sombras interminables que arrastraban cadenas macizas. Alondra recorría pasillos de tribunales con la esperanza de escuchar una palabra distinta, un gesto de clemencia. Pero cada vez que solicitaba la fianza para que Bastián pudiera esperar el juicio en casa, la respuesta era la misma, un portazo invisible que la dejaba con el corazón desgarrado, y el eco de ese NO, petición denegada que retumbaba en sus oídos.

En las noches, abrazaba la almohada como si fuera él, recordando la calidez de sus manos y la serenidad de su voz. El silencio del apartamento se volvía insoportable, y la ausencia de Bastián era un eco constante que la perseguía. Por unos pocos días, su semana se iluminó, cuando esa pelinegra y la niña de ojitos azules llegaron para alegrarla y mimarla un poco, aunque fuera sólo por esos tres días, ya que comprendía que su amiga estaba pasando por momentos tensos con el padre de su hija, que viajó con ellas y el novio vecino, que se imaginaba que estaría furioso porque viajó sin decirle nada. También para Bastian, esos días, fueron diferentes con la visita de sus amigos, los rubios, Aldo Mastrangelo y Luca Radamanthys, quien, desde el mismo momento de la desgracia, brindaron su apoyo, y cada vez que podían viajaban a visitarlo, más Aldo que Luca por el problema legal que tenía Luca en Grecia.

Sin embargo, en medio de la desesperanza, el amor que los unía se volvía más fuerte. Alondra escribía mensajes al teléfono de su esposo que enviaba, llenos de promesas y recuerdos, convencida de que algún día él los leería, aunque en esos momentos no recibiera la notificación de recibido ni leído, continuaba enviándolos. Cada palabra era un juramento silencioso, no se rendiría, aunque el mundo pareciera empeñado en separarlos. El destino los mantenía apartados, pero el amor y la pasión que los unía era un fuego que ni las rejas ni los jueces podían apagar.

Emilio Smith, el asistente fiel de don Maximilian, jamás creyó en la repentina enfermedad de su jefe. Su instinto le decía que algo no cuadraba, y mucho menos confiaba en la aparente ayuda desinteresada del hermano menor de Maximilian. Fue esa desconfianza la que lo llevó a unir fuerzas con Alondra, quien, desesperada por liberar a Bastián, aceptó la propuesta de iniciar una investigación paralela, lejos de los ojos del bufete.

Durante tres meses, se movieron en silencio, revisando documentos, entrevistando discretamente a empleados y siguiendo rastros que parecían insignificantes. La tensión entre ellos crecía, Emilio, medido, organizado, preciso y calculador, características de algunos ingleses, contrastaba con la pasión y la urgencia de la sangre latina de Alondra. Sin embargo, esa diferencia los hacía complementarse, y poco a poco, la confianza mutua se transformaba en una complicidad que iba más allá de la investigación.

Finalmente, las piezas encajaron. Descubrieron facturas falsas, contratos manipulados y testigos comprados. Todo apuntaba a Jack y Harry como las mentes maestras detrás de los sabotajes al equipo ubicado en el COTA. La verdad era tan contundente que ya no podía ser ignorada.

Un frío recorrido por la espina dorsal le arrebato el aliento a Alondra en el instante preciso en que sus ojos leyeron la última línea del informe. Frente a ella descansaban, finalmente, las evidencias tangibles e irrefutables que demostraban la absoluta inocencia de Bastian; un conjunto de documentos, registros y peritajes capaces de desmontar cada calumnia y cambiar de manera drástica el destino de su esposo. Sostener la verdad entre las manos, después de tanto tiempo de zozobra y sombras, le hizo temblar las manos en un torbellino de alivio y sed de justicia.

Emilio, que la observaba a través de la pantalla junto a Elijah en su bufete de abogados desde Londres, ambos en silencio y una expresión donde se mezclaban la satisfacción y un profundo desahogo, rompió la calma del espacio. Con una mirada firme clavada en la de ella, sentenció con voz pausada y categórica

—Ahora sí, señora Alondra... Por fin tenemos en nuestras manos la llave definitiva para abrir esa celda. Y le aseguro que este es el principio del fin para Jack Cooper y su hijo Harry. No quedarán impunes; ellos, junto con cada aliado, cómplice o marioneta que haya participado en esta ruin conspiración para destruir al joven Bastian, van a caer uno a uno.

Ella no necesitó responder con palabras. Ambos sabían con absoluta certeza que la podredumbre que casi acaba con sus vidas tenía su origen exacto en la ambición de esos dos hombres, y que con esas pruebas en su poder, la hora de pagar la cuenta había llegado.

Desde su departamento en Austin, con la mirada fija en el horizonte texano, Alondra sintió una oleada de gratitud que le comprimió el pecho. Al otro lado de la llamada, en Londres, se encontraban los dos pilares que no habían permitido que la verdad fuera sepultada Emilio, el incondicional y astuto asistente de Don Maxi, y su hermano Elijah, quien, pese al rencor inicial hacia Bastian, no dudó en mover mar y cielo sin rendirse un solo segundo hasta destapar la red de corrupción.

—No tengo palabras para agradecerles a los dos —expresó Alondra con la voz quebrada—. Si no hubiese sido por su tenacidad desde allá, Bastian seguiría a merced de esa gentuza.

Sin perder tiempo, los tres concretaron la estrategia para dar la estocada final. El plan no admitía margen de error entablar de inmediato la denuncia formal ante las autoridades competentes en Londres. Con las pruebas irrefutables presentadas por Emilio y el respaldo legal articulado por Elijah, la policía británica tendría la base justa y necesaria para ejecutar la detención inmediata de Jack Cooper en suelo inglés y emitir de forma paralela una orden de aprehensión internacional en contra de Harry.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.