Al final del camino

Lo que nunca nos dijeron

Clara me contó la verdad completa: nuestras familias estaban unidas desde hacía generaciones, encargadas de proteger un secreto que mantenía el equilibrio en toda la región. Pero unos años atrás, los que querían usar ese secreto para su propio beneficio empezaron a perseguirnos. Ella se entregó voluntariamente para que no nos hicieran daño a los demás, pero puso una condición: que solo yo pudiera decidir qué hacer con el secreto, cuando llegara el momento.
—Pero hay algo más —dijo con voz triste—. El equilibrio exige un sacrificio. Para que el mal no gane, alguien tiene que quedarse aquí para siempre. Y Noah se ofreció voluntario antes de que te separáramos.
Sentí que el corazón se me paraba.
—¿Dónde está? —pregunté.
—En el lugar donde empieza el camino —respondió ella—. Y tienes que decidir ahora: aceptar el sacrificio y salvar todo lo demás… o intentar salvarlo a él y perderlo todo.
Antes de que pudiera responder, se escuchó un estruendo muy fuerte y la sala empezó a temblar. Una de las paredes se rompió, y vi a Noah en la entrada, con el rostro herido pero con los ojos brillantes de determinación.
—Yo no te dejaré elegir eso —dijo mirándome—. Porque nuestro camino no se decide solo por uno de los dos.




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